La purga de trabajadores en la Quinta abrió un cortocircuito entre los Milei porque parte del personal desplazado respondía al área de Karina. Mientras tanto, Bullrich descubrió el rentable oficio de ser oposición desde adentro y Economía quedó bajo fuego por el Presupuesto 2027. La Casa Rosada ya no parece un gobierno: parece una familia discutiendo la herencia antes de que se muera el abuelo.
La motosierra finalmente encontró algo que hasta ahora parecía constitucionalmente protegido: los empleados de Karina.
El despido de una decena de trabajadores civiles de la Quinta de Olivos no solo dejó cocineros, mozos y personal de limpieza en la calle. También habría abierto un cortocircuito entre Javier y Karina Milei, porque los desplazados dependían de la Secretaría General de la Presidencia y varios eran personas de confianza del karinismo.
O sea que Javier quiso limpiar Olivos y, sin querer, le pasó el trapo al organigrama de la hermana.
En el entorno de Karina cayó particularmente mal la salida de Osvaldo Sosa, intendente de la Quinta y cuñado de Belén Agudiez, funcionaria de extrema confianza de la secretaria general.
La discusión familiar alcanzó así una instancia desconocida incluso para la política argentina.
—Javier, ¿echaste a mi gente?
—Me espiaban.
—¡Pero eran mis empleados!
—Por eso.
No sabemos si ocurrió exactamente así.
Pero admitamos que sería bastante más sencillo que explicar el organigrama.
Javier hizo limpieza y Karina encontró familiares en la bolsa
Desde el karinismo sostienen que los trabajadores fueron convertidos en chivos expiatorios y apuntan al secretario privado presidencial, Mario Suli, como quien habría influido sobre Milei.
El problema es que la limpieza presidencial tocó una zona sensible.
Porque una cosa es despedir ñoquis.
Otra cosa es despedir gente.
Y otra completamente distinta es descubrir después que el ñoqui era cuñado de alguien importante.
Ahí deja de llamarse ajuste.
Se llama interna.
La paradoja es todavía mejor: pese a los despidos, Karina continuará teniendo incidencia sobre el funcionamiento de la residencia porque Casa Militar también está bajo la órbita de la Secretaría General.
Es decir, Javier limpió la casa de la gente de Karina y después la casa volvió a quedar bajo Karina.
Una revolución administrativa.
Como divorciarte y descubrir que tu ex se quedó con las llaves.
Bullrich abrió una franquicia: oposición oficialista
Mientras los hermanos discuten quién controla hasta el repasador presidencial, Patricia Bullrich descubrió un negocio político mucho más interesante:
ser oficialista y opositora al mismo tiempo.
La Pato empezó a marcar públicamente errores del Gobierno, cuestionar decisiones y exhibir una sensibilidad que hasta hace poco parecía material confiscado en un allanamiento.
Pero no la retan.
Al contrario.
En el entorno presidencial consideran que la estrategia puede resultar útil para retener votantes descontentos sin que abandonen definitivamente el oficialismo.
Extraordinario.
La Libertad Avanza ya tiene oposición incorporada.
Viene incluida con el Gobierno.
Si algo sale bien, Patricia pertenece al equipo.
Si sale mal:
—Yo les avisé.
Si mejora:
—Gracias al Presidente.
Si explota:
—Esto había que corregirlo.
Y si las encuestas cambian mucho:
“Muchachos, siempre fui republicana”.
Bullrich entendió antes que muchos que 2027 empezó y está haciendo algo bastante racional: poner un pie dentro del bote y otro en el muelle.
El pequeño inconveniente es que cuando se separen demasiado, alguien termina con las bolas en el agua.
Milei ordenó no pegarle a la Pato
Lo más interesante es que Milei habría dado la orden de no responder públicamente los cuestionamientos de Bullrich.
Porque su papel sirve.
Patricia puede criticar desde adentro aquello que el Gobierno necesita cuestionar sin reconocer que está mal.
Es una especie de garantía extendida libertaria.
Usted compra el Gobierno y, si presenta desperfectos, la oposición viene incluida en la misma caja.
Incluso Karina, pese a haber recibido críticas de Bullrich por el funcionamiento de la mesa política, acompañaría por ahora ese esquema.
No es reconciliación.
Es supervivencia.
La Pato ya cruzó tantos partidos, alianzas, gobiernos y colores políticos que no cambia de camiseta:
tiene vestuario propio.
Y mientras todos discuten si sigue violeta, ella ya debe estar preguntando qué colores vienen para la temporada primavera-verano 2027.
Todos contra Toto
Pero toda familia necesita alguien a quien echarle la culpa de las cuentas.
Y apareció Luis “Toto” Caputo.
Bullrich cuestionó el armado económico del Presupuesto 2027 y desde el sector de Karina también surgieron críticas hacia Economía.
El problema es sencillo: el Gobierno necesita desesperadamente aliados para aprobar el Presupuesto y sostener otras reformas, mientras Economía mandó números capaces de transformar cada negociación parlamentaria en una extracción de muela sin anestesia.
Y cuando preguntan por determinados asuntos, Caputo tendría una respuesta de una eficacia administrativa extraordinaria:
“Hablen con Charly”.
Charly es Carlos Guberman, secretario de Hacienda y figura central en la elaboración del Presupuesto.
Argentina consiguió así reducir finalmente el Estado a su mínima expresión.
Ya no existen ministerios.
Existen contactos.
—¿Discapacidad?
—Charly.
—¿Partidas?
—Charly.
—¿Gobernadores?
—Santilli.
—¿Olivos?
—Karina.
—¿Churrasco?
—El teniente.
Perfecto.
Falta publicar los internos y cerramos la reforma administrativa.
Santiago Caputo pidió VAR y salió de la jugada
Santiago Caputo, mientras tanto, consiguió mantenerse afuera de esta pelea.
Desde su entorno aseguran que están concentrados en la iniciativa vinculada con Malvinas y que no participaron del diseño de los ajustes cuestionados del Presupuesto.
Es decir que, en una Casa Rosada donde todos parecen estar peleados con alguien, Santiago logró la posición más codiciada de la política argentina:
“Yo no fui”.
Una doctrina de Estado mucho más longeva que el liberalismo.
Y de pronto apareció Lali
Como toda crisis institucional seria, esto terminó con Lali Espósito.
Bullrich publicó un video escuchando a la cantante y Milei salió a respaldarla. Dijo que no veía ningún problema, cuestionó la politización del arte y hasta contó que escuchó algunas canciones después de la polémica y le gustaron.
La declaración habría producido un fenómeno extraordinario dentro del Gobierno.
Funcionarios que escuchaban a Lali clandestinamente salieron del placard musical.
Hasta ahora había gente que aparentemente ponía sus canciones con un nivel de discreción parecido al requerido para entregar secretos nucleares.
Auriculares.
Puerta cerrada.
Volumen bajo.
Historial borrado.
Hasta que Milei habilitó el consumo.
Y empezaron las confesiones:
—Yo fui a Vélez.
—Yo fui a River.
—Yo también.
Tres años de batalla cultural para descubrir que media Casa Rosada sabía las letras.
Magnífico.
La familia está bárbara
Así llega el Gobierno a la carrera electoral.
Javier sospecha de quienes estaban en Olivos.
Karina se enoja porque echaron a los suyos.
Bullrich critica al Gobierno desde el Gobierno.
El Gobierno le pide al Gobierno que no le responda a Bullrich.
Bullrich le pega a Toto.
El karinismo también le pega a Toto.
Toto manda a hablar con Charly.
Santiago dice que estaba ocupado con otra cosa.
Y funcionarios libertarios finalmente pueden escuchar a Lali sin esconder el Spotify.
Todo marcha según el plan.
La única diferencia es que ya nadie sabe qué plan.
Hace unos días militarizaron la cocina de Olivos.
Ahora discuten quién puso a los civiles, quién los echó, quién diseñó el Presupuesto, quién puede criticar a quién y quién escuchaba clandestinamente a Lali.
Esto dejó de ser una interna.
Es un consorcio sin administrador.
Y todavía falta un año para las elecciones.
A este ritmo, para 2027 no van a necesitar PASO.
Van a necesitar terapia familiar, mediador judicial y sortear quién se queda con el perro los fines de semana.

























