Organizaciones afrodescendientes repudiaron la estigmatización sufrida por una integrante negra de la comisión organizadora del 39° Encuentro. Reclaman espacios reales de diálogo, denuncian violencia política y advierten que el candombe no puede utilizarse silenciando su raíz africana y su historia de resistencia.
Organizaciones afrodescendientes y candomberas presentaron una carta de repudio dirigida a la Comisión Organizadora y a quienes participarán del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries. En el documento denuncian actos de estigmatización, tergiversación y violencia simbólica contra una compañera negra que integra la Subcomisión de Pueblos Preexistentes.
La declaración, fechada el 21 de agosto de 2026 en Córdoba, evita identificar a la persona señalada como responsable de las agresiones. Las organizaciones explicaron que su intención no es transformar el conflicto político en una confrontación individual, aunque cuestionaron que la integrante afrodescendiente sí habría sido nombrada y expuesta frente a otras participantes y ejecutantes de tambor.
“Es político, no personal”, remarcaron las firmantes. “Nosotras no la nombramos porque la seguimos cuidando, porque la consideramos. Pero cuidar no es callar”.
“Se ataca a quien señala el racismo”
La carta sostiene que las críticas políticas y antirracistas fueron personalizadas para desacreditar a quienes las formularon. Según las organizaciones, el procedimiento consiste en desplazar la discusión sobre racismo, representación y apropiación cultural hacia las características o conductas individuales de las compañeras negras.
“Se ataca a las personas que hacemos señalamientos políticos para deslegitimar el contenido de lo que decimos”, afirmaron. Para las firmantes, ese mecanismo permite evitar el debate principal: quiénes tienen capacidad para hablar, decidir y establecer sentidos sobre una manifestación cultural surgida de las comunidades afrodescendientes.
Las organizaciones también denunciaron que dentro de espacios feministas y plurinacionales pueden reproducirse relaciones coloniales. Advirtieron que la participación de personas negras no garantiza por sí sola una práctica antirracista si sus intervenciones son desautorizadas, dirigidas o toleradas únicamente cuando no cuestionan las estructuras internas.
“La forma en que se manipulan los espacios, se silencia y se estigmatiza es violencia política y patriarcal”, expresaron.
El documento vincula estas prácticas con los mecanismos históricos utilizados para invisibilizar a las mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, intersexuales y personas no binarias negras y afrodescendientes.
La victimización como forma de bloquear el debate
Otro de los puntos cuestionados es la utilización de expresiones como “no entiendo de qué hablan cuando dicen antirracismo” o “nos están atacando” para interrumpir la discusión.
Según la carta, presentarse como víctima frente a un señalamiento de racismo puede convertirse en una forma de invertir los papeles: quien denuncia una violencia termina obligada a justificar su tono, mientras la práctica denunciada queda sin analizar.
Las organizaciones reclaman que los desacuerdos puedan discutirse políticamente, sin convertir cada crítica antirracista en una acusación personal ni exigir que las personas negras adapten permanentemente su palabra para no incomodar.
“Necesitamos hablar, ser escuchadas, escuchades y escuchados, y construir en conjunto”, plantearon. También pidieron que las instancias de diálogo no sean manipuladas ni conducidas previamente hacia conclusiones que perjudiquen a quienes realizan los cuestionamientos.
La disputa por el sentido del candombe
El eje más profundo de la carta es el lugar del candombe dentro del Encuentro. Las organizaciones repudiaron que esta expresión cultural y sus instrumentos ancestrales sean utilizados para estigmatizar a las mismas personas afrodescendientes que defienden su memoria.
“El candombe representa la cultura negra rioplatense. Se creó para hablar de negritud, resistencia y memoria”, señalaron.
El documento reconoce que el candombe puede ser practicado por personas de cualquier origen, pero sostiene que esa apertura no autoriza a borrar su genealogía africana ni a desvincularlo de la lucha contra el racismo.
Esta distinción resulta central. Compartir una práctica cultural no equivale a despojarla de su historia. Una persona blanca puede tocar los tambores, participar de una comparsa y aprender sus códigos, pero debe reconocer que ingresa en un territorio construido por comunidades negras que resistieron la esclavización, la persecución y las políticas de invisibilización.
Cuando esa procedencia desaparece del relato, la cultura negra queda convertida en espectáculo mientras las personas negras continúan siendo apartadas de los espacios de decisión.
El cuestionamiento al “candombe cordobés”
Las firmantes también rechazaron la denominación “candombe cordobés” y sostuvieron que no puede presentarse como una tradición autónoma aquello que utiliza los tambores chico, repique y piano pertenecientes al candombe afrouruguayo.
Desde su posición, cualquier nueva expresión desarrollada en Córdoba debería reconocer esa procedencia o construir instrumentos, ritmos, danzas y una denominación propios. En caso contrario, advierten, se estaría produciendo una apropiación cultural.
La inexistencia o legitimidad de un supuesto “candombe cordobés” forma parte de la posición política expresada por las organizaciones firmantes. Es un debate cultural que puede incluir diferentes perspectivas históricas y comunitarias, pero no debería desarrollarse sin la participación central de las personas afrodescendientes.
“El candombe es negro. No hay nada que disputar y hay todo por respetar”, afirma la carta.
El planteo no busca prohibir que otras personas participen, sino impedir que la participación termine desplazando a quienes sostienen la memoria ancestral. Las firmantes reivindican un candombe compartido desde el reconocimiento, no ocupado desde el borramiento.
Cuatro exigencias al Encuentro Plurinacional
Las organizaciones solicitaron que el Encuentro acompañe públicamente el repudio y visibilice la violencia política, patriarcal y colonial que enfrentan las personas afrodescendientes cuando alzan la voz.
También reclamaron espacios libres de racismo y apropiación cultural, donde se respete la autodeterminación de los pueblos afro y el racismo pueda ser nombrado sin que la denuncia se convierta en un problema mayor que la violencia señalada.
El tercer pedido consiste en abrir instancias reales de diálogo político, sin maniobras ni condicionamientos, en las que las personas negras puedan desarrollar sus necesidades culturales, sociales y políticas.
Finalmente, exigieron que quienes practiquen candombe lo hagan con responsabilidad, reconozcan sus raíces, asuman una posición antirracista y acompañen las luchas de las comunidades afrodescendientes.
“El candombe es negro y se respeta”
La carta concluye reivindicando el derecho de las candomberas negras y afrodescendientes a pensar, disentir, proponer y tomar decisiones sobre su propio territorio cultural.
La diversidad proclamada por los movimientos feministas pierde contenido cuando las personas racializadas pueden estar presentes, pero no cuestionar; tocar el tambor, pero no discutir quién se apropia de él; aportar color a una actividad, pero no intervenir en las decisiones políticas.
El antirracismo no consiste en invitar cuerpos negros para una fotografía. Exige escuchar sus críticas, revisar privilegios y aceptar que las culturas afrodescendientes poseen memoria, autoridades y derechos.
“Seguimos en ronda, con el tambor y con la palabra”, concluyeron las organizaciones. “Basta de usar nuestra cultura para estigmatizarnos. El candombe es negro, se respeta. Candombe con memoria, con lucha y con negritud”.


























