Almaceneros del AMBA denuncian que las nuevas listas de precios llegan con aumentos de entre 3% y 7%, muy por encima de la inflación estimada para junio. La caída del poder adquisitivo y el menor consumo complican la reposición de mercadería y profundizan la crisis del comercio de cercanía.
La desaceleración de la inflación que el Gobierno presenta como uno de los principales logros económicos no termina de reflejarse en las góndolas de los comercios de barrio. Durante los últimos días, almacenes y autoservicios del Área Metropolitana de Buenos Aires comenzaron a recibir nuevas listas de precios con incrementos que, en algunos productos, duplican e incluso triplican el índice de inflación que proyectan las consultoras privadas para junio.
El fenómeno afecta especialmente a los pequeños comercios, donde compra buena parte de las familias trabajadoras y de menores ingresos. A diferencia de las grandes cadenas, los almacenes cuentan con menor capacidad para negociar precios y absorber aumentos, por lo que la actualización de costos termina trasladándose rápidamente al consumidor.
Fernando Savore, presidente de la Federación de Almaceneros de la provincia de Buenos Aires, aseguró que durante la última semana llegaron listas con incrementos de entre el 3% y el 4% en productos de almacén, especialmente en galletitas y lácteos. Sin embargo, algunos rubros registraron aumentos todavía mayores.
El café encabezó las subas con un incremento cercano al 7%, mientras que varias marcas de gaseosas, mermeladas y otros alimentos también actualizaron sus precios por encima del promedio esperado para la inflación mensual.
La situación preocupa porque esos aumentos se producen en un contexto donde la mayoría de las consultoras privadas proyecta que el Índice de Precios al Consumidor de junio se ubicará entre 1,9% y 2,1%. Es decir, numerosos productos de consumo cotidiano están aumentando muy por encima del promedio general.
Para los comerciantes, el principal problema ya no es solamente la inflación sino la pérdida sostenida del poder adquisitivo. Con salarios que continúan rezagados respecto de los precios, cada nueva lista implica un riesgo adicional de perder ventas.
«Los sueldos no acompañan. Nosotros tampoco podemos remarcar todo lo que aumenta porque después la mercadería queda en la góndola y no la compra nadie», advirtió Savore al describir la situación que atraviesan miles de pequeños comercios.
El dirigente explicó además que el consumo mantiene una dinámica cada vez más corta. Según describió, el cobro del aguinaldo y el Mundial de fútbol generaron un leve movimiento durante los últimos días, pero el efecto dura poco. «La realidad es que alrededor del día 20 la mayoría de las familias ya se quedó sin sueldo», resumió.
Las dificultades para sostener el consumo aparecen también en distintos indicadores económicos difundidos durante las últimas semanas. La caída de las ventas minoristas, el aumento del trabajo informal, el crecimiento de la morosidad y la reducción del consumo masivo muestran que la mejora de algunas variables macroeconómicas todavía no logra traducirse en una recuperación del poder de compra.
Mientras tanto, las expectativas sobre la inflación de junio siguen divididas. Consultoras como Analytica, EcoGo, Equilibra y C&T estiman un incremento mensual del 1,9%, mientras que otras, como LCG y OJF, proyectan un 2,1%, lo que marcaría un freno en el proceso de desaceleración observado durante abril y mayo.
La respuesta definitiva llegará el 14 de julio, cuando el INDEC publique el Índice de Precios al Consumidor correspondiente a junio. Sin embargo, para miles de comerciantes y consumidores, la sensación cotidiana ya parece anticipar una realidad distinta: aunque la inflación promedio continúe bajando, muchos de los productos que integran la mesa diaria siguen aumentando a un ritmo muy superior al que muestran las estadísticas generales.



























