Los últimos datos del INDEC revelan que el 80% de los asalariados percibe ingresos inferiores al costo de la Canasta Básica Total para un hogar tipo, mientras la informalidad y la pérdida del poder adquisitivo profundizan la brecha social.
El mercado laboral argentino continúa mostrando una recuperación muy desigual. Mientras algunos indicadores macroeconómicos reflejan una desaceleración de la inflación y una leve mejora en determinados sectores de la economía, los ingresos de la mayoría de los trabajadores siguen muy lejos de acompañar el costo real de vida. Los últimos datos sobre distribución del ingreso publicados por el INDEC exponen una realidad contundente: ocho de cada diez asalariados cobran menos de lo que necesita una familia tipo para no caer bajo la línea de pobreza.
De acuerdo con el informe correspondiente al primer trimestre de 2026, el 80% de los trabajadores en relación de dependencia percibe ingresos inferiores a los 1,5 millones de pesos mensuales, mientras que la Canasta Básica Total para un hogar integrado por cuatro personas ya supera ese umbral. Esto significa que incluso contando con un empleo, millones de familias no logran cubrir el conjunto de bienes y servicios considerados indispensables para sostener un nivel de vida básico.
La situación resulta todavía más crítica entre quienes trabajan en condiciones informales. El ingreso promedio de los asalariados registrados alcanzó los $1.375.143 mensuales, mientras que entre los trabajadores sin aportes previsionales descendió a apenas $731.150. La brecha salarial supera el 45% y evidencia que la precarización laboral continúa siendo uno de los principales factores de desigualdad dentro del mercado de trabajo argentino.
Los propios datos oficiales muestran que el empleo sin registrar sigue avanzando. El 37,9% de los asalariados no cuenta con descuentos jubilatorios realizados por sus empleadores, una situación que no solo reduce los ingresos actuales sino que también compromete el acceso futuro a una jubilación y a la cobertura de otros derechos laborales. La expansión de la informalidad aparece así como uno de los rasgos más persistentes del mercado laboral durante los últimos años.
La distribución de los ingresos también confirma una fuerte concentración. El decil de mayores salarios concentra el 28,3% de toda la masa salarial, mientras que el segmento de menores ingresos apenas participa con el 1,7%. La desigualdad también se reproduce entre los hogares: el 10% más rico concentra casi un tercio del ingreso total del país, mientras que el 10% más pobre accede apenas al 2%.
En los sectores de menores recursos, el trabajo dejó de ser la principal fuente de sustento económico. Según el INDEC, en los hogares ubicados en el primer decil de ingresos, el 61% de los recursos proviene de jubilaciones, pensiones, asignaciones sociales y otras transferencias estatales, reflejando la creciente dependencia de ingresos no laborales para afrontar los gastos cotidianos.
Aunque algunos convenios paritarios permitieron recuperar parcialmente el salario formal durante los últimos meses, esa mejora todavía no alcanza a la mayoría de los trabajadores. Los sectores informales, los cuentapropistas y quienes se desempeñan en actividades de baja remuneración continúan perdiendo capacidad de compra frente al aumento acumulado del costo de vida.
El panorama que surge de las estadísticas oficiales muestra una economía donde algunos indicadores financieros exhiben estabilidad, pero donde el empleo dejó de ser una garantía para escapar de la pobreza. Con salarios que siguen corriendo por detrás del costo de una canasta familiar y una informalidad que continúa creciendo, la recuperación económica todavía no logra reflejarse en el bolsillo de la mayor parte de los trabajadores argentinos.



























