Los ingresos tributarios volvieron a perder contra la inflación en junio y acumulan una caída real del 5,3% en el semestre. La baja de la recaudación limita el margen fiscal del Gobierno mientras casi la mitad del salario de una familia formal se destina al pago de impuestos.
La recaudación tributaria volvió a deteriorarse durante junio y profundizó uno de los principales desafíos económicos del Gobierno: sostener el equilibrio fiscal con una caja que continúa perdiendo poder de compra. Según los datos oficiales, los ingresos impositivos alcanzaron los $20 billones, lo que representó un crecimiento nominal del 23,7% interanual, muy por debajo de una inflación que ronda el 33% anual. En términos reales, la caída fue del 7,4% respecto del mismo mes de 2025.
El retroceso también se reflejó frente a mayo, cuando la recaudación había superado los $21 billones impulsada por el ingreso extraordinario del Impuesto a las Ganancias de las sociedades. Sin ese efecto, los recursos volvieron a mostrar señales de debilidad en un contexto de menor actividad económica y deterioro del empleo formal.
Entre los factores que explican la caída aparecen la reducción temporal de las retenciones al agro, que provocó un desplome del 27,8% nominal en los derechos de exportación, y la menor recaudación por derechos de importación, afectada por una base de comparación elevada y por el menor dinamismo del comercio exterior. A ello se sumó la postergación para julio del vencimiento del Impuesto a las Ganancias y Bienes Personales correspondiente a personas humanas.
Pero el dato que más preocupa a los analistas es el comportamiento de los impuestos vinculados al consumo y al empleo registrado. El IVA, considerado uno de los principales indicadores de la actividad económica formal, registró una caída real del 7,2%, mientras que los aportes personales retrocedieron 4,6% y las contribuciones patronales bajaron 3,3%, reflejando la pérdida de empleo registrado y el crecimiento de la informalidad.
De acuerdo con estimaciones privadas, desde el inicio de la actual gestión se perdieron más de 300.000 puestos de trabajo formales, mientras crecieron tanto el trabajo informal como el empleo por cuenta propia, modificando la estructura del mercado laboral y reduciendo la capacidad recaudatoria del Estado.
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) mostró que durante el primer semestre de 2026 la recaudación tributaria acumuló una caída real del 5,3%. Los recursos que permanecen en la Nación disminuyeron 6,4%, mientras que los destinados a las provincias retrocedieron 3%.
Traducido a valores actuales, el Estado nacional dejó de percibir alrededor de $5,3 billones, mientras que las provincias resignaron otros $1,2 billones, lo que representa una pérdida consolidada cercana a $6,5 billones durante los primeros seis meses del año.
Frente a este escenario, el Gobierno continúa recurriendo a ajustes parciales para intentar sostener el resultado fiscal. La actualización de los impuestos a los combustibles, la reducción de subsidios económicos y el recorte de distintas partidas presupuestarias forman parte de una estrategia destinada a compensar la pérdida de ingresos sin abandonar el objetivo de mantener el superávit.
Sin embargo, la menor recaudación convive con una presión tributaria que continúa siendo elevada para quienes permanecen dentro de la economía formal. Según el mismo informe del IARAF, una familia asalariada destina entre el 49,2% y el 49,9% de sus ingresos al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales. En términos prácticos, un trabajador formal necesita destinar entre 172 y 182 días del año únicamente para cumplir con sus obligaciones tributarias.
La estructura de esa carga también presenta diferencias según el nivel de ingresos. En los hogares de menores recursos predominan los impuestos al consumo, como el IVA e Ingresos Brutos, que absorben una mayor proporción del ingreso disponible debido a que prácticamente todo el salario se destina al gasto cotidiano. En los sectores de mayores ingresos adquiere mayor peso el Impuesto a las Ganancias, aunque la incidencia de los tributos laborales disminuye por los topes vigentes sobre los aportes personales.
El comportamiento de la recaudación se convirtió así en una de las variables centrales para el segundo semestre. Si los ingresos continúan perdiendo contra la inflación y la actividad económica no logra consolidar una recuperación más amplia, el Gobierno tendrá menos margen para sostener el equilibrio fiscal sin recurrir a nuevos recortes o a una mayor presión sobre otras fuentes de financiamiento.



























