La interna de La Cámpora llegó a la Ciudad. Máximo Kirchner hizo caer el acuerdo que Mariano Recalde había negociado para la Fiscalía General y la Defensoría del Pueblo, ordenó a sus cuatro legisladores votar en contra y el espacio terminó perdiendo dos cargos. Ahora crece Paula Penacca como alternativa para conducir el PJ porteño. Una demostración impecable de autoridad: para demostrar quién manda, perdieron todos.
La Cámpora volvió a demostrar que para pelearse con el adversario primero necesita resolver una cuestión elemental:
quién tiene permitido ser compañero.
Esta vez el damnificado es Mariano Recalde, referente histórico del espacio en la Ciudad, senador nacional, hombre de extrema confianza de Cristina Kirchner y dirigente con suficiente kilometraje camporista como para imaginar que podía negociar sin pedir autorización hasta para elegir el café.
Error.
Máximo Kirchner decidió recordarle que en determinadas organizaciones existen dos clases de dirigentes:
los que tienen autonomía política
y los que todavía no recibieron el mensaje de Máximo.
Recalde había trabajado un acuerdo con Juan Manuel Olmos alrededor de la elección del Fiscal General porteño y la conducción de la Defensoría del Pueblo. El peronismo aportaba una porción importante de los votos y, como sucede desde que los fenicios inventaron el comercio y el PJ perfeccionó el intercambio, esos votos tenían traducción institucional.
La negociación contemplaba dos defensorías adjuntas: una para Mara Brawer y otra para Magui Tiesso.
Todo acomodado.
Todo conversado.
Todo peronísticamente normal.
Hasta que apareció Máximo.
El acuerdo duró hasta que llegó el dueño del control remoto
Pocos minutos antes de la sesión, Máximo se reunió con Olmos y comunicó que los cuatro legisladores camporistas no acompañarían el pliego de Martín López Zavaleta para la Fiscalía General.
El argumento tenía lógica política: La Cámpora no quería votar al jefe de los fiscales de una Ciudad cuya actuación después cuestiona cuando interviene la Policía porteña en manifestaciones.
El inconveniente fue descubrir esa convicción después de que Recalde terminara de negociar.
Porque en política se puede tener principios.
Incluso resulta recomendable.
Lo complicado es avisarle al negociador antes de que cierre el trato.
La respuesta del resto fue igualmente sencilla:
si no ponen los votos,
no cobran los cargos.
Y así ocurrió.
El peronismo acompañó junto con el oficialismo y otros bloques la designación de López Zavaleta y la continuidad de María Rosa Muiños como Defensora del Pueblo.
La Cámpora votó en contra.
Y las dos adjuntías negociadas volaron.
Magnífico.
Máximo consiguió impedir un acuerdo que ya estaba cerrado y además dejar al espacio sin los cargos que había conseguido Recalde.
Una victoria moral tan contundente que hubo que contar los muertos propios para encontrarla.
Todo empezó con Yadarola y terminó pagando Recalde
Detrás del movimiento aparece además la incomodidad generada por la votación en el Senado del camarista Pablo Yadarola.
Yadarola había participado del polémico viaje a Lago Escondido junto con magistrados, funcionarios porteños y directivos del Grupo Clarín.
Sin embargo, recibió el voto favorable de gran parte del peronismo, incluidos senadores vinculados con La Cámpora.
Después apareció la necesidad de endurecer posiciones.
Y el rigor ideológico aterrizó justo sobre la negociación porteña.
Es una tradición bastante argentina:
la culpa por lo que votaste el martes se resuelve votando otra cosa el jueves.
No arregla el martes.
Pero uno duerme fenómeno el jueves.
Recalde descubrió la intervención sin necesidad de decreto
El episodio dejó a Mariano Recalde en una posición incómoda.
Porque el problema no es simplemente perder dos lugares.
El problema es que negoció en representación de un espacio que después decidió que él no representaba tanto al espacio como él pensaba.
Eso, en política, se llama desautorización.
En La Cámpora seguramente encontrarán una expresión más amable.
“Diferencias tácticas”.
“Discusión entre compañeros”.
“Construcción colectiva”.
“Debate interno”.
Todas formas maravillosas de evitar la frase:
Máximo le bajó la persiana mientras Recalde todavía estaba atendiendo.
Y la cuestión se vuelve especialmente delicada porque durante este año deberían renovarse las autoridades del PJ porteño.
Hasta ahora existía bastante consenso en prorrogar los mandatos y mantener a Recalde al frente.
Pero después del episodio apareció otro nombre:
Paula Penacca.
La diputada nacional sería la preferida de Máximo para ganar peso en el distrito.
Traducido:
Recalde todavía conserva la silla.
Penacca ya está preguntando si combina con el escritorio.
El peronismo porteño encontró otra interna
Todo esto ocurre mientras el peronismo intenta discutir cómo recuperar competitividad electoral en la Ciudad de Buenos Aires.
Objetivo razonable.
Para conseguirlo eligieron una metodología revolucionaria:
pelearse por quién administra una estructura que todavía no consiguió ganar la Ciudad.
Es como discutir quién maneja el minibar del Titanic.
Pero con unidades básicas.
Recalde venía fortalecido por el resultado electoral de 2025 y mantenía interlocución con distintos sectores del PJ porteño.
Máximo acaba de recordarle que una buena elección puede fortalecer políticamente a un dirigente.
Pero una llamada telefónica también.
Cuatro votos, dos cargos y cero aburrimiento
La parte matemáticamente más hermosa del episodio es que La Cámpora cuenta con apenas cuatro legisladores dentro del bloque.
Cuatro.
No alcanzaron para impedir las designaciones.
Sí alcanzaron para dinamitar el acuerdo propio.
Es una capacidad política extraordinaria:
no tener votos suficientes para ganarle al adversario pero sí para cagarte la negociación a vos mismo.
Una suerte de minoría con capacidad de autodestrucción mayoritaria.
Desde otros sectores del peronismo consideran que la decisión terminó beneficiando indirectamente al PRO y a sectores vinculados con Horacio Rodríguez Larreta, que pudieron ocupar espacios que habían sido negociados para el peronismo.
Es decir que la maniobra diseñada para preservar la pureza política terminó dejando cargos en manos ajenas.
El enemigo agradecido.
Los compañeros puteando.
La revolución sigue su curso.
No existe ninguna interna y acá está la foto para demostrarlo
Como corresponde a toda interna política argentina, desde un sector de La Cámpora aseguran que no existe ninguna interna.
La prueba sería que Máximo y Recalde compartieron posteriormente una actividad en Colegiales.
Excelente.
En Argentina, aparecer juntos en una actividad demuestra que no existe una pelea con aproximadamente la misma contundencia científica con la que una foto familiar de Navidad demuestra que nadie está esperando que muera la abuela para discutir el departamento.
Además, en las imágenes difundidas de aquella actividad aparecieron Máximo, Julia Strada y Emiliano Estrada.
Recalde no.
Pero seguramente estaba sacando la foto.
Cristina tiene departamento, Máximo tiene lapicera
El dato más cruel es que Recalde pertenece al círculo de dirigentes históricamente cercanos a Cristina e incluso tiene un departamento en el mismo edificio de San José 1111.
Más cerca físicamente resulta complicado.
Pero la política acaba de enseñarle una vieja lección inmobiliaria:
podés vivir cerca de Cristina y quedar lejos de Máximo.
Ahora comienza la verdadera discusión por la conducción del PJ porteño.
Recalde tiene trayectoria, estructura y conocimiento del distrito.
Penacca aparece impulsada por Máximo.
Olmos conserva su propio juego.
Los demás sectores observan.
Y todos aseguran trabajar por la unidad.
Por supuesto.
En el peronismo la unidad no significa que nadie se pelee.
Significa que todos se pelean adentro del mismo partido.
Así que La Cámpora consiguió otra de esas jornadas políticas difíciles de olvidar.
Recalde negoció dos cargos.
Máximo tumbó el acuerdo.
Los cargos terminaron en otras manos.
Recalde quedó debilitado.
Penacca empezó a crecer.
Y el adversario apenas tuvo que sentarse a mirar.
Una obra maestra de la conducción.
Máximo no necesitó intervenir el PJ porteño.
Le alcanzó con intervenir a Recalde y dejar que el resto se intervenga solo.

























