TELEFE y el uso del Racismo para el rating

Gran Hermano expulsó a una participante por comentarios racistas, pero lo hizo recién cuando el fragmento ya se había vuelto un escándalo público y el rechazo circulaba con fuerza en redes y portales. Entre la frase dicha por la mañana y la sanción anunciada de noche hubo un lapso suficientemente largo como para que el racismo dejara de ser sólo una agresión y se convirtiera, también, en contenido. El episodio obliga a discutir no sólo qué se dijo, sino cómo la televisión administra el odio cuando descubre que también sirve para sostener la atención.

Lo que ocurrió esta semana dentro de la casa de Gran Hermano no puede leerse únicamente como la historia lineal de una participante que dijo algo aberrante y de una producción que, con encomiable reflejo moral, decidió sancionarla para proteger la convivencia y enviar un mensaje pedagógico a la audiencia, porque si uno reconstruye con un mínimo de rigor la secuencia de los hechos, y sobre todo el tiempo que medió entre la agresión y la sanción, lo que aparece no es la fotografía limpia de una televisión responsable, sino una escena más turbia y bastante más reveladora del modo en que funciona el entretenimiento contemporáneo: el comentario racista fue pronunciado durante la mañana del 11 de marzo, el video empezó a circular con fuerza por la tarde, a las 16:40 TN ya informaba que la pareja de Jenny Mavinga preparaba una denuncia y a las 16:58 La Nación publicaba la polémica en clave de escándalo, pero la expulsión recién fue comunicada por Telefe a las 23:26, cuando el repudio ya había crecido lo suficiente como para que la producción comprendiera que callar costaba más que intervenir.

Ese intervalo no es un detalle menor, ni un dato accesorio para cronistas obsesionados con el minutero, sino el corazón mismo del problema, porque en esas horas el racismo dejó de ser una frase dicha dentro de una casa para transformarse en mercancía circulante, en clip viral, en conversación indignada, en trending topic, en material de portales, en combustible perfecto para el ecosistema cruzado de televisión abierta, redes sociales y programas satélite que viven de metabolizar el escándalo en tiempo real, y allí es donde la decisión posterior de expulsar a Carmiña Masi, siendo correcta en términos disciplinarios, pierde parte de su aura moral y se vuelve legible como lo que también fue: un gesto tardío, reactivo y narrativamente rentable, porque no llegó antes del escándalo, sino después de que el escándalo ya había probado su eficacia como motor de atención pública.

La frase en cuestión, según reprodujo el sitio oficial de Telefe, incluyó referencias a que Jenny Mavinga “parece que recién la compraron”, que “acaba de bajarse del barco” y que “la sacaron de la jaula recién”, una cadena verbal que no necesita demasiada exégesis para revelar su espesor histórico, porque activa de manera brutal el archivo de la esclavitud, del tráfico transatlántico y de la cosificación colonial de los cuerpos negros, y precisamente por eso no puede ser trivializada como “humor negro”, “broma pesada” o simple torpeza de convivencia, ya que no se trata de una frase desafortunada dicha en el vacío, sino de un repertorio reconocible de imágenes racistas que la modernidad occidental utilizó durante siglos para justificar la explotación y la inferiorización de personas negras. El propio comunicado leído por la voz del programa terminó reconociéndolo al afirmar que asociar a una compañera con la esclavitud era una ofensa que no podía consentirse, aun si hubiera sido formulada como broma.

Ahora bien, el punto verdaderamente incómodo no reside sólo en la brutalidad de esas palabras, sino en el modo en que el dispositivo televisivo las administró una vez pronunciadas, porque Gran Hermano no es un simple espejo que refleja lo que ocurre dentro de una casa, sino un formato altamente sofisticado de captura, edición, jerarquización y dramatización de la convivencia, es decir, una máquina narrativa que vive de transformar la vida en espectáculo y el conflicto en valor de uso mediático. La academia viene estudiando este fenómeno desde hace años. Rebecca Pardo (2013), en un artículo hoy muy citado sobre la “metapragmática del racismo” en reality TV, sostuvo que las prácticas de casting, producción y edición contribuyen a dramatizar el racismo como si fuera apenas conflicto interpersonal, desplazando el problema de su dimensión estructural hacia la zona más manejable del choque entre individuos. En una línea convergente, Katrina Bell-Jordan (2008) analizó varios realities estadounidenses y mostró que la raza suele ser construida como un “dispositivo textual” que organiza la fricción, fabrica escenarios dramáticos y refuerza códigos culturales ya disponibles en el imaginario social. Lo decisivo de esas investigaciones es que desarman la coartada más cómoda de la industria —“la tele sólo muestra lo que la sociedad es”— y devuelven la pregunta a donde corresponde: no sólo importa qué prejuicios circulan en una sociedad, sino qué hace un medio con ellos cuando descubre que producen atención.

No se trata, por lo tanto, de afirmar ingenuamente que Telefe “inventó” el racismo de una participante, pero sí de señalar que el reality le dio forma pública, lo dejó fermentar durante horas en el circuito digital y luego lo reutilizó como momento culminante de una gala, en una secuencia perfectamente funcional a la lógica del espectáculo contemporáneo, donde la condena y la explotación de un hecho pueden convivir sin contradicción aparente, porque primero el fragmento alimenta la circulación, después la indignación aumenta el volumen de la conversación y finalmente la sanción provee una escena de orden moral que no cancela el beneficio narrativo previo, sino que lo consuma. Si la televisión clásica solía domesticar el conflicto, la televisión del presente ha aprendido algo más complejo y quizá más cínico: puede convertir el conflicto en activo narrativo y luego, cuando la presión externa lo exige, presentarse como la institución que viene a corregirlo.

Esa lógica no es una intuición periodística ni una exageración polemista, sino un fenómeno descrito también por la investigación académica. Emily Drew (2011), al estudiar Survivor, mostró cómo ciertos realities organizan la cuestión racial de modo tal que producen una apariencia de debate social al mismo tiempo que refuerzan narrativas “posraciales”, es decir, relatos donde la raza parece ser discutida justamente para concluir que ya no estructura de verdad las relaciones de poder. Más adelante, C. Richard King Squires —citado por trabajos posteriores sobre el género— sintetizó la paradoja de manera elocuente: los realities fuerzan a la audiencia a encontrarse con problemas raciales “reales”, pero los empaquetan en una economía emocional que privilegia el drama y la resolución individual por sobre el examen institucional. En otra investigación especialmente pertinente, Brühwiler (2019), al analizar The Bachelorette, escribió que la televisión de realidad “sensacionaliza el racismo” y que el problema no puede reducirse a los prejuicios de algunos participantes, porque compromete también a quienes controlan la sala de mando y, cabría agregar, a quienes han aprendido a mirar el escándalo como forma de entretenimiento.

Si uno traslada ese marco al caso argentino, la pregunta más interesante ya no es si la expulsión estuvo bien —lo estuvo, porque no sancionar hubiera sido una forma de convalidación— sino por qué hizo falta que el video fuera viral, que el rechazo escalara, que la familia de la participante agredida saliera a repudiar y que los portales instalaran el tema antes de que la producción resolviera lo que, a la luz de su propio reglamento y de la nitidez del comentario, era evidente desde el inicio. La respuesta más verosímil es tan poco heroica como conocida: porque la televisión comercial no reacciona en un vacío ético, sino en un campo de cálculo donde siempre se ponderan costo reputacional, volumen de repercusión y utilidad narrativa. En otras palabras, la producción actuó cuando comprendió que el comentario ya no era sólo una agresión racista, sino una crisis pública capaz de dañar la marca del programa si no era absorbida mediante una escena ejemplarizante. Esa es la razón por la cual el racismo, antes de ser castigado, pasó por el circuito de la rentabilidad simbólica.

A esa dimensión se suma otra, todavía más delicada, vinculada con la representación. Robin M. Boylorn (2008), en un texto ya clásico sobre mujeres negras y reality television, advirtió que las representaciones de mujeres negras en estos formatos son especialmente dañinas porque con frecuencia el público no las recibe como singularidades irreductibles, sino como emblemas capaces de “representar” a toda una raza y todo un género. Dicho de otro modo, la mujer negra no entra al reality con la misma libertad simbólica que un participante blanco, porque sobre su cuerpo se depositan expectativas, prejuicios y generalizaciones previas que convierten cualquier agresión en una lesión más amplia que la puramente individual. Esa observación resulta central para leer lo sucedido con Jenny Mavinga: el comentario no la degradó solamente a ella, sino que reactivó, frente a una audiencia masiva, un archivo entero de imaginarios humillantes asociados a la negritud, al origen africano y a la posibilidad siempre latente de reducir un cuerpo negro al estatuto de objeto disponible para la burla.

La investigación más robusta sobre representación racial en televisión en las últimas décadas también ayuda a dimensionar el problema. Tukachinsky, Mastro y Yarchi (2015) analizaron 345 programas de prime time emitidos en Estados Unidos entre 1987-2009 y encontraron una severa subrepresentación de latinos, asiático-estadounidenses y pueblos originarios, junto con una tendencia persistente a retratar minorías de manera estereotipada; además, mediante modelado multinivel, concluyeron que tanto la cantidad como la calidad de esas representaciones contribuyen a moldear las actitudes raciales de las audiencias blancas. No se trata entonces de una discusión ornamental sobre corrección política o sensibilidades exacerbadas, sino de un hecho largamente documentado por la investigación: la televisión no sólo exhibe prejuicios existentes, también participa en su sedimentación y reproducción. Cuando un reality convierte una agresión racista en un episodio central de su narrativa, no está jugando con material inocuo, sino con imágenes y jerarquías que tienen efectos culturales comprobables.

Desde ese punto de vista, la expulsión de Carmiña Masi no clausura el problema; apenas le pone un borde de administración. El formato sale del paso al castigar a una jugadora y a la vez se preserva a sí mismo como árbitro ético, pero evita la discusión más profunda sobre su propia responsabilidad como fábrica de escenas y modulador de intensidades. Porque el reality no sólo mostró el racismo: lo dejó circular, lo dejó crecer y luego lo integró como clímax correctivo de la gala. Y eso obliga a abandonar cierta ingenuidad crítica. No alcanza con celebrar que “esta vez se puso un límite”, si no se examina el modo en que ese límite llegó después de que el odio ya hubiese rendido utilidades narrativas.

Hay, por supuesto, un elemento alentador en toda esta historia y sería mezquino negarlo: la reacción social fue rápida, el rechazo fue nítido y la banalización de la agresión no consiguió imponerse como salida aceptable. Pero incluso esa dimensión positiva debe leerse con cuidado, porque muestra una transformación de las audiencias antes que una redención de la industria. Si hoy una producción reacciona más velozmente ante el racismo no es, necesariamente, porque se haya vuelto más lúcida o más justa, sino porque sabe que el ecosistema digital ha reducido el margen para mirar hacia otro lado sin pagar costos. Las redes sociales, con todos sus excesos y simplificaciones, funcionan también como dispositivo de vigilancia sobre medios que durante demasiado tiempo administraron los prejuicios con la vieja impunidad de quien decide qué entra en cuadro y qué queda afuera.

Tal vez por eso el episodio deja una escena tan paradójica como reveladora: una participante es expulsada en nombre del respeto y la inclusión, pero esa expulsión ocurre dentro de una estructura televisiva que ya obtuvo del hecho todo lo que necesitaba obtener en términos de conversación, impacto y centralidad pública. El castigo existe, sí, pero llega cuando el escándalo ya hizo su trabajo. Y esa temporalidad es lo que vuelve indispensable una crítica menos cómoda y más incómoda, una crítica dispuesta a reconocer que el problema no termina en la crueldad de una frase ni en la torpeza de una concursante, porque en el fondo lo que este caso exhibe es algo más persistente y más difícil de erradicar: la extraordinaria capacidad de la televisión para convertir incluso el racismo en un bien transable, en una escena utilizable, en una pieza narrativa de alto rendimiento, y luego retirarse del campo con el gesto solemne de quien vino, precisamente, a poner orden.

  • Foto del avatar

    Melina Schweizer

    Melina Schweizer es periodista, escritora, compositora y poeta dominicana naturalizada argentina, fundadora y editora de infonegro.com. Coeditó y coordinó la antología Aquelarre de Negras (2021), actualmente en su primera edición impresa, y en 2022 recibió una mención especial en los Premios Lola Mora por su trabajo periodístico en defensa de los derechos de las mujeres. Es autora de la novela El mundo de Laurita: el secreto del museo antártico (2026).

    Related Posts

    Anny Ocoró Loango: la mujer que le disputó el olvido a la historia

    In memoriam | Dra. Anny Ocoró Loango Investigadora del CONICET, profesora universitaria, escritora y referente del pensamiento afrofeminista latinoamericano, Anny Ocoró Loango dedicó su vida a cuestionar el racismo en…

    Lula derrotó a Bolsonaro: una esperanza para América Latina frente a la doctrina Monroe y el desafío de revitalizar los BRICS

    Con el 51,79% de los votos, Luiz Inácio Lula da Silva consiguió su cuarto mandato presidencial y frenó el regreso del bolsonarismo al poder. Su victoria devuelve protagonismo a Brasil…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    You Missed

    Inflación: alimentos y tarifas presionan sobre los bolsillos mientras octubre cerraría cerca del 2%

    Inflación: alimentos y tarifas presionan sobre los bolsillos mientras octubre cerraría cerca del 2%

    La Libertad Avanza presentó una reforma de 279 registros bonaerenses y promete ahorrar $21.799 millones

    La Libertad Avanza presentó una reforma de 279 registros bonaerenses y promete ahorrar $21.799 millones

    PAMI deja a 2.000 jubilados al borde de perder su clínica en Lanús: denuncian un cierre sin alternativas médicas

    PAMI deja a 2.000 jubilados al borde de perder su clínica en Lanús: denuncian un cierre sin alternativas médicas

    Karina quiere echar a Bullrich del Senado: ¡la Pato afila el cuchillo y la hermana del León le quiere meter el mango en el culo!

    Karina quiere echar a Bullrich del Senado: ¡la Pato afila el cuchillo y la hermana del León le quiere meter el mango en el culo!

    UNESCO reúne a 80 países contra el racismo y lanza una advertencia: las promesas ya no alcanzan

    UNESCO reúne a 80 países contra el racismo y lanza una advertencia: las promesas ya no alcanzan

    Un fallo contra Trump frena las redadas migratorias: ser latino y trabajador ya no basta para detener a una persona

    Un fallo contra Trump frena las redadas migratorias: ser latino y trabajador ya no basta para detener a una persona

    Brasil: diez muertos y amenazas de envenenar a indígenas tras las elecciones; Lula activa una respuesta federal

    Brasil: diez muertos y amenazas de envenenar a indígenas tras las elecciones; Lula activa una respuesta federal

    Colombia busca castigar el racismo policial tras la muerte de dos jóvenes afrodescendientes

    Colombia busca castigar el racismo policial tras la muerte de dos jóvenes afrodescendientes

    Alerta de exterminio en la Amazonía: ocho pueblos indígenas denuncian que sus territorios están bajo amenaza

    Alerta de exterminio en la Amazonía: ocho pueblos indígenas denuncian que sus territorios están bajo amenaza

    Brasil: una niña de 11 años sufrió reiterados ataques racistas de su vecina y la Justicia ordenó detenerla

    Brasil: una niña de 11 años sufrió reiterados ataques racistas de su vecina y la Justicia ordenó detenerla

    Escándalo racista en Brasil: denuncian a un alcalde y su vice por pintarse de negro y burlarse de los votantes de Lula

    Escándalo racista en Brasil: denuncian a un alcalde y su vice por pintarse de negro y burlarse de los votantes de Lula

    Santa Fe: comunidades indígenas denuncian que Pullaro pone en riesgo tierras ancestrales con el Parque Jaaukanigás

    Santa Fe: comunidades indígenas denuncian que Pullaro pone en riesgo tierras ancestrales con el Parque Jaaukanigás

    Quilmes: hoy se realiza un encuentro de antirracismo popular

    Quilmes: hoy se realiza un encuentro de antirracismo popular

    Importaciones de consumo: US$1.129 millones en septiembre, 73% más que el promedio del macrismo

    Importaciones de consumo: US$1.129 millones en septiembre, 73% más que el promedio del macrismo

    Flávio Bolsonaro escapó en un avión de una firma vinculada al escándalo de corrupción en Discapacidad

    Flávio Bolsonaro escapó en un avión de una firma vinculada al escándalo de corrupción en Discapacidad

    La inversión productiva cayó 7,6% en nueve meses y la economía entró en recesión técnica, según una consultora

    La inversión productiva cayó 7,6% en nueve meses y la economía entró en recesión técnica, según una consultora

    La economía argentina cayó 3,9% en ocho meses y registra uno de sus peores desempeños en tres décadas

    La economía argentina cayó 3,9% en ocho meses y registra uno de sus peores desempeños en tres décadas

    Bullrich felicitó a Lula y los trolls de Milei pidieron su cabeza: ¡la Pato descubrió que sus propios fachos vienen con garantía de traición!

    Bullrich felicitó a Lula y los trolls de Milei pidieron su cabeza: ¡la Pato descubrió que sus propios fachos vienen con garantía de traición!

    La inquisición progresista: todos defienden la libertad hasta que una negra decide qué hacer con su vida

    La inquisición progresista: todos defienden la libertad hasta que una negra decide qué hacer con su vida

    Portación de rostro y persecución racial en la Argentina de Milei

    Portación de rostro y persecución racial en la Argentina de Milei

    La CGT quiere sentarse con el peronismo, pero sigue en la cama con Milei: ¡la columna vertebral terminó trabajando de colchón!

    La CGT quiere sentarse con el peronismo, pero sigue en la cama con Milei: ¡la columna vertebral terminó trabajando de colchón!

    Brasil: apartaron a un funcionario municipal tras amenazas de envenenar el agua de una comunidad indígena

    Brasil: apartaron a un funcionario municipal tras amenazas de envenenar el agua de una comunidad indígena

    Mientras Milei ajusta a tiempo completo, la CGT prepara una protesta por horas

    Mientras Milei ajusta a tiempo completo, la CGT prepara una protesta por horas

    Argentina pagó US$6.852 millones en sobrecargos al FMI: el costo de una deuda extraordinaria

    Argentina pagó US$6.852 millones en sobrecargos al FMI: el costo de una deuda extraordinaria

    Catamarca: el gobierno de Jalil autorizó $1.773 millones para clínicas vinculadas a su familia

    Catamarca: el gobierno de Jalil autorizó $1.773 millones para clínicas vinculadas a su familia

    Anny Ocoró Loango: la mujer que le disputó el olvido a la historia

    Anny Ocoró Loango: la mujer que le disputó el olvido a la historia

    Los estrategas de Lula le marcan el camino al peronismo: ¿alcanza con votar contra Milei para volver al poder?

    Los estrategas de Lula le marcan el camino al peronismo: ¿alcanza con votar contra Milei para volver al poder?