Cuarenta rescatistas santafesinos certificados por la ONU permanecen listos para viajar desde hace días, pero la ruptura de relaciones diplomáticas entre Argentina y Venezuela mantiene frenada la misión. El contingente cuenta con tecnología capaz de detectar sobrevivientes bajo los escombros.
Mientras decenas de países ya desplegaron equipos de rescate en las zonas devastadas por los terremotos en Venezuela, un contingente argentino de bomberos especializados permanece inmovilizado en Santa Fe. No les falta entrenamiento, equipamiento ni disponibilidad. Lo que falta es un puente diplomático que permita coordinar su ingreso al país.
La brigada de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR) de Bomberos Voluntarios de Santa Fe permanece en estado de alerta desde el fin de semana. Sus 40 integrantes fueron activados apenas ocurrió la catástrofe, completaron toda la documentación requerida para una misión internacional y prepararon varias toneladas de equipamiento de alta tecnología. Sin embargo, el operativo quedó paralizado por la ruptura de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Javier Milei y Nicolás Maduro.
Fuentes vinculadas al operativo señalaron que el principal obstáculo no es técnico sino político. Para desplegar una misión internacional de estas características se requiere que el país receptor garantice el ingreso del personal, facilite un área segura para instalar el campamento, coordine la logística básica y mantenga comunicación permanente con las autoridades argentinas. Hoy Argentina no cuenta con embajada ni consulado operativo en Caracas que pueda cumplir esa función.
Los rescatistas santafesinos forman parte del reducido grupo de equipos certificados bajo las normas INSARAG, el sistema de Naciones Unidas que coordina las operaciones internacionales de búsqueda y rescate en grandes desastres. Registrados como ARG-15, están capacitados para operar entre diez y quince días de manera completamente autónoma, transportando su propio campamento, comunicaciones, atención sanitaria y logística.
La unidad cuenta además con tecnología de última generación incorporada recientemente por la provincia de Santa Fe. Entre sus equipos se encuentran sistemas electrónicos capaces de detectar movimientos, golpes e incluso latidos cardíacos bajo estructuras colapsadas, herramientas fundamentales durante las primeras horas posteriores a un terremoto, cuando las posibilidades de encontrar sobrevivientes aún son elevadas.
El contingente permaneció concentrado durante varios días en Rosario esperando la orden de embarque en un avión Hércules de la Fuerza Aérea Argentina. El vuelo nunca llegó. Ahora los brigadistas continúan bajo alerta amarilla, con sus actividades laborales y familiares suspendidas, preparados para partir en cualquier momento si Cancillería logra destrabar la autorización.
La demora también expone el costo práctico de la ruptura diplomática impulsada por el Gobierno nacional. Tras retirar el personal argentino de Caracas y cerrar la representación diplomática, cualquier operación humanitaria requiere negociaciones más complejas entre ambos Estados, justamente en medio de una de las mayores emergencias naturales que enfrenta Venezuela.
Mientras tanto, brigadas procedentes de Qatar, Vietnam, Estados Unidos y otros países ya trabajan sobre el terreno junto a miles de rescatistas internacionales. Argentina también envió un primer contingente militar con personal del Ejército y equipamiento, aunque el operativo enfrentó dificultades logísticas para instalarse en la zona afectada.
Cada hora que pasa reduce las posibilidades de encontrar personas con vida bajo los edificios derrumbados. Los bomberos santafesinos siguen esperando una autorización que no depende de su preparación ni de su voluntad, sino de una relación diplomática rota que hoy también condiciona la ayuda humanitaria.



























