Las importaciones por courier acumulan USD 518 millones en 2026 y ya crecieron 113,2% interanual. El boom de compras afuera contrasta con la caída del consumo local, el cierre de comercios y una industria que importa menos insumos para producir.
Mientras el Gobierno celebra la apertura comercial y el crecimiento de algunos indicadores vinculados al comercio exterior, el mercado interno continúa perdiendo terreno. En mayo, las compras realizadas mediante el sistema courier alcanzaron uno de los niveles más altos de la serie histórica y consolidaron una tendencia que viene acelerándose desde comienzos de año. Al mismo tiempo, el consumo masivo sigue en retroceso, miles de comercios cierran sus puertas y buena parte de la industria nacional trabaja con capacidad ociosa.
El auge de las compras internacionales responde a una combinación de factores que modificó profundamente los hábitos de consumo. La apreciación del peso frente al dólar, la flexibilización de las importaciones y la eliminación de numerosas restricciones hicieron que cada vez resulte más conveniente adquirir productos directamente en plataformas del exterior que comprarlos en comercios argentinos. De esta manera, empresas de logística, operadores de courier y marketplaces internacionales aparecen entre los principales beneficiarios del actual esquema económico.

Las cifras reflejan con claridad ese cambio. Durante mayo ingresaron al país mercaderías por courier por un valor de 115 millones de dólares, un incremento interanual del 84,4%, apenas por debajo del récord registrado en abril. En el acumulado de 2026 las importaciones bajo este régimen ya alcanzan los 518 millones de dólares, lo que representa un crecimiento superior al 113% respecto del mismo período del año anterior.
El fenómeno se aceleró luego de que el Gobierno ampliara de 1.000 a 3.000 dólares el límite por envío permitido bajo el régimen courier, una medida que multiplicó las posibilidades de importar bienes de consumo sin recurrir a los canales tradicionales del comercio exterior. Aunque todavía representan una pequeña porción del total de las importaciones argentinas, este tipo de operaciones ya figura entre las categorías arancelarias con mayor movimiento del país.
La expansión del consumo internacional contrasta con la situación que atraviesa el comercio local. Según los últimos relevamientos privados, las ventas de productos de consumo masivo volvieron a caer durante mayo y acumulan varios meses consecutivos en terreno negativo. Supermercados, autoservicios y mayoristas continúan registrando menores niveles de facturación que hace un año, mientras el cierre de locales comerciales se repite en prácticamente todas las provincias.

El impacto también alcanza al entramado productivo. Las pequeñas y medianas empresas enfrentan una combinación de baja demanda, elevados costos financieros, aumento de tarifas y mayor competencia de productos importados. Numerosas firmas industriales operan por debajo de su capacidad instalada y muchas comenzaron incluso a reemplazar producción nacional por mercadería importada para sostener sus márgenes de rentabilidad.
El propio comportamiento de las importaciones muestra esa transformación. Mientras aumentan con fuerza las compras de bienes terminados destinados al consumo, disminuyen las importaciones de insumos, piezas y bienes intermedios utilizados por la industria. Esto refleja una economía donde resulta más dinámico importar productos terminados que producirlos localmente.
La consecuencia trasciende el comercio exterior. Cada compra realizada en plataformas internacionales implica una mayor salida de divisas en un contexto donde el país continúa necesitando dólares para sostener su equilibrio externo. Al mismo tiempo, la pérdida de ventas en el mercado interno reduce la actividad comercial, afecta la recaudación tributaria y limita la generación de empleo en sectores intensivos en mano de obra.
En ese escenario se consolida una economía cada vez más dual. Por un lado, crecen los negocios asociados a la logística internacional, el comercio electrónico transfronterizo y la importación de bienes de consumo. Por el otro, comercios, industrias y proveedores locales enfrentan un mercado interno debilitado que no logra recuperar el nivel de actividad previo al ajuste.
La expansión de las compras por courier se convirtió así en uno de los indicadores más visibles del cambio de modelo económico. Mientras el consumo encuentra cada vez más respuesta fuera de las fronteras, la producción nacional continúa perdiendo participación, empleo y capacidad para abastecer un mercado interno que sigue sin mostrar señales consistentes de recuperación.



























