La poesía que encontré cuando dejé de correr

En una casa de Imbassaí, después de atravesar por primera vez la intensidad cultural de Salvador de Bahía, encontré Poesias Acidentais, el primer libro de la escritora bahiana Cris Vaccarezza, publicado en 2024. Entre un poema escrito hace 34 años, el río que busca el Atlántico y un escritorio donde retomé mi propia poesía, aquella lectura terminó dialogando con el duelo, la migración y todo lo que aparece cuando una consigue, finalmente, bajar el ruido.


Llegué a Imbassaí cansada. No era ese cansancio sencillo que se arregla durmiendo ocho horas, apagando el teléfono o pasando unos días lejos de casa. Era otro, de los que se instalan sin pedir permiso hasta que una termina acostumbrándose a vivir con ellos, como si llevar el cuerpo un poco más pesado, dormir pensando en lo que falta hacer y despertarse recordando lo que ya no está fueran consecuencias inevitables de seguir adelante. Venía de un año de trabajo intenso, proyectos, viajes y escritura, pero también de la muerte de dos seres queridos, de problemas de salud de mi esposo, de otros miembros de mi familia y míos, de esas preocupaciones que se acumulan mientras una sigue cumpliendo con la vida cotidiana como si nada estuviera ocurriendo. Las ausencias y los miedos se habían ido acomodando dentro de mí sin que yo encontrara todavía dónde ponerlos. Algunas pérdidas no se superan ni se resuelven: una aprende a hacerles sitio; algunos temores tampoco desaparecen porque una decida no pensarlos. El problema es que, para hacer lugar a todo eso sin dejar que nos ocupe por completo, primero hay que detenerse, y yo llevaba demasiado tiempo sin hacerlo.

Soy periodista, escritora, compositora, poeta publicada y, además, estudio Psicología Educativa. A esta altura me falta aprender a volar en escoba y asaltar un banco, esto último no por vocación delictiva sino porque, como viene la economía, empieza a parecer una alternativa laboral con posibilidades de crecimiento. Hago muchas cosas, quizás demasiadas, en un tiempo que convirtió el agotamiento en mérito, la disponibilidad permanente en virtud y la precariedad en una especie de curso obligatorio de supervivencia. Vivimos dentro de una economía que ya no se conforma con consumir bienes y servicios: consume tiempo, atención, cuerpos, afectos y, cuando termina de exprimirlos, también descarta personas. Una maravilla del progreso: antes las máquinas tenían obsolescencia programada; ahora parece que también nosotros.

Mi oficio consiste, en buena medida, en mirar el mundo y convertirlo en palabras, pero durante meses el mundo había entrado en mi vida con una velocidad que dejaba poco espacio para observarlo. Las noticias no terminan nunca: una guerra desplaza a la anterior, una crisis económica se monta sobre otra, la política convierte cada jornada en emergencia y la tecnología consigue que ninguna tragedia ocurra suficientemente lejos. El teléfono se convirtió en esa pequeña ventana que llevamos en el bolsillo para comprobar, a cualquier hora, que en alguna parte del planeta algo acaba de incendiarse.

A eso se suma nuestra propia vida, que no suspende sus duelos, enfermedades ni preocupaciones porque exista una fecha de cierre, una nota que entregar, un examen que rendir o un próximo libro esperando turno. Había seguido trabajando porque sé hacerlo, estudiando porque todavía tengo la extravagante costumbre de querer aprender, escribiendo porque es mi manera de estar en el mundo y resolviendo porque las mujeres aprendemos demasiado pronto que muchas cosas continúan funcionando precisamente porque nosotras no nos detenemos. Por eso fui a Imbassaí: sabía perfectamente de qué necesitaba descansar; lo que no sabía era qué iba a encontrar cuando finalmente lo hiciera

De Salvador al silencio

Antes había estado Salvador de Bahía. Era nuestra primera vez allí y, para mí, dominicana y afrodescendiente, llegar a una de las grandes capitales negras de América fue mucho más que conocer otro destino turístico. El Pelourinho se presentó como una experiencia difícil de separar en sentidos: los colores de las fachadas, la música que irrumpe en las calles, los cuerpos que bailan, la comida, el olor de las frutas, las iglesias católicas y una espiritualidad afrobrasileña que no permanece confinada a lo privado. Salvador obliga también a mirar las contradicciones de una ciudad donde la belleza monumental convive con las huellas de la esclavitud y donde la cultura afrobrasileña convirtió siglos de violencia y resistencia en una presencia imposible de relegar a una nota al pie.

Como mujer caribeña, muchas cosas me resultaban nuevas y extrañamente familiares al mismo tiempo. No porque Bahía sea una prolongación del Caribe —cada territorio afrodescendiente construyó su propia historia—, sino porque ciertas formas de relacionarnos con el cuerpo, la música, los alimentos, los ancestros y lo sagrado producen reconocimientos que no siempre necesitan traducción. Pasear por el Pelourinho fue alucinante precisamente por esa intensidad. Cada calle parecía ofrecer algo que mirar, escuchar, probar, preguntar o recordar; cada jornada dejaba una cantidad de imágenes que todavía necesitaban tiempo para convertirse en experiencia.

Ir después a Imbassaí fue cambiar del cielo a la tierra sin salir de Bahía. A poco más de 60 kilómetros de Salvador, en el municipio de Mata de São João, el movimiento urbano fue reemplazado por vegetación, arena, río y océano. No necesitaba acumular más experiencias sino procesar las que ya llevaba conmigo. Salvador había llenado mis sentidos; Imbassaí empezó a ordenarlos.

La transformación ocurrió en cosas pequeñas. Leo, mi perro, podía estar con nosotros y descansar cerca; las mañanas ya no comenzaban necesariamente con la obligación de saber qué había ocurrido durante la noche; podía caminar sin convertir cada desplazamiento en un horario. Y apareció la casa donde nos alojamos, vinculada a Cris Vaccarezza, que resultó ser bastante más que un lugar alquilado para pasar unos días. Tiene algo que muchos alojamientos turísticos eliminan deliberadamente: personalidad. Arte, objetos escogidos con sensibilidad y, sobre todo, libros. Libros de Vaccarezza y de otros autores integrados al espacio con la naturalidad de quien no los utiliza como decoración sino como parte de su vida.

En mi habitación encontré además un escritorio. No debería haber sido importante y, sin embargo, lo fue. Quienes escribimos sabemos que una mesa vacía puede ser una provocación. Había llegado con un próximo poemario rondándome la cabeza, un libro que quiero escribir sola después de haber transitado una experiencia de poesía afrocentrada colectiva. No voy a desprenderme de aquello que soy —mujer negra, migrante, afrodiásporica y antirracista— porque sería absurdo imaginar que una escritora puede quitarse su historia antes de sentarse frente a una página. Pero esta vez quiero saber qué ocurre con mi voz cuando no está aquilombada con otras voces, cuando puede entrar también en el deseo, la pérdida, el cuerpo, la espiritualidad, el miedo y las contradicciones sin que cada verso tenga la obligación de convertirse en manifiesto.

Fue entre aquellos libros, a pocos pasos del escritorio donde empezaba a reencontrarme con mi propia escritura, que apareció Poesias Acidentais. Yo no había viajado buscando a Cris Vaccarezza ni llevaba su poemario en la valija. El libro estaba allí. La coincidencia habría podido no significar absolutamente nada, pero terminó resultándome apropiada para una obra cuyo título convierte precisamente lo accidental en posibilidad poética: había viajado para descansar de las palabras y las palabras me estaban esperando en la habitación.

La poesía empieza donde una vuelve a mirar

Poesias Acidentais fue publicado por Editora Viseu en 2024 y tiene 86 páginas. Pero la fecha editorial cuenta apenas una parte de su historia. Algunos de sus textos son considerablemente anteriores y uno de los poemas que más me gustó me permitió comprobarlo en el propio ejemplar: “Exílio Poético (Mãe)” está fechado “Salvador, 1990”. Tenía entre las manos, entonces, un poema escrito treinta y cuatro años antes de la publicación del libro. Esa distancia temporal modificó mi lectura porque el volumen comenzó a parecerme menos una colección producida para cumplir con una edición que un archivo emocional construido en diferentes momentos de una vida.

“Exílio Poético” me detuvo. Vaccarezza mira por una ventana y encuentra la inmensidad de la ciudad, el exceso de sonidos, la voz que se calla, una memoria herida y después la calle, poblada por rostros que parecen haber perdido el encanto. Entre esas personas busca a alguien y, detrás de esa búsqueda, aparece finalmente el deseo de volver a casa. El poema está dedicado a la madre y consigue desplazarse de la experiencia individual hacia una sensación mucho más amplia: estar rodeada de gente y, sin embargo, sentirse exiliada. No necesito apropiarme de la biografía de la autora ni atribuirle al texto algo que no dice para reconocer la potencia de esa imagen. Soy dominicana, migrante y llevo años viviendo lejos del país donde nací; sé que “volver a casa” puede ser una frase bastante más complicada de lo que sugieren tres palabras.

Hay, además, una paradoja que volvió esta lectura todavía más personal: yo no hablo portugués y, sin embargo, leer Poesias Acidentais no me resultó difícil. Por supuesto, la cercanía entre el portugués y el español ayuda, y sería ingenuo fingir que una lengua puede comprenderse completamente sin conocerla. Pero con estos poemas me ocurrió algo anterior a la traducción. Algunas palabras podían obligarme a detenerme, deducir o buscar un significado, mientras la emoción ya había llegado.

Quizás sea porque la poesía comparte algo con las matemáticas y con la música: las tres pueden convertirse en idiomas universales. No porque todas las culturas sientan, calculen, escriban o escuchen de la misma manera, sino porque poseen estructuras capaces de atravesar las fronteras lingüísticas. Una ecuación puede resolverse en Santo Domingo, Buenos Aires o Salvador; una melodía puede conmovernos sin preguntarnos qué idioma hablamos; un poema puede hacernos reconocer una pérdida antes de que hayamos traducido todas sus palabras. Eso me ocurrió con “Exílio Poético”: primero entendí la soledad, la búsqueda y las ganas de volver; después terminé de comprender el portugués que las nombraba.

Esa experiencia resume también una de las virtudes de Poesias Acidentais. Vaccarezza escribe poemas breves, de lectura fluida, que se desplazan entre amor, soledad, vínculos, introspección, dolor y aquello que permanece sin decirse. No existe una trama que obligue a avanzar hacia un desenlace ni una arquitectura deliberadamente hermética que convierta la lectura en examen. Los poemas funcionan como detenciones: momentos ordinarios que adquieren otra dimensión porque alguien decidió observarlos.

Lo accidental del título, por eso, no me parece sinónimo de improvisación. Es aquello que ocurre mientras estamos ocupadas viviendo y que solamente se convierte en materia poética cuando conseguimos mirarlo. La soledad que aparece en el libro no necesita una casa vacía; puede convivir con los afectos. El amor no siempre aparece realizado: también existe en lo que no se dijo, en aquello que llegó tarde y en las posibilidades que quedaron suspendidas. La verdad, por su parte, no se presenta como una pieza inmóvil esperando ser descubierta, sino atravesada por memoria, perspectivas y contradicciones.

Vaccarezza no pretende resolver esas preguntas. Tampoco escribe una poesía que prometa sanar cada herida, una fórmula demasiado frecuente en tiempos en que hasta el dolor parece obligado a convertirse rápidamente en aprendizaje. Sus poemas permiten permanecer un rato en la incomodidad. El accidente ocurre en la vida; la poesía comienza cuando alguien se queda mirándolo.

Cris Vaccarezza, la mujer detrás del libro

Cris Vaccarezza —Cristiane Vaccarezza Amarante— es una escritora bahiana nacida en Salvador en 1972 y radicada en Feira de Santana. Su recorrido profesional cruza territorios que a primera vista parecen alejados de la literatura: es odontóloga, se especializó en radiología e imagen odontológica y ortodoncia, y también posee formación en psicoanálisis. Ella misma ha contado que escribe desde la adolescencia y que durante años sostuvo el blog Poesias Acidentais, donde publicó poesía, crónicas y relatos; parte de aquel recorrido desembocaría después en su primer libro.

Después del poemario llegó Inimputável – À margem da loucura, publicado en 2025, una novela que desplaza sus preguntas hacia un territorio más oscuro: las fronteras entre cordura, enfermedad mental, responsabilidad y justicia. La historia sigue a un joven psiquiatra que accede a los escritos de un exabogado acusado de asesinato y recluido en una institución psiquiátrica, a partir de los cuales comienza a reconstruirse una verdad cada vez menos cómoda. Cambia el género, pero persiste una inquietud reconocible: cuánto sabemos realmente de otra persona y con qué facilidad convertimos nuestras categorías en sentencias.

Su bibliografía incluye también Fragmentos de Mim, publicado de manera independiente en 2025, además de participaciones en antologías. Más que buscar una unidad artificial entre todos sus trabajos, me interesa observar una autora que se permite desplazarse: del poema a la novela, de la intimidad a la mente, de la experiencia cotidiana a zonas donde aquello que parecía evidente empieza a dejar de serlo.

Imbassaí y el camino del río

También estaba el paisaje, que terminó interviniendo en la lectura. Imbassaí pertenece al municipio de Mata de São João y su nombre tiene origen tupi. La referencia histórica local traduce el topónimo como “camino del río”, mientras que con el tiempo se popularizó la idea del “encuentro de las aguas” por la particular geografía del lugar: el río corre paralelo al mar, separado durante parte de su recorrido por dunas y vegetación, hasta desembocar finalmente en el Atlántico. La región estuvo habitada por pueblos tupinambás antes de la colonización portuguesa.

Un argentino llamado Carlos que lleva catorce años viviendo aquí me habló precisamente de esa unión entre agua dulce y salada. Entonces ocurrió otra de esas coincidencias que no significan nada para los demás y pueden significarlo todo para quien las experimenta. En una canción mía, Altar del deseo, ya había utilizado la imagen del río acercándose al mar como algo cósmico. Encontrarme después físicamente frente a esa escena, contemplar dos aguas diferentes aproximándose hasta que resulta imposible establecer dónde termina una y comienza la otra, fue como encontrar una metáfora propia convertida en geografía.

No quiero romantizar el descanso. Veinte días entre árboles, río y océano no borran un duelo, solucionan una crisis económica ni detienen las guerras. Desacelerar hace algo diferente: cambia las condiciones en las que escuchamos aquello que nos ocurre. Cuando la mente descansa, de alguna manera el mundo también descansa, no porque deje de suceder sino porque solo podemos conocerlo a través de la conciencia que lo interpreta. Una mente sometida permanentemente a estímulos, urgencias, titulares, mensajes y amenazas termina recibiendo la realidad desde esa misma agitación; serenarla permite recuperar cierta distancia para observar, comprender y decidir qué merece nuestra atención.

Ahí Poesias Acidentais encontró definitivamente su lugar dentro de mi viaje. Vaccarezza observa afectos, ausencias, ciudades, vínculos y contradicciones hasta encontrar materia poética donde otra persona habría seguido caminando. El libro no me enseñó a descansar ni pretendió explicarme mis pérdidas. Coincidió con un momento en que estaba recuperando una capacidad mucho más elemental y que la rutina había erosionado: prestar atención.

Escribir después del ruido

También comprendí algo sobre mi propio poemario mientras trabajaba en aquel escritorio. Después de haber transitado una experiencia poética afrocentrada colectiva necesito enfrentar la página desde el singular. Mi escritura continuará atravesada por la afrodiáspora, la migración, el racismo y la memoria porque esas experiencias forman parte de la mujer que escribe, pero una mujer negra también tiene derecho literario a escribir sobre deseo, cansancio, erotismo, duelo, espiritualidad, contradicción, miedo o placer sin tener que presentar credenciales identitarias en cada poema. No significa abandonar una escritura política, sino ampliar aquello que entendemos como político: nuestra intimidad también ha sido históricamente disputada.

Un libro no cambia sus palabras según el lugar donde lo abrimos. Nosotras sí cambiamos, y por eso ninguna lectura sucede exactamente dos veces. Si hubiera encontrado Poesias Acidentais entre dos compromisos en Buenos Aires probablemente habría leído las mismas páginas, pero no habría leído este mismo libro. Este apareció después de Salvador, de los tambores, las comidas, las iglesias y la espiritualidad del Pelourinho; después de un año de trabajo y pérdidas; junto a mi esposo Jorge, su hijo Gonzalo y mi pequeño Leo; dentro de una casa llena de arte y libros; frente a un escritorio donde otro poemario comenzaba a respirar.

Me llevo de Imbassaí esa certeza. Su nombre habla del camino del río y el río no necesita apresurarse para llegar al océano. Bordea la vegetación, acompaña las dunas y continúa hasta mezclarse con el agua salada. Yo llegué queriendo descansar y terminé escribiendo; llegué cargando ausencias y encontré un libro que no intentó explicármelas; llegué después de la intensidad de Salvador buscando silencio y descubrí que el silencio también estaba lleno de cosas.

Tal vez de eso traten finalmente los poemas accidentales: de aquello que siempre estuvo delante de nosotras, pero solo aparece cuando dejamos de correr lo suficiente como para verlo.

Poesias Acidentais | Ficha de lectura

DatoInformación
TítuloPoesias Acidentais
AutoraCris Vaccarezza (Cristiane Vaccarezza Amarante)
AutoraEscritora y poeta bahiana; odontóloga con especializaciones en radiología e imagen odontológica y ortodoncia, y formación en psicoanálisis
Lugar de origenSalvador de Bahía, Brasil; reside en Feira de Santana
GéneroPoesía
EditorialEditora Viseu
Publicación2024
Extensión86 páginas
ISBN978-65-254-9618-4
Un poema destacado“Exílio Poético (Mãe)”, fechado por la autora en Salvador, 1990
Otros librosInimputável – À margem da loucura (2025) y Fragmentos de Mim (2025)
Cómo conseguirloPuede adquirirse en Brasil a través de librerías y plataformas de venta de libros; la disponibilidad también puede consultarse con la autora
Instagram@escritora_cris_vaccarezza
  • Foto del avatar

    Melina Schweizer

    Melina Schweizer es periodista, escritora, compositora y poeta dominicana naturalizada argentina, fundadora y editora de infonegro.com. Coeditó y coordinó la antología Aquelarre de Negras (2021), actualmente en su primera edición impresa, y en 2022 recibió una mención especial en los Premios Lola Mora por su trabajo periodístico en defensa de los derechos de las mujeres. Es autora de la novela El mundo de Laurita: el secreto del museo antártico (2026).

    Related Posts

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    El concejal del PRO Nicolás Morzone anunció que “si hay que ir a la guerra, se irá”, mientras acusaba de kirchneristas a excombatientes que cuestionaron el giro malvinero de Milei.…

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    El máximo tribunal convocó a los jueces Alberto Dalla Vía y Luis Rabbi Baldi Cabanillas para resolver la queja presentada por la Procuración de Investigaciones Administrativas. La causa investiga si…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    You Missed

    Renunció Sabor al gobierno de Jorge Macri: por suerte se olvidó de irse

    Renunció Sabor al gobierno de Jorge Macri: por suerte se olvidó de irse

    Córdoba: una denuncia por abuso golpea al armado de De Loredo en la Legislatura

    Córdoba: una denuncia por abuso golpea al armado de De Loredo en la Legislatura

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    Morzone pidió ir a la guerra por Malvinas: empezó atacando a los que ya fueron

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    La Corte desempata el caso Paseo del Bajo que compromete a Larreta y Dietrich

    La inflación perforó el 2%, pero el núcleo no baja: el 1,7% de agosto tuvo ayuda de los estacionales

    La inflación perforó el 2%, pero el núcleo no baja: el 1,7% de agosto tuvo ayuda de los estacionales

    Los gobernadores le creen a Milei: por eso quieren todo firmado

    Los que construyen la IA piden un freno: la advertencia que expone la carrera más peligrosa de Silicon Valley

    Los que construyen la IA piden un freno: la advertencia que expone la carrera más peligrosa de Silicon Valley

    Milei vuelve a Estados Unidos para hablar ante el Citi y la red liberal

    Milei vuelve a Estados Unidos para hablar ante el Citi y la red liberal

    Con seis millones de morosos, LLA ofrece educación financiera y rechaza aliviar las deudas

    Con seis millones de morosos, LLA ofrece educación financiera y rechaza aliviar las deudas

    El dólar barato empieza a pasar factura: el peso se apreció 12% y el mercado teme una corrección

    El dólar barato empieza a pasar factura: el peso se apreció 12% y el mercado teme una corrección

    Bullrich quiso arrancar el Senado y Toto le vació el tanque

    Bullrich quiso arrancar el Senado y Toto le vació el tanque

    Estados Unidos: la deuda roza los USD 40 billones y Wall Street exige más

    Estados Unidos: la deuda roza los USD 40 billones y Wall Street exige más

    El Gobierno retiene $60 mil millones y los bomberos lanzan un sirenazo nacional

    El Gobierno retiene $60 mil millones y los bomberos lanzan un sirenazo nacional

    El oro del Central sigue sin domicilio: Bausili dijo BIS y el mercado apunta a Londres

    El oro del Central sigue sin domicilio: Bausili dijo BIS y el mercado apunta a Londres

    85 AÑOS DEL NACIMIENTO DE OTIS REDDING, EL REY DEL SOUL

    85 AÑOS DEL NACIMIENTO DE OTIS REDDING, EL REY DEL SOUL

    Las flores que crecen cuando todo se cae

    Las flores que crecen cuando todo se cae

    Feira Preta abre 300 becas gratuitas para impulsar emprendimientos afro en América Latina

    Feira Preta abre 300 becas gratuitas para impulsar emprendimientos afro en América Latina

    Un machirulo menos en los medios de comunicación

    Un machirulo menos en los medios de comunicación

    El pacto de las patentes amenaza con encarecer los medicamentos en Argentina

    El pacto de las patentes amenaza con encarecer los medicamentos en Argentina

    Corrupción y desempleo arrinconan a Milei y desplazan a la inflación

    Corrupción y desempleo arrinconan a Milei y desplazan a la inflación

    La recesión llegó al aula: Rivadavia perdió $4.818 millones y sus ventas se hundieron 34%

    La recesión llegó al aula: Rivadavia perdió $4.818 millones y sus ventas se hundieron 34%

    La Justicia frenó a Milei y abrió una batalla federal por el agua de AySA

    La Justicia frenó a Milei y abrió una batalla federal por el agua de AySA

    Manzur vuelve a caminar y amenaza con partir el peronismo de Jaldo en Tucumán

    Manzur vuelve a caminar y amenaza con partir el peronismo de Jaldo en Tucumán

    Zamora desafía a Kicillof y promete una liga de gobernadores para 2027

    Zamora desafía a Kicillof y promete una liga de gobernadores para 2027

    Massa y Schiaretti compartieron salón: el SAME quedó preventivamente en la puerta

    Massa y Schiaretti compartieron salón: el SAME quedó preventivamente en la puerta

    Milei perdió contra un salame: esta vez era el de la foto

    Milei perdió contra un salame: esta vez era el de la foto

    La industria cayó 5% y el modelo de Milei entró en fase de destrucción productiva

    La industria cayó 5% y el modelo de Milei entró en fase de destrucción productiva