En Grabando emociones: La revolución de Stax Records, Tony Vardé reconstruye cómo un sello nacido en el sur segregado de Estados Unidos transformó el góspel, el blues y la experiencia negra en una música atravesada por memoria, resistencia y verdad emocional. En esta entrevista, habla sobre racismo, industria cultural y el soul como una forma de supervivencia colectiva.
Hablar de Stax Records es hablar de una época en la que la música todavía era capaz de incendiar el mundo sin pedir permiso. En el Memphis segregado de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta, mientras las piscinas públicas se vaciaban antes de permitir el ingreso de personas negras y los cementerios continuaban divididos por el color de la piel, un grupo de músicos empezó a construir algo que desbordaba por completo el mercado discográfico. No era solamente rhythm and blues, ni góspel, ni soul sureño. Era otra cosa: una manera de decir la verdad cuando el entorno entero estaba organizado para volverla imposible.
En Grabando emociones: La revolución de Stax Records, Tony Vardé reconstruye esa historia desde un registro que mezcla crónica musical, ensayo cultural, memoria política y experiencia personal. Publicado ahora en una segunda edición corregida y ampliada por Colectivo Flota Negra Grupo Editor y Minton Ediciones, el libro incorpora un nuevo prólogo de Princess Hearn —integrante de 24 Carat Black— junto al texto original del periodista español Lutxo Pérez, ampliando todavía más el diálogo entre memoria negra, música y resistencia cultural.
Pero el libro no se limita a reconstruir canciones, estudios de grabación o biografías de artistas; reconstruye un clima emocional, una memoria colectiva y una forma de resistencia nacida en el corazón mismo de la violencia racial estadounidense. Porque detrás de las voces ásperas de Otis Redding, Sam & Dave o Isaac Hayes late también la historia de una comunidad negra que transformó dolor, segregación y despojo en una música capaz de sobrevivirle al tiempo, al mercado y a la domesticación cultural.
En conversación con InfoNegro, Vardé reflexiona sobre racismo estructural, memoria afrodescendiente, industria cultural y el carácter profundamente político del soul. Pero, sobre todo, habla de algo mucho más difícil de explicar: esa clase de verdad emocional que aparece cuando una canción deja de ser entretenimiento y se convierte en refugio, testimonio y forma de dignidad colectiva.
En el libro planteás que Stax Records fue mucho más que una discográfica. ¿En qué momento entendiste que estabas escribiendo también sobre racismo, segregación y derechos civiles, y no solamente sobre música?
Una de las claves que hizo a Stax Records destacar en la historia de la música fue la integración natural, un hecho revolucionario en el Memphis de finales de los 50 y principios de los 60. En ese entonces, la segregación era absoluta. Cuando en 1963 se permitió a los alumnos negros asistir a escuelas que antes eran exclusivamente para blancos, muchas familias blancas sacaron a sus hijos de esas escuelas. Cuando se integraron los parques de la ciudad, la alcaldía prefirió cerrar las piscinas públicas antes que dejar entrar a los negros al agua. Todo estaba segregado en Memphis, hasta los cementerios.
Entonces, imaginemos a Booker T & The Mg’s, la banda principal de Stax Records, dos negros y dos blancos, que aun teniendo un hit en el top 3 de la Billboard no podían comer una hamburguesa juntos en un restaurant. Para mí, llegar a entender que Stax se trabajaba de forma integrada fue una revelación. Esa paridad alcanzaba también a la parte ejecutiva y administrativa: Stax tuvo a William C. Brown, el primer ingeniero de grabación afroamericano, y a Deanie Parker, la primera mujer afroamericana asalariada en el sello trabajando en el departamento de prensa. A partir del 1968, Stax tiene una cúpula ejecutiva de Jim Stewart y Al Bell, un afroamericano, que finalmente termina siendo el dueño de la compañía a partir de 1968. Incluso el Lorraine Motel, donde asesinaron a Martin Luther King Jr., era considerado una “segunda casa” para los músicos del sello. Entonces, Stax si tengo que contar la historia de este sello, no la puedo abordar sin entrar en el componente sociopolítico.

Memphis aparece casi como un personaje vivo dentro de la historia. ¿Qué tenía esa ciudad —marcada por iglesias, violencia racial y pobreza— que permitió el nacimiento de un sonido tan revolucionario?
Es como vos lo ves, Memphis es un personaje muy importante en la historia de Stax. Como relato en el libro, el sur de los Estados Unidos es el lugar de origen desde donde la música negra americana evolucionó. La ciudad de Memphis, en Tennessee, se forjó junto al río Mississippi, y representa un punto geográfico, social, económico, político y cultural y que además sirve como ejemplo perfecto de lo que algunos historiadores llaman “mentalidad de plantación”, un lugar donde la tradición de los supremacistas blancos se transfirió desde los campos de algodón hacia el sistema de trabajo urbano.
Beale Street fue una zona emblemática de la ciudad y centro del comercio afroamericano, una virtual puerta a la cultura del Norte, pero además fue el lugar en donde el sonido del blues se potenció. Allí, donde algunos de los músicos más destacados de la historia confluyeron, la mezcla cultural fue inevitable y la música que respiró Beale Street desembocó en el sonido conocido como “Memphis blues”, una mezcla —para mí perfecta— de delta blues, góspel, jazz y country y que desemboca en nuevos sonidos: rhythm and blues, rock n’ roll y soul sureño. Otro dato que no se puede pasar por alto: estamos en la ciudad con más iglesias por habitante en todo Estados Unidos, por lo tanto, la música góspel es parte vital de Memphis y fue esencial para el crecimiento de la escena musical de la ciudad desde la década del ’30.

En comparación con Motown, Stax parece representar una música más áspera, más humana y menos domesticada para el mercado blanco. ¿Creés que esa diferencia sigue explicando por qué hoy Stax conserva un aura casi mítica?
Es muy posible que la respuesta sea esa, hoy en día yo sigo hablando con gente de este libro y de este sello y cuando se menciona la palabra soul, lo primero que aparece sigue siendo Motown. Esa fue una de las razones por la cual decidí hablar de Stax Records, porque sentía que no tenía suficiente presencia, la gente no tenía el conocimiento de este sello y de esta música tan maravillosa. Por supuesto que el abordaje de la música desde los sellos es algo que tiene que ver con una búsqueda muy particular mía, muy de nicho por cierto.
Volviendo a la pregunta, esa aura casi mítica tuvo que ver también con la trágica muerte de Otis Redding, con los conflictos contractuales de la compañía, con la integración racial y fundamentalmente con una música que tiene un componente comunitario muy importante. El estudio de Stax se establece en un barrio negro porque los dueños del sello no podían pagar el alquiler de un estudio en otro lugar de la ciudad y cuando la población de ese barrio se entera que habían aparecido dos hermanos blancos que habían montado un estudio, se acercan con su música. Esa música era el rhythm and blues y en esa cruza con la música country se va creando esta especie de soul urbano que se desarrolla en Stax Records con ciertos artistas. Hay una canción de William Bell que se llama “You Don’t Miss Your Water” que es una muestra perfecta de ese soul urbano que vio nacer Stax.
En el libro hay una idea muy potente: “todo puede ser soul si está tocado con alma y sentimiento”. ¿Qué significa el soul para vos más allá de un género musical?
Luego de conocer la historia de Stax, concluyo que el soul es, ante todo, una actitud: una forma de interpretar la música y de plantarse en la vida y eso está explicado en la historia que abre el libro, acerca de la canción “Soul Man” interpretada por Sam & Dave y compuesta por Isaac Hayes y David Porter. En el libro comparto la premisa de que todo es soul si está hecho con alma y sentimiento y en consecuencia es un género cuyos límites no son para nada rígidos y que ha tenido una influencia enorme en toda la música.
Al Jackson Jr. aparece como el corazón secreto de Stax. ¿Por qué creés que músicos fundamentales para cambiar la historia de la música muchas veces quedan invisibilizados frente a las grandes estrellas?
Elegí poner el foco en Al Jackson Jr. por una elección personal. No se trata de que estuviera invisibilizado, generalmente los bateristas son figuras que no están en el foco principal; buscamos al cantante o al guitarrista, pero en Stax todos seguían a Al Jackson. Si en mi adolescencia buscaba la pirotecnia y el volumen en un baterista, hoy entiendo el ritmo desde otro lugar y Al Jackson Jr. es un abanderado del groove.
Stax Records construyó una experiencia interracial en pleno sur segregado de Estados Unidos. Viendo el presente, ¿creés que hoy la industria cultural es realmente más inclusiva o simplemente aprendió a comercializar mejor la diversidad?
Este es un tema complejo del cual no soy un experto pero que analiza con muy buen criterio la activista y filósofa afroargentina Sol Ramos en el prólogo de mi libro “Una canción hizo la diferencia”. En ese texto Sol señala que la música negra es una categoría política de lucha y resistencia. Históricamente, el mercado se ha apropiado de estas creaciones negando una retribución justa. Incluso hoy, en la era del streaming, esa exclusión sigue vigente.
Tu libro muestra cómo el soul estaba atravesado por el conflicto político real. ¿Te preocupa que hoy gran parte de la industria convierta la cultura afro en una estética consumible, pero vaciada de memoria, lucha y contenido político?
Es un tópico del que trato de ocuparme en cada espacio que tengo, ya sea en una presentación, una entrevista o en un texto propio. Mi compromiso es dejar bien claro que la música negra está relacionada con la lucha y la resistencia, es un mensaje que si lo sabes buscar, lo vas a encontrar.
Publicar un libro sobre soul, memoria negra y derechos civiles desde una editorial independiente en Argentina en 2026 parece casi un acto contracultural. ¿Cómo fue sostener este proyecto en medio de la crisis de la industria editorial?
Colectivo Flota Negra Grupo Editor busca publicar obras que tengan que ver con la cultura afrocentrada o que estén escritas por autores y autoras afrodescendientes. Somos independientes, autogestivos y publicamos en forma colaborativa con los autores y autoras, y publicar material de este tipo, en el contexto de la Argentina de Milei, no es una tarea sencilla, pero la llevamos adelante con muchas ganas y mucha convicción, rodeados de una comunidad que nos apoya mucho y ya estamos viendo cómo muchos lectores y lectoras empiezan a confiar en nuestra mirada editorial; saben que cuando publicamos algo, hay un criterio sólido y honesto detrás. Por eso agradecemos permanentemente a los que compran nuestros libros y a quienes nos ayudan en la difusión.
En Argentina todavía existe una negación muy fuerte de las raíces afro en la cultura nacional. ¿Sentís que Grabando emociones también dialoga con esa invisibilización histórica y con los debates actuales sobre racismo?
Este libro en sí no lo hace de manera directa. Pero escribir sobre estas historias en este momento de la Argentina es relevante, por más que esté hablando de un sello que nació en 1957 en Memphis. Como te decía antes, en cada charla que tengo la oportunidad de participar siempre trato de poner estos temas en agenda.
Stax funcionaba como una comunidad artística donde músicos, productores y compositores construían algo colectivo. En una época dominada por algoritmos, plataformas y consumo rápido, ¿creés que todavía es posible crear cultura con esa lógica comunitaria?
No sé si hoy sea posible recrear aquel espíritu comunitario de forma tan plena, aunque existen excepciones que mantienen viva esa llama del trabajo artesanal. El rapero y productor RZA también ha mencionado en alguna entrevista que Stax Records fue una de sus principales inspiraciones al momento de crear su propia discográfica en los años 90. Como menciona Dany Jiménez, uno de los entrevistados en el libro, el desarrollo de un sello como Stax tuvo que ver con un sueño y un espíritu colectivo que iba mucho más allá de la simple industria de sacar discos.
En este siglo, ese modelo de trabajo artesanal tuvo su máximo referente en Daptone Records, un sello que surgió mirando a Stax y Motown para traducir lo mejor de ambos. Para la cantante Florencia Andrada, otra de las entrevistadas en el libro, Daptone y Stax permitieron potenciar la individualidad de cada solista.

Al final, lo que sobrevive no suele ser lo más perfecto ni lo más rentable. Sobrevive aquello que fue capaz de decir una verdad cuando todo alrededor empujaba hacia la simulación. Y quizás por eso Stax Records continúa respirando dentro de canciones, películas, samples de hip hop o voces que todavía tiemblan medio siglo después. Porque en aquel estudio perdido del sur estadounidense no solamente se grababan discos: se intentaba construir, en medio de un país atravesado por el racismo y la violencia, una forma distinta de estar con otros.
Las páginas de Grabando emociones dejan la sensación de que el soul nunca nació para entretener a nadie. Nació para soportar el peso de una época, para transformar el miedo en ritmo, la segregación en comunidad y el dolor en algo compartido. Allí donde el sistema imponía máscaras, silencios y fronteras, aquella música eligió la aspereza de lo humano antes que la comodidad de lo correcto. Y tal vez sea precisamente eso lo que vuelve tan incómodo y tan necesario volver hoy sobre la historia de Stax: recordar que hubo un tiempo en que el arte todavía podía funcionar como refugio, como memoria colectiva y como una manera radical de decir la verdad.


























