La interna del equipo económico habría estallado durante el regreso de París. Toto Caputo se habría enfrentado con Santiago Bausili por los contactos del Banco Central con Alberto Ades, el economista que apareció después en una reunión de gabinete. Santilli dormía en el piso, Mahiques presenciaba el espectáculo y Milei estaba encerrado en su camarote. ¡El Titanic argentino ya chocó contra el iceberg, pero la orquesta sigue discutiendo quién toca el violín y quién se queda con los viáticos!
La Argentina acaba de descubrir que su equipo económico no es un equipo.
¡Es una pareja de divorciados peleando por la tenencia del Presidente!
Luis «Toto» Caputo y Santiago Bausili, presidente del Banco Central, habrían protagonizado una fuerte discusión durante el vuelo de regreso de París. El motivo sería Alberto Ades, un economista que empezó a circular por el entorno presidencial con recomendaciones sobre el rumbo económico.
¡Qué tragedia sentimental!
¡A Toto le acercaron otro economista a Milei y se puso como si hubiera encontrado un bóxer ajeno debajo de la cama de Olivos!
Porque en este Gobierno las diferencias económicas no se resuelven comparando propuestas. Se resuelven averiguando quién habló con Javier, quién lo invitó y quién se está haciendo el lindo con una planilla Excel.
¡Ni en una novela turca había tantos celos por un hombre que habla de equilibrio fiscal!
Según la reconstrucción periodística del episodio, la discusión ocurrió delante de varios funcionarios, entre ellos el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques.
Y Diego Santilli estaba durmiendo en el piso del avión.
¡En el piso, carajo!
¡El jefe de Gabinete viaja como equipaje de mano mientras los economistas se disputan la cabecera de la mesa!
¿Y Milei?
Encerrado en su camarote.
¡El león de la libertad!
¡El domador de mercados!
¡El macho alfa que escucha una pelea de sus ministros y se refugia en la cueva como un gato cuando arranca la aspiradora!
La escena parece escrita por alguien que odia profundamente a los argentinos.
Caputo y Bausili discutiendo.
Santilli tirado en el piso.
Mahiques de espectador.
El Presidente desaparecido.
Y millones de ciudadanos esperando que alguno de esos muchachos se acuerde de que tiene un país que administrar.
¡Son los únicos músicos del Titanic que, en lugar de tocar mientras el barco se hunde, se están rompiendo los instrumentos en la cabeza para decidir quién dirige la orquesta!
Pero la aparición de Ades tiene otro detalle delicioso.
Según las versiones, Caputo se molestó porque desde el Banco Central habían contactado al economista sin que él estuviera conforme.
¡Imperdonable!.
¡Bausili puede manejar la política monetaria, pero parece que para hablar con otro economista primero tiene que pedirle permiso a su marido!
Y mientras se desarrolla esta comedia matrimonial, aparece Federico Sturzenegger, cercano a Ades y señalado como adversario interno del dúo Caputo-Bausili.
¡Otro más!.
¡Cuatro economistas disputándose la confianza presidencial! ¡Si juntaran la misma energía para mejorar los ingresos de los argentinos, capaz que hasta podríamos comprar carne sin pedir un crédito hipotecario!
La historia tiene además un capítulo médico digno de la ciencia ficción.
Caputo faltó a una reunión de gabinete por un supuesto malestar físico, pero esa misma noche apareció en el streaming del Gordo Dan.
¡Resurrección libertaria!.
¡El hombre estaba demasiado enfermo para soportar una reunión de ministros, pero lo suficientemente sano para ir a charlar con un influencer!
Que alguien avise a la Facultad de Medicina.
Acaban de descubrir una nueva enfermedad: alergia selectiva al gabinete.
Los síntomas son mareos frente a otros economistas, fiebre cuando aparece Ades y recuperación instantánea al encenderse una cámara de streaming.
¡Si esto sigue así, van a cerrar el Ministerio de Salud y poner una guardia médica en el estudio del Gordo Dan!
Y todavía faltaba la defensa pública de Toto.
El ministro desmintió que la discusión hubiera ocurrido durante un vuelo a Tailandia, porque él y Bausili viajaron en aviones diferentes.
En ese punto tenía razón.
La versión posterior ubicó el presunto enfrentamiento en el regreso desde París. La discusión fue atribuida a fuentes presentes en el vuelo, pero no está reconocida por sus protagonistas.
¡Menos mal que aclararon el itinerario!.
¡El país puede tener problemas económicos, pero jamás permitiremos que un escándalo de gabinete quede registrado en el huso horario equivocado!
Es como que te acusen de haber chocado el auto y respondas indignado:
«¡Mentira! ¡No fue en la avenida Corrientes, fue en Santa Fe!».
¡Ah, bueno, Toto! ¡Entonces el paragolpes está sano!.
Lo preocupante es que hablamos de funcionarios con responsabilidades centrales sobre la economía argentina.
No son cuatro amigos discutiendo quién paga la pizza.
Son quienes deben coordinar decisiones sobre deuda, moneda, crédito y actividad económica.
¡Si estos tipos no pueden ponerse de acuerdo sobre quién habla con un asesor, imaginá el día que tengan que resolver algo complicado, como conseguir dólares sin pedirle otro préstamo al FMI!
Y mientras la interna se cocina a fuego lento, Milei sigue defendiendo a Caputo como pieza fundamental de su Gobierno.
Una relación tan estrecha que cualquier economista nuevo parece ingresar al gabinete con categoría de tercero en discordia.
¡Qué romance!.
¡El Presidente tiene más pretendientes económicos que reservas líquidas, y todos quieren quedarse con la llave de la caja fuerte aunque adentro haya un pagaré!
La cuestión de fondo es bastante menos graciosa.
Un Gobierno puede tener discusiones internas. De hecho, debería discutir sus decisiones.
Lo que resulta inquietante es que las diferencias técnicas terminen convertidas en disputas personales por influencia y poder.
Porque mientras ellos se pelean por la batuta, la sociedad necesita saber quién está conduciendo realmente la política económica y hacia dónde.
Pero quizá estamos pidiendo demasiado.
¡En el Titanic libertario hay capitán, músicos, camarotes y primera clase para todos los funcionarios! ¡Lo único que falta son botes salvavidas para los pasajeros que pagamos el viaje!
Y lo peor es que todavía pretenden convencernos de que todo está bajo control.
Caputo sostiene el timón económico.
Bausili administra el Banco Central.
Ades aparece con recomendaciones.
Sturzenegger observa la pelea.
Santilli duerme en el piso.
Y Milei permanece en su camarote.
¡Un elenco perfecto para una película de catástrofes!.
La diferencia con el Titanic original es que aquella orquesta siguió tocando para tranquilizar a los pasajeros. Esta se pelea por la batuta, nos cobra la entrada en dólares y, cuando el agua nos llega al cuello, Toto sale a aclarar que el iceberg no estaba en Tailandia.



























