

El lunes murió Marcelo Araujo, el relator que le puso humor a los domingos y le gritaba «¿estás crazy, Macaya?» a su compañero de cabina. El viernes se apagó Ernesto Cherquis Bialo, el escritor que firmaba como Robinson en El Gráfico y cubrió 144 peleas por títulos mundiales. Entre los dos, atravesaron décadas de fútbol, boxeo y periodismo. Los une San Lorenzo, los une la admiración, los separa la forma de contar. Y los despide una semana que le arrancó dos voces al oficio.
Una semana de mierda para el periodismo deportivo. El lunes 16 a la madrugada se fue Marcelo Araujo. El viernes 20 a la noche se fue Cherquis Bialo. Entre medio, el oficio perdió dos formas de entender la comunicación, dos estilos, dos maneras de pararse frente al micrófono y la hoja en blanco.
Marcelo Araujo, el relator que rompió el molde
Araujo murió a los 78 años, internado en el Hospital Italiano de Buenos Aires . Su verdadero nombre era Lázaro Jaime Zilberman. Nació en Villa Crespo y se hizo conocido como la voz de «Fútbol de Primera» durante más de una década, formando una dupla inolvidable con Enrique Macaya Márquez . Fue el tipo que le gritaba «¿estás crazy, Macaya?» al aire, que decía «¡si lo hacés me voy!» y que inventó una forma de relatar que mezclaba el conocimiento táctico con el humor, el desparpajo, la calle .
Fue disruptivo. Antes de él, los relatos eran formales, aburridos, apenas el nombre del jugador y alguna descripción técnica. Araujo le puso impronta, frases hechas que se volvieron parte del vocabulario popular. «Osado», lo definió Daniel Avellaneda . «Revolucionario del periodismo deportivo», dijo Jorge Marinelli .
Relató Mundiales, Copas América, la Libertadores, el fútbol argentino. Después de un tiempo alejado, volvió con «Fútbol para Todos» entre 2009 y 2014 . Se retiró, pero sus relatos quedaron dando vueltas en las redes, en los memes, en la memoria de los que crecieron escuchándolo los domingos.
Cherquis Bialo, el escritor de puño y letra
Ernesto Cherquis Bialo tenía 85 años. Nació en Montevideo en 1940 y llegó a Buenos Aires de chico . Se hizo periodista a fuerza de oficio: entró como pasante en Clarín en 1962, y en marzo de 1963 llegó a El Gráfico, la revista en la que muchos soñaban con ver su firma . Allí, bajo el seudónimo Robinson, firmó más de mil notas, cubrió 144 peleas por títulos mundiales y se convirtió en la pluma más respetada del boxeo argentino .
Fue el biógrafo de Monzón, el que escribió junto a Daniel Arcucci «Yo soy el Diego de la gente» . En 1984 asumió como director de El Gráfico, cargo que ocupó hasta 1990 . Fue vocero de Julio Grondona en la AFA entre 2009 y 2014 . En 2024, la Legislatura porteña lo distinguió como Personalidad Destacada en el ámbito del periodismo deportivo .
Padecía leucemia. Hace un año estuvo internado en el Alemán y se salvó de milagro . Esta vez no pudo.
San Lorenzo los une, el oficio los despide
Araujo era hincha de San Lorenzo. Cherquis también . El club los despidió con un mensaje que podría resumir lo que ambos significaron: «Gigante del periodismo, hombre del fútbol y el boxeo» .
Uno era la voz descontracturada, el relato en caliente, la frase que se te queda grabada para siempre. El otro era la pluma precisa, el análisis, la palabra medida. Uno gritaba, el otro escribía. Pero los dos contaban. Y en el oficio de contar, pocos lo hicieron tan bien.
Chau, los vamos a extrañar
Araujo murió el lunes, Cherquis el viernes. La semana se llevó dos maneras de entender el periodismo. Una generación entera creció escuchando a uno, otra generación aprendió a leer el deporte con el otro. Se fueron los dos. Y lo que queda es el vacío, las grabaciones, los papeles, las frases que se repiten cuando alguien dice «¿estás crazy?» o cuando alguien recuerda la crónica de Monzón en París o su definición de los distintos Maradonas.
El periodismo está en agonía, decía Cherquis hace un tiempo . Con él y con Araujo, se fueron dos argumentos más para creer que tenía razón.


























