La secretaria general mantiene abierto el diálogo con Marcelo Colombo para organizar la llegada de León XIV. García Cuerva y otros obispos endurecieron sus cuestionamientos por la pobreza, los jubilados y el recorte en discapacidad.
Karina Milei intenta preservar el vínculo institucional con la Conferencia Episcopal Argentina ante el creciente malestar de la Iglesia por las consecuencias sociales del ajuste. El objetivo inmediato es evitar que las críticas de los obispos dominen la agenda durante la visita del papa León XIV, prevista para noviembre.
El principal interlocutor de la Casa Rosada es Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal. Aunque se encuentra lejos del ideario libertario, su función institucional lo convirtió en una pieza central de las conversaciones para organizar la llegada del pontífice.
Colombo se reunió con Karina en la Casa Rosada a fines de agosto y posteriormente envió una delegación episcopal al Ministerio de Salud para abordar la crisis de las instituciones que atienden a personas con discapacidad. La preocupación aumentó ante la posibilidad de que León XIV visite el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, una de las entidades afectadas por los problemas de financiamiento.
El Gobierno pretende capitalizar políticamente el viaje. Javier Milei proyecta recibir al Papa al pie del avión y acompañarlo durante una agenda que podría congregar a millones de personas. La peregrinación juvenil a Luján reunió recientemente a unos 2,7 millones de fieles y funcionó como anticipo de la capacidad de movilización que tendrá la visita.
La estrategia de acercamiento, sin embargo, convive con una escalada de cuestionamientos episcopales. El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, volvió a colocar en el centro de su discurso la situación de los sectores más vulnerables y reclamó terminar con la intolerancia, la violencia verbal y los discursos de odio.
García Cuerva ya había confrontado públicamente con el rumbo oficial durante el Tedeum de mayo, cuando advirtió sobre la pobreza, la situación de los jubilados y el deterioro de la convivencia social. Sus intervenciones lo transformaron en uno de los principales blancos de los comunicadores y militantes digitales vinculados al oficialismo.
La tensión quedó expuesta cuando Felipe Núñez, economista cercano a Luis Caputo, atacó al arzobispo en las redes sociales y el ministro de Economía difundió el mensaje. En el entorno de Karina, en cambio, evitaron sumarse a la confrontación para no agregar otro conflicto antes de la llegada papal.
Ese contraste se cruza con la discusión interna por discapacidad. Mientras Economía procura sostener el ajuste, el sector de Karina impulsa medidas para aliviar parcialmente la crisis y reducir el costo político que podría provocar una visita del Papa a instituciones afectadas por los recortes.
Las advertencias de la Iglesia ya se extienden por las principales diócesis. El cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba, anticipó que León XIV encontrará una Argentina golpeada por la pobreza. Eduardo García, obispo de San Justo, alertó que la retirada del Estado permite el avance del narcotráfico, mientras Gustavo Carrara, arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas, encabezó una caravana por “Tierra, Techo y Trabajo”.
En ese escenario, el diálogo con Colombo representa para la Casa Rosada un canal institucional indispensable, pero no garantiza que los cuestionamientos se moderen. La hipótesis de que Karina pretende utilizar ese vínculo para contrapesar a García Cuerva surge de fuentes políticas citadas por el medio original y no fue confirmada públicamente por la Conferencia Episcopal.
La visita de León XIV amenaza así con convertirse en algo más que un acontecimiento religioso. La magnitud de las convocatorias, el reclamo por los sectores castigados y la dureza creciente de los obispos pueden transformar el viaje en una enorme vidriera de la crisis social que el Gobierno intenta mantener fuera del centro de la agenda.



























