Los concejales Pablo Basso, Mariano Romero y María José Poncino buscan reservar el mástil escolta para la bandera nacional, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires. La iniciativa eliminaría los izamientos de pabellones extranjeros, una práctica vigente desde hace casi siete décadas.
El Movimiento Evita presentó en el Concejo Municipal de Rosario un proyecto para que en el Monumento Nacional a la Bandera solamente se icen enseñas argentinas. La propuesta pretende terminar con los homenajes protocolares a países extranjeros y reservar todo el conjunto monumental para los símbolos nacionales y provinciales.
La iniciativa fue firmada por Pablo Basso, Mariano Romero y María José Poncino, integrantes del bloque Peronista. Los concejales sostienen que el Monumento fue creado para recordar el lugar donde Manuel Belgrano izó por primera vez la bandera argentina y que, por ese significado histórico, sus mástiles no deberían utilizarse para enarbolar pabellones de otros Estados.
El proyecto permitiría colocar la bandera nacional, las enseñas de las provincias, la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y aquellas vinculadas con conmemoraciones patrias o acontecimientos históricos argentinos.
La restricción alcanzaría a todas las banderas extranjeras sin distinciones políticas, ideológicas o geográficas. No podrían izarse las de Estados Unidos e Israel, que provocaron las polémicas más recientes, pero tampoco las de países latinoamericanos, europeos, africanos o asiáticos.
El criterio planteado es territorial y simbólico: en el Monumento a la Bandera Argentina solo deberían flamear banderas pertenecientes a la Argentina.

La bandera estadounidense reabrió el debate
La discusión cobró fuerza después de que el 4 de julio se izara la bandera de Estados Unidos por el 250.º aniversario de su independencia. La imagen generó críticas en las redes sociales y fue interpretada por numerosos usuarios como otra manifestación del alineamiento de Javier Milei con Donald Trump.
Meses antes, la colocación de la bandera israelí también había despertado cuestionamientos. En ambos casos, las críticas estuvieron atravesadas por la política exterior: el vínculo del Gobierno argentino con Washington y el respaldo de Milei a la administración de Benjamin Netanyahu.
Sin embargo, el proyecto del Movimiento Evita no propone seleccionar qué países pueden recibir un homenaje y cuáles deben quedar excluidos. Su planteo es general: ningún pabellón extranjero debería ondear dentro del Monumento Nacional a la Bandera.
La bandera estadounidense pudo actuar como detonante político, pero la modificación excede ampliamente ese episodio. Si se aprueba, el mismo criterio se aplicará a todas las naciones reconocidas por Argentina.
No se utilizó el mástil principal
Los izamientos cuestionados no se realizaron en el Mástil Mayor, reservado de manera exclusiva y permanente para la bandera argentina. Tampoco una enseña extranjera sustituyó o desplazó al pabellón nacional.
Las ceremonias se desarrollaron en el denominado mástil escolta, ubicado dentro del Patio Cívico. Ese espacio secundario fue destinado históricamente a acompañar actos diplomáticos, celebraciones nacionales de otros países y visitas oficiales.
La diferencia es importante para comprender el alcance del debate. La bandera argentina ya posee exclusividad en el mástil principal. El Movimiento Evita propone extender esa reserva simbólica a los demás mástiles que forman parte del conjunto monumental.
Para los autores, la ubicación secundaria no resuelve la contradicción: aunque se coloque en otro mástil, la bandera extranjera continúa flameando dentro de un monumento construido específicamente en homenaje a la enseña argentina.
La norma vigente desde 2011
El protocolo actual está regulado por el Decreto municipal 1631, firmado el 13 de julio de 2011 durante la intendencia de Miguel Lifschitz.
La norma establece que en el mástil escolta pueden izarse las banderas de los Estados reconocidos por la República Argentina, las organizaciones internacionales de las que el país forma parte, las provincias y la Ciudad de Buenos Aires.
También autoriza las enseñas correspondientes a mandatarios o representantes diplomáticos que visiten oficialmente Rosario. El calendario incluye celebraciones nacionales, conmemoraciones institucionales y gestos de cortesía hacia países con relaciones diplomáticas con Argentina.
El Mástil Mayor, en cambio, permanece reservado exclusivamente para el pabellón argentino, como informa el sitio oficial del Monumento.
El proyecto del Movimiento Evita busca modificar ese decreto y eliminar de la lista a los Estados extranjeros y las organizaciones internacionales. Las provincias y la Ciudad de Buenos Aires conservarían la posibilidad de utilizar el mástil escolta.
Una tradición de casi siete décadas
Aunque fue reglamentada formalmente en 2011, la práctica es mucho más antigua. Según explicó el historiador Miguel Carrillo Bascary, integrante del Instituto Belgraniano y exdirector del Monumento, las ceremonias con pabellones extranjeros se realizan prácticamente desde la inauguración del edificio, ocurrida en 1957.
Durante casi 70 años fueron izadas banderas latinoamericanas, europeas y de otros continentes. También pasaron por el mástil escolta las enseñas de Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, el Mercosur, la Cruz Roja y la Wiphala de los pueblos originarios.
Sus defensores consideran que esa tradición refleja la composición migrante y multicultural de Rosario. Además de recordar el nacimiento de la bandera argentina, el espacio funciona como escenario de cortesía diplomática y reconocimiento de las comunidades que forman parte de la ciudad.
Quienes respaldan el proyecto responden que la diversidad rosarina puede celebrarse en otros espacios públicos sin alterar la identidad específica del Monumento. La ciudad dispone de plazas, centros culturales, consulados, sedes comunitarias y celebraciones como la Fiesta Nacional de Colectividades para homenajear a otros pueblos.
El desacuerdo no consiste, entonces, en aceptar o rechazar la inmigración. Se concentra en determinar si el principal símbolo dedicado a la bandera argentina debe cumplir también funciones diplomáticas internacionales.
Rechazo del Gobierno de Javkin
El secretario de Gobierno municipal, Sebastián Chale, calificó la propuesta de “chauvinista” y “cuasi fascista” y anticipó que el oficialismo no la acompañará.
Según Chale, el proyecto desconoce la historia y la conformación de Rosario, una ciudad atravesada por numerosas nacionalidades, culturas y credos.
La concejala oficialista Carolina Labayru también rechazó la iniciativa y acusó a sus autores de introducir una división que no existía entre los rosarinos. Para el Gobierno de Pablo Javkin, las banderas extranjeras no amenazan a la enseña argentina, sino que expresan la pluralidad social de la ciudad.
La calificación de “cuasi fascista” elevó innecesariamente el tono de la controversia. Proponer que un monumento nacional reserve sus mástiles para símbolos argentinos puede ser discutible, restrictivo o contrario a una tradición consolidada, pero no alcanza por sí mismo para demostrar una orientación fascista.
La discusión merece argumentos históricos, jurídicos y culturales, no solamente etiquetas utilizadas para deslegitimar al adversario.
Las colectividades piden ser escuchadas
Representantes de colectividades extranjeras expresaron su rechazo y cuestionaron que el proyecto se presentara sin consultarlas. Consideran que los izamientos funcionan como un reconocimiento institucional a las comunidades que contribuyeron al desarrollo de Rosario.
La ciudad posee una de las celebraciones de colectividades más importantes del país y construyó parte de su identidad alrededor de las distintas corrientes migratorias. Para esas organizaciones, retirar sus banderas del Monumento supondría interrumpir una relación simbólica sostenida durante generaciones.
Los autores del proyecto deberán explicar si prevén abrir una instancia de consulta antes del tratamiento en las comisiones del Concejo. También tendrán que precisar qué ocurrirá con las enseñas de organismos internacionales y con la Wiphala, cuya naturaleza no puede reducirse a la categoría de bandera extranjera.
La propuesta permite las banderas vinculadas con acontecimientos históricos nacionales, pero necesitará establecer criterios claros para evitar interpretaciones arbitrarias.
Un debate sobre el significado del Monumento
Las dos posiciones parten de interpretaciones diferentes sobre el mismo espacio.
Para el Movimiento Evita, el Monumento posee una finalidad específica que debe preservarse: homenajear a la bandera argentina y al hecho histórico protagonizado por Manuel Belgrano a orillas del Paraná. Desde esa perspectiva, permitir pabellones extranjeros desdibuja el sentido central del edificio, aunque sean izados en un mástil secundario.
Para el Gobierno municipal y las colectividades, la presencia de otras banderas no disminuye a la argentina. El Mástil Mayor continúa siendo exclusivo y las ceremonias complementarias muestran una Nación capaz de reconocer a los pueblos con los que mantiene relaciones y a las comunidades que la integran.
El proyecto no propone bajar la bandera estadounidense para sustituirla por otra considerada políticamente más cercana. Propone una regla única: que dentro del Monumento Nacional a la Bandera de Rosario solamente flameen la bandera argentina y las enseñas de sus provincias.
La controversia deberá resolverse en el Concejo. Allí se definirá si Rosario conserva una tradición diplomática de casi siete décadas o reserva uno de sus principales espacios históricos exclusivamente para los símbolos argentinos.



























