El Ministerio de Economía logró renovar el 183% de los vencimientos de la semana y captó USD 470 millones mediante un nuevo bono en dólares. Sin embargo, debió convalidar tasas cercanas al 30% en pesos y un rendimiento del 8,29% en moneda estadounidense que, según la sociedad de Bolsa Balanz, refleja el riesgo de incumplimiento que todavía asignan los inversores a la deuda argentina.
El Gobierno consiguió una nueva victoria financiera de corto plazo, pero pagando un costo elevado. En la licitación realizada por la Secretaría de Finanzas, el Tesoro logró renovar el 183,1% de los vencimientos inmediatos, absorbió $2,4 billones del mercado y extendió el perfil de la deuda hasta 2028. La operación permitió despejar las necesidades financieras más urgentes, aunque dejó en evidencia que la Argentina continúa financiándose a tasas propias de una economía percibida como riesgosa.
Según informó el Ministerio de Economía, se adjudicaron $5,44 billones sobre ofertas recibidas por $8,45 billones, frente a vencimientos que rondaban los $3 billones. El excedente permitió retirar liquidez del sistema financiero y postergar obligaciones hacia 2026, 2027 y 2028, uno de los principales objetivos del programa financiero presentado por el ministro Luis Caputo.
La deuda en pesos sigue pagando intereses elevados
La mayor parte de la colocación se concentró en instrumentos en moneda local. Para conseguir el financiamiento, el Tesoro debió convalidar una tasa efectiva anual de 25,59% en la reapertura de una letra capitalizable con vencimiento en noviembre de 2026, equivalente a 1,92% efectivo mensual.
En los bonos ajustados por inflación (CER), el Gobierno aceptó pagar inflación más 8,07% anual para un título que vence en marzo de 2028, mientras que en el bono a tasa variable con vencimiento en agosto del mismo año ofreció la tasa TAMAR más un margen adicional de 8,06%.
Si bien estas tasas resultan inferiores a las observadas durante los períodos de alta inflación, continúan siendo significativamente elevadas para un país que busca recuperar el acceso normal al financiamiento internacional.
El regreso al mercado en dólares quedó por debajo de las expectativas
La principal novedad de la licitación fue la emisión del nuevo Bonar 2029 (AO29), un bono denominado en dólares bajo legislación argentina con el que el Gobierno intenta volver a captar divisas sin recurrir todavía a Wall Street.
La colocación permitió obtener USD 470 millones, una cifra considerada aceptable por el mercado pero muy inferior al objetivo oficial de USD 2.000 millones que Economía aspira a reunir mediante este tipo de instrumentos.
El nuevo título ofrece un cupón del 6% anual, pero debió emitirse con una tasa efectiva del 8,29%, reflejando la prima de riesgo que los inversores todavía exigen para prestarle dinero a la Argentina.
Balanz: una tasa compatible con el riesgo de default
El dato más llamativo surgió del análisis realizado por la sociedad de Bolsa Balanz, que comparó el rendimiento obtenido por el nuevo bono con los modelos utilizados para estimar probabilidades de incumplimiento soberano.
Según la firma, la tasa del 8,29% resulta consistente con la probabilidad de default implícita que actualmente descuentan los mercados para la deuda argentina.
«La tasa es similar a la que obtenemos utilizando un modelo de probabilidad de default, con las probabilidades implícitas de la curva de Globales y el recovery implícito de los Bonares», señalaron los analistas.
En otras palabras, el mercado continúa exigiendo una remuneración propia de un emisor cuya capacidad futura de pago todavía genera dudas, pese a la mejora registrada en algunos indicadores financieros durante los últimos meses.
Balanz también estimó que el AO29 ofrece un spread cercano a 150 puntos básicos respecto de la curva de los bonos Globales, una diferencia que refleja el mayor riesgo percibido para los títulos emitidos bajo legislación local.
La estrategia financiera de Caputo
La licitación forma parte del programa financiero presentado días atrás por Luis Caputo, cuyo objetivo consiste en cubrir los vencimientos de deuda hasta el final del mandato presidencial sin necesidad de regresar masivamente a los mercados internacionales.
El esquema combina colocaciones en pesos, emisiones puntuales en dólares bajo ley argentina, préstamos respaldados por organismos multilaterales como el Banco Mundial y el BID, y eventuales operaciones con bancos internacionales.
La estrategia busca reducir la presión sobre las reservas internacionales del Banco Central y evitar emisiones de deuda bajo legislación extranjera hasta que disminuya el riesgo país y mejoren las condiciones de financiamiento.
El desafío sigue siendo el costo del crédito
La licitación confirmó que el Tesoro conserva capacidad para refinanciar sus vencimientos y absorber liquidez del mercado, un dato valorado por los inversores de corto plazo. Sin embargo, también dejó en evidencia que esa capacidad continúa dependiendo del pago de tasas considerablemente superiores a las que enfrentan otros países emergentes.
Mientras el riesgo país permanezca por encima de los 400 puntos básicos, la Argentina seguirá financiándose con costos elevados tanto en pesos como en dólares. El resultado de esta colocación muestra que el mercado todavía acompaña al Gobierno, pero lo hace exigiendo una prima que incorpora un riesgo significativo sobre la evolución futura de la deuda soberana.
El desafío para el equipo económico ya no consiste únicamente en conseguir financiamiento, sino en lograr que ese financiamiento deje de estar asociado a tasas que el propio mercado considera compatibles con un escenario de elevado riesgo crediticio.



























