La inflación volvió a desacelerarse en junio, pero el alivio no llegó a las familias. Las ventas minoristas cayeron un 18%, más de la mitad de los hogares redujo la cantidad de comidas y el 90% debió recurrir al crédito o al fiado para poder comprar alimentos.
La desaceleración de la inflación todavía no logra traducirse en una mejora del poder adquisitivo ni en una recuperación del consumo. Córdoba volvió a mostrar en junio una de las caras más crudas de la crisis económica: mientras los precios aumentaron al ritmo más bajo de los últimos once meses, las ventas siguieron desplomándose, miles de familias redujeron su alimentación y el fiado volvió a convertirse en una herramienta indispensable para llegar a fin de mes.
Los datos surgen de dos relevamientos difundidos por la Cámara de Comercio de Córdoba y el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) del Centro de Almaceneros. Ambos coinciden en que la actividad económica continúa deteriorándose, especialmente en el consumo cotidiano.
Durante junio, las ventas minoristas registraron una caída interanual del 18% en unidades, mientras que la rentabilidad de los comercios descendió 20% respecto del mismo mes de 2025. En comparación con mayo, las ventas retrocedieron otro 5% y las ganancias cayeron 9%, reflejando que el freno al consumo continúa profundizándose.
La serie muestra una tendencia sostenida. En marzo las ventas habían disminuido un 10%, en abril el derrumbe alcanzó el 23%, en mayo fue del 21% y en junio permaneció en un elevado 18%, muy lejos de cualquier señal de recuperación.
La situación resulta todavía más preocupante cuando se observa el consumo de alimentos. Según el Centro de Almaceneros, las ventas en los comercios barriales retrocedieron 8,6% interanual, incluso cuando la inflación de alimentos se ubicó en apenas 1,7%, el registro mensual más bajo desde julio del año pasado.
El menor ritmo de aumento de los precios estuvo impulsado principalmente por la estabilidad de la carne vacuna, que incluso registró bajas cercanas al 2% en algunos cortes. Sin embargo, esa desaceleración no alcanzó para recomponer el poder de compra de los hogares.
Los indicadores sociales muestran el deterioro de la situación alimentaria. El 56,6% de los hogares aseguró no haber podido cubrir adecuadamente la Canasta Básica Alimentaria durante junio. Además, el 53,2% afirmó haber reducido la cantidad diaria de comidas, mientras que el 32,4% reconoció haber atravesado situaciones de hambre sin poder resolverlas. A su vez, el 11,4% declaró que hubo días en los que sólo pudo realizar una comida.
La pérdida de ingresos también modificó la forma de comprar alimentos. Nueve de cada diez hogares necesitaron recurrir a algún mecanismo de financiamiento para abastecerse. El 39,3% compró fiado en almacenes de barrio, el 38,4% utilizó tarjetas de crédito y el 11,2% debió pedir dinero prestado para llegar a fin de mes. Apenas el 10% de las familias pudo adquirir alimentos pagando al contado y sin endeudarse.
El fenómeno ya golpea a los propios comercios. El informe señala que la morosidad de las compras fiadas alcanzó el 28%, mientras que los créditos considerados incobrables llegaron al 17,7%, comprometiendo la situación financiera de cientos de pequeños almacenes y negocios barriales que, además de vender menos, enfrentan crecientes dificultades para recuperar el dinero de sus clientes.
Pese a que el IETSE registró una inflación mensual del 1,87%, la más baja de los últimos once meses, los comerciantes sostienen que la estabilidad de los precios todavía no se refleja en un repunte del consumo. Apenas el 11% de los negocios afirmó haber cumplido las expectativas de ventas durante junio, una cifra que, aunque mejora levemente respecto de abril y mayo, continúa mostrando un mercado interno profundamente debilitado.
La fotografía que deja Córdoba sintetiza uno de los principales desafíos de la economía argentina: la inflación comienza a moderarse, pero los ingresos siguen sin recuperarse al mismo ritmo. En consecuencia, la estabilidad de los precios convive con una caída persistente de las ventas, un aumento del endeudamiento familiar y una creciente dificultad para acceder incluso a los alimentos básicos.



























