El gobernador cerrará este sábado el primer encuentro nacional del Movimiento Derecho al Futuro ante una concurrencia que los organizadores estiman superior a 40 mil personas. Con dirigentes de al menos diez provincias, intendentes, sindicatos y organizaciones sociales, buscará demostrar que su armado puede salir de Buenos Aires. No anunciaría formalmente su candidatura, pero el dispositivo ya está pensado para 2027.
Axel Kicillof eligió Avellaneda para realizar algo más que un acto militante. Este sábado 19 de septiembre, desde las 15, encabezará en la sede de la Universidad Tecnológica Nacional de Villa Domínico la primera jornada nacional de debate del Movimiento Derecho al Futuro, el espacio con el que intenta transformar su poder bonaerense en una construcción presidencial.
Bajo el lema “Organizar la esperanza”, el encuentro combinará plenarios, mesas temáticas, representación sindical, organizaciones sociales, intendentes, legisladores y delegaciones llegadas desde distintas provincias. Los organizadores aseguran que esperan reunir a más de 40 mil personas, una cifra que deberá comprobarse durante la jornada, pero que anticipa la dimensión política que pretenden darle a la convocatoria.
Kicillof insiste públicamente en que 2026 es un año de construcción y no de candidaturas. La prudencia discursiva le permite evitar un lanzamiento prematuro, conservar margen de negociación dentro del peronismo y no ofrecerles a sus adversarios internos una declaración que pueda utilizarse para acusarlo de anteponer su proyecto personal a la unidad opositora.
Sin embargo, la política también habla mediante escenarios, fotografías y movimientos territoriales. Y todo lo que se prepara en Avellaneda tiene forma de ensayo presidencial.
Un acto para demostrar que existe algo fuera de Buenos Aires
El desafío principal de Kicillof no consiste en llenar un predio dentro del conurbano. Como gobernador de la provincia más poblada del país, acompañado por intendentes que conservan estructuras territoriales, recursos municipales y capacidad de movilización, reunir militancia bonaerense es una prueba importante, pero insuficiente.
La verdadera disputa comienza cuando intenta presentar esa estructura como un proyecto nacional.
Por eso el dato político más relevante no será solamente la cantidad de asistentes, sino la presencia de dirigentes provenientes de Córdoba, Misiones, Chaco, Entre Ríos, Salta, Santa Fe, Tierra del Fuego, Neuquén y Río Negro. La organización asegura que habrá representación de al menos diez provincias y que buscará convertir la jornada en una fotografía federal.
Desde Córdoba se espera la presencia del exsenador Carlos Caserio, del intendente de Canals, Edgar Bruno, y de militantes incorporados al Movimiento Derecho al Futuro. Por Chaco podría participar Jorge Capitanich, acompañado por el intendente de Machagai, Juan Manuel García, y el legislador provincial Sebastián Benítez Molas. Desde Misiones fue convocado el diputado Alberto Arrúa, quien intervendría en una comisión sobre comunidad y organización.
También se anunciaron intendentes entrerrianos, el salteño Sergio Leavy, el intendente de Reconquista, Enrique Vallejos, el jefe comunal de Río Grande, Martín Pérez, referentes neuquinos y dirigentes rionegrinos agrupados en Patria Futuro.
El mapa todavía no constituye una estructura nacional consolidada. Reúne dirigentes con diferente capacidad territorial, trayectorias diversas y peso electoral desigual. Pero representa el comienzo de una red propia que no depende exclusivamente del kirchnerismo, del Partido Justicialista nacional ni del Frente Renovador.
Eso es, precisamente, lo que Kicillof necesita demostrar.
De heredero elegido a dirigente con estructura propia
Durante años, Kicillof fue presentado como uno de los principales herederos políticos de Cristina Kirchner. Su trayectoria nacional, su llegada al Ministerio de Economía y sus dos candidaturas a gobernador estuvieron directamente vinculadas con la conducción de la expresidenta.
La creación del Movimiento Derecho al Futuro marca un cambio de etapa. Kicillof ya no pretende ser solamente el dirigente designado por una conducción ajena, sino encabezar una corriente con identidad, cuadros políticos, intendentes, sindicatos y proyección nacional propios.
El movimiento no supone necesariamente una ruptura definitiva con Cristina ni con el kirchnerismo. Buena parte de sus integrantes procede de esa tradición y continúa reconociendo el peso político de la expresidenta. Pero sí expresa una disputa por el derecho a conducir la próxima etapa.
En esa tensión se encuentra la raíz del armado.
Kicillof necesita conservar los votos del kirchnerismo sin quedar subordinado a su estructura. Necesita el respaldo de los intendentes sin convertirse únicamente en el candidato de los jefes comunales bonaerenses. Necesita incorporar gobernadores y referentes provinciales sin diluir su perfil ideológico. Y debe dialogar con Sergio Massa sin entregarle el control del eventual frente electoral.
Avellaneda será una prueba de ese equilibrio.
La fecha también construye el relato
La convocatoria busca recuperar como antecedente el triunfo conseguido por el peronismo bonaerense en las elecciones provinciales desdobladas del 7 de septiembre de 2025, cuando superó a La Libertad Avanza por más de 14 puntos.
Ese resultado se convirtió en uno de los argumentos centrales del kicillofismo. Para su entorno, el gobernador demostró que Milei podía ser derrotado electoralmente y que la provincia de Buenos Aires seguía funcionando como el principal dique territorial frente al avance libertario.
La elección desdoblada también consolidó la autonomía de Kicillof frente a la estrategia nacional del peronismo. El gobernador tomó una decisión resistida por otros sectores, protegió el poder de los intendentes y obtuvo un resultado que ahora utiliza como certificado de eficacia electoral.
El acto de Villa Domínico intentará convertir aquella victoria provincial en el comienzo de un relato nacional: si Buenos Aires pudo frenar a Milei, el modelo bonaerense podría presentarse como plataforma para reconstruir una mayoría en todo el país.
Pero trasladar una elección provincial al escenario presidencial no es automático. Las demandas del interior, las economías regionales, la relación con el campo, la inseguridad, el federalismo fiscal y el rechazo histórico al centralismo porteño obligarán a Kicillof a construir un lenguaje que exceda al conurbano.
Una candidatura presidencial no puede limitarse a exportar dirigentes bonaerenses. Necesita comprender las desigualdades entre las provincias y ofrecer respuestas concretas a quienes temen que cualquier gobierno nacional vuelva a mirar el país desde el Área Metropolitana.
Massa moverá sus piezas a la misma hora
Mientras Kicillof cierre su encuentro en Avellaneda, Sergio Massa participará en la Ciudad de Buenos Aires de una jornada nacional de juventudes del Frente Renovador.
La coincidencia puede ser presentada como una casualidad de agenda, pero políticamente exhibe la convivencia competitiva que atraviesa al peronismo. Ambos dirigentes necesitan sostener públicamente la unidad contra Milei, mientras construyen estructuras capaces de disputar la conducción opositora.
Massa conserva vínculos con gobernadores, empresarios, sindicatos, intendentes y dirigentes de diversas provincias. Kicillof dispone del gobierno bonaerense, una red territorial extensa y un perfil más claramente enfrentado con el programa económico libertario.
Los dos se necesitan y, al mismo tiempo, se miden.
El gobernador busca demostrar que puede construir una fuerza federal sin depender del aparato massista. El exministro de Economía necesita probar que mantiene centralidad pese a no ocupar un cargo institucional y al desgaste que dejó su paso por el gobierno de Alberto Fernández.
La simultaneidad de las actividades ofrece una fotografía del peronismo actual: todavía no existe una mesa única de conducción, pero sí varios dirigentes armando sus propias pistas de despegue.
El apoyo de los intendentes tiene una condición
Los intendentes bonaerenses son una pieza central del Movimiento Derecho al Futuro. Fueron decisivos para sostener la gobernabilidad provincial, defender el desdoblamiento electoral y organizar la estructura que rodea al gobernador.
Su respaldo, sin embargo, no es gratuito ni incondicional.
Los jefes comunales buscan preservar sus territorios, discutir las restricciones a las reelecciones, mantener influencia sobre las listas legislativas y evitar que las decisiones nacionales vuelvan a tomarse sin considerar el peso electoral de los municipios.
Kicillof les ofrece algo que otros sectores del peronismo no garantizan: participación directa en la construcción de una nueva conducción. A cambio, recibe capacidad de movilización, presencia territorial y una red política que llega hasta los barrios.
Esa alianza también tiene límites. Un armado excesivamente dependiente de los intendentes puede reproducir prácticas cerradas, dificultar la renovación dirigencial y transformar una propuesta nacional en una suma de aparatos municipales.
El desafío será convertir esa estructura en organización social y no solamente en logística electoral.
Los sindicatos y movimientos sociales vuelven a ocupar la escena
La presencia de gremios y organizaciones sociales pretende mostrar que el proyecto no se limita a una negociación entre dirigentes. En un contexto atravesado por pérdida de empleo industrial, caída del consumo, deterioro salarial, endeudamiento familiar y debilitamiento de los servicios públicos, Kicillof buscará ubicarse como representante de los sectores golpeados por el programa libertario.
La consigna “Organizar la esperanza” apunta a disputar un terreno que Milei ocupó en 2023: el de una sociedad frustrada que dejó de creer en la política tradicional.
El problema es que la esperanza no puede organizarse únicamente desde un escenario. Requiere un programa económico creíble, respuestas frente a la inflación, una propuesta para reducir la pobreza, políticas de seguridad, una estrategia productiva y mecanismos que impidan repetir las frustraciones del último gobierno peronista.
La movilización puede demostrar capacidad política. No reemplaza el contenido.
Kicillof cuenta con un discurso de confrontación claro frente a Milei: denuncia la asfixia financiera de las provincias, el abandono de la obra pública, la caída de la industria y la subordinación del desarrollo al equilibrio fiscal. Pero todavía debe explicar cómo financiaría un modelo alternativo, qué relación tendría con el sector privado, cómo conseguiría dólares y de qué manera evitaría que la recomposición de ingresos vuelva a chocar con inflación y restricciones externas.
Ese debate debería ocupar un lugar central en las mesas de Villa Domínico. Si el encuentro queda reducido a una demostración de lealtades, servirá para una fotografía. Si produce programa, equipos y organización, podrá convertirse en una plataforma.
La primera interna es por la conducción del peronismo
El adversario declarado de Kicillof es Javier Milei, pero su primera batalla se desarrolla dentro del peronismo.
Antes de enfrentar al oficialismo en 2027, deberá disputar con quienes pretenden condicionar su candidatura, promover otra figura o mantener una conducción colegiada. También deberá resolver cómo se definirá la fórmula presidencial: mediante consenso, internas partidarias o elecciones primarias.
Cristina conserva una capacidad decisiva para ordenar sectores militantes, legislativos y territoriales. Massa mantiene su propia estructura. Gobernadores como Gerardo Zamora, Jorge Capitanich y Ricardo Quintela buscan participar de la discusión nacional. Juan Grabois conserva influencia en movimientos sociales y sectores juveniles. Los mandatarios provinciales más pragmáticos exigirán garantías antes de alinearse.
Kicillof parte con una ventaja: gobierna el principal distrito del país y puede exhibir gestión, presupuesto, estructura y votos. También carga con una debilidad: su crecimiento despierta resistencias en aquellos que temen quedar subordinados a una nueva conducción bonaerense.
Por eso necesita federalizar el Movimiento Derecho al Futuro antes de formalizar cualquier candidatura.
Quién gana y quién pierde con el acto
Kicillof gana si consigue reunir una multitud, mostrar diversidad provincial y pronunciar un discurso que exceda la denuncia contra Milei. También se fortalece si evita que la actividad parezca exclusivamente bonaerense o construida con recursos institucionales.
Los intendentes ganan porque se colocan en el centro del armado presidencial y aumentan su capacidad para negociar listas, reglas electorales y espacios de poder.
Los dirigentes provinciales que participen obtienen visibilidad dentro de una estructura en formación y pueden negociar representación antes de que el dispositivo termine de cerrarse.
El Movimiento Derecho al Futuro se perjudicaría si la anunciada presencia federal queda reducida a dirigentes aislados sin verdadera capacidad territorial. También perdería si la convocatoria es interpretada solamente como un desafío interno contra Cristina, porque convertiría una propuesta nacional en otro capítulo de la disputa familiar del peronismo.
Massa y los demás aspirantes observarán especialmente el volumen de la movilización, los nombres presentes y las definiciones del discurso. Milei, por su parte, intentará utilizar el acto para identificar a Kicillof con el pasado kirchnerista y presentar el encuentro como una concentración de aparatos políticos.
Candidato sin lanzamiento
Es posible que Kicillof vuelva a decir que no es tiempo de candidaturas. Puede insistir en que la prioridad es organizar la oposición, defender a la provincia y enfrentar las políticas de Milei.
Formalmente tendrá razón.
Políticamente, el acto dirá otra cosa.
Reunir a 40 mil personas, convocar dirigentes de al menos diez provincias, organizar mesas programáticas y cerrar como único orador central no constituye una actividad provincial ordinaria. Es la escenificación de una candidatura en construcción.
Kicillof todavía no necesita pronunciar la palabra “presidente”. Necesita conseguir que otros comiencen a pronunciarla por él.
Avellaneda será el escenario elegido para esa operación. No habrá lanzamiento oficial, pero sí una pregunta flotando sobre las carpas, los micros y las columnas militantes: si el peronismo busca un candidato para enfrentar a Milei en 2027, ¿por qué no el gobernador que ya gobierna al 40 por ciento del electorado argentino?
El sábado no comienza formalmente una campaña. Comienza algo más decisivo: la disputa para decidir quién tendrá derecho a encabezarla.

























