La cantidad de jubilados que volvieron a trabajar se multiplicó 2,5 veces en dos años, mientras el haber mínimo perdió 4,6% real en 2025. Con ingresos de apenas $410.879 y bonos deteriorados, crece el empleo informal entre mayores y aparece el “desempleo encubierto”.
El mercado laboral muestra un fenómeno que no aparece en las estadísticas tradicionales pero crece de manera sostenida: cada vez más jubilados vuelven a trabajar. No se trata de una elección ni de una extensión voluntaria de la vida activa, sino de una respuesta directa a la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos previsionales.
En los últimos dos años, la cantidad de adultos mayores que reingresaron al mercado laboral se multiplicó 2,5 veces, principalmente en actividades informales y de baja remuneración . Este dato marca un cambio relevante: personas que ya habían salido del sistema productivo vuelven a insertarse para completar ingresos que ya no alcanzan.
📉 Jubilaciones que pierden contra la inflación
El deterioro del ingreso previsional es el punto de partida del fenómeno. A fines de 2025, la jubilación mínima se ubicó en $340.879, a lo que se sumó un bono de $70.000, congelado desde marzo de 2024. El ingreso total alcanzó así los $410.879, pero con una inflación anual del 31,5%, el resultado fue una caída real del 4,6% .
El problema no es solo el nivel del haber, sino la pérdida de valor del bono complementario. Ese refuerzo, que funciona como ingreso clave para los sectores más vulnerables, cayó 23% en términos reales en 2025 y acumula un deterioro cercano al 46% desde su última actualización. Para mantener su poder de compra, debería haber sido casi el doble.
Este deterioro impacta directamente en la población más numerosa del sistema: cerca de 3 millones de jubilados, equivalentes al 49,2% del total, vieron caer sus ingresos reales. En ese contexto, la salida al mercado laboral deja de ser una alternativa y se convierte en una necesidad.
👷 Volver a trabajar, pero en condiciones precarias
El reingreso de los jubilados al trabajo no ocurre en condiciones formales ni estables. La mayoría se inserta en actividades informales, de baja productividad y sin protección social.
Las situaciones se repiten en distintos sectores:
- manejo de taxis o remises
- atención de pequeños comercios
- trabajos eventuales o “changas”
- tareas de pocas horas sin estabilidad
Este tipo de inserción no resuelve el problema de fondo. Permite generar ingresos adicionales, pero no garantiza estabilidad ni mejora sostenida en la calidad de vida. En muchos casos, apenas alcanza para compensar parcialmente la pérdida del poder adquisitivo.
📊 Un problema invisible en las estadísticas
Uno de los aspectos más relevantes del fenómeno es su baja visibilidad en los indicadores oficiales. Por definición, las personas mayores de 65 años no forman parte de la población económicamente activa utilizada para medir el desempleo. Esto implica que su situación no impacta directamente en la tasa de desocupación.
Sin embargo, estudios basados en microdatos muestran una realidad distinta. La tasa de actividad en mayores de 66 años creció 11% interanual en 2025, lo que refleja una búsqueda de ingresos de carácter “supervivencial” .
Además, el llamado “desempleo encubierto” —que incluye trabajos precarios, inestables o insuficientes— aumentó 34,1% interanual, con fuerte incidencia en este grupo etario. Si se incorpora esta dimensión, la presión sobre el mercado laboral se duplica: de una tasa de desempleo abierta cercana al 6,6% a un nivel ampliado de 13,8%.
⚖️ Cuando trabajar no implica estar bien empleado
El crecimiento de la actividad en adultos mayores introduce una distorsión en la lectura del mercado laboral. Desde el punto de vista estadístico, estas personas aparecen como “ocupadas”. Sin embargo, esa ocupación no implica condiciones adecuadas de ingreso ni estabilidad.
El criterio utilizado para medir empleo —haber trabajado al menos una hora en la semana— permite que muchas situaciones de subocupación queden registradas como empleo pleno. Esto diluye la visibilidad del problema y subestima la presión real sobre el mercado de trabajo.
En este marco, la baja desocupación en mayores convive con un aumento sostenido de su participación laboral y con una expansión de trabajos precarios. Es decir, menos personas aparecen como desempleadas, pero más están obligadas a aceptar condiciones insuficientes.
🔄 El desplazamiento del “trabajador adicional”
Tradicionalmente, en contextos de crisis, el ingreso al mercado laboral se ampliaba con la incorporación de jóvenes para complementar ingresos familiares. Hoy, ese mecanismo se desplaza hacia los adultos mayores.
El fenómeno del “trabajador adicional” cambia de sujeto: ya no son quienes ingresan por primera vez al mercado, sino quienes deberían haber salido de él. Esto refleja un deterioro más profundo, donde incluso las etapas que antes estaban protegidas —como la jubilación— dejan de garantizar ingresos suficientes.
Radiografía del fenómeno
| Variable | Situación actual | Impacto |
|---|---|---|
| Jubilados que trabajan | x2,5 en dos años | Reingreso forzado |
| Jubilación mínima + bono | $410.879 | Ingreso insuficiente |
| Caída real del haber | -4,6% en 2025 | Pérdida de poder adquisitivo |
| Bono complementario | -46% acumulado | Menor cobertura |
| Actividad mayores de 66 | +11% | Búsqueda de ingresos |
| Desempleo encubierto | +34,1% | Mayor precarización |
🧠 El problema de fondo: ingresos que no alcanzan
El crecimiento del trabajo en adultos mayores no es un fenómeno aislado, sino parte de una dinámica más amplia. La economía no logra generar ingresos suficientes para sostener el nivel de vida, y esa insuficiencia se extiende a todos los segmentos.
- salarios en caída
- jubilaciones deterioradas
- aumento del empleo informal
- crecimiento del endeudamiento
En ese contexto, el sistema previsional pierde su capacidad de protección y se integra a la lógica general de precarización.
🔥 La jubilación deja de ser un final
El dato más significativo no es solo que más jubilados trabajen, sino por qué lo hacen. Cuando quienes deberían estar retirados necesitan volver al mercado laboral para sostener su ingreso, el problema deja de ser individual.
Se vuelve estructural.
La jubilación deja de ser una etapa de retiro garantizado y pasa a convertirse en un ingreso insuficiente que debe complementarse. Y en ese desplazamiento, el sistema pierde una de sus funciones básicas: asegurar un piso de estabilidad en la última etapa de la vida.



























