Donald Trump dijo que Estados Unidos podría revisar su posición sobre Malvinas y Milei transformó el condicional en acontecimiento histórico: habló de algo “muy fuerte”, llevó el tema al gabinete y prepara una cadena nacional dedicada exclusivamente a las islas. Su propio canciller, Pablo Quirno, tuvo que aclarar que Argentina no controla lo que haga Washington y que no existe ningún “triángulo mágico”. Trump abrió una posibilidad; en Balcarce 50 ya estaban buscando dónde estacionar el destructor.
Donald Trump dijo básicamente “podría”.
Milei escuchó “son argentinas, Javier, pasá a retirarlas”.
Al Presidente le alcanzó una frase del norteamericano para llevar el asunto a la reunión de gabinete y anunciar que había ocurrido algo “muy fuerte” respecto de “la causa más importante y sagrada de los argentinos”. El jueves habrá cadena nacional para hablar de Malvinas.
La diplomacia libertaria acaba de inaugurar una nueva unidad de medida:
un guiño de Trump equivale aproximadamente a media Reconquista.
Washington mantiene formalmente una posición de neutralidad sobre la disputa de soberanía, aunque reconoce la administración británica de facto de las islas. Lo novedoso fue que Trump, consultado sobre una eventual revisión, respondió que siempre revisa todas las posiciones y que esa era una entre muchas.
Una frase suficientemente ambigua como para que cualquier cancillería prudente tome nota.
Y suficientemente trumpista como para que Milei casi mande a imprimir “Puerto Argentino, próxima salida”.
El entusiasmo fue tan grande que hasta Pablo Quirno tuvo que aparecer con el matafuegos diplomático. El canciller explicó que Argentina no puede depender de decisiones ajenas, que debe trabajar sobre aquello que controla y continuar la vía diplomática.
Traducido del lenguaje diplomático:
Javier, Donald todavía no nos dio las islas.
La escena es todavía más extraordinaria porque hace apenas unos meses Malvinas había resultado bastante menos cómoda para el Gobierno durante el Mundial. Los jugadores argentinos terminaron exhibiendo una bandera con la consigna “Las Malvinas son argentinas” después de derrotar a Inglaterra, en medio de la polémica por las restricciones a manifestaciones políticas vinculadas con las islas.
Ahora cambió el viento.
Trump pronunció “review”.
Y el patriotismo volvió a tener señal.
La cadena nacional, además, tendrá un detalle exquisito: según la información difundida, en la preparación del discurso intervienen Cancillería y la SIDE. Santiago Caputo, que conduce la Secretaría de Inteligencia, ya celebró con una sentencia digna de tráiler: “Inglaterra es el pasado. Argentina es el futuro”.
Falta solamente:
“Próximamente, en todos los cines.”
Porque detrás de la épica también aparece una oportunidad política perfecta. Malvinas permite correr durante unas horas las peleas internas, los problemas económicos y cualquier otra desgracia doméstica para colocar en el centro de la escena una causa capaz de atravesar ideologías y generaciones.
Nada como una causa nacional para ordenar una agenda.
Especialmente cuando la agenda propia viene necesitando cuidados intensivos.
Del otro lado del Atlántico tampoco sacaron las valijas. Londres reiteró que considera inquebrantable su compromiso con los habitantes de las islas y mantiene su posición sobre la soberanía.
Así que por ahora tenemos:
Trump diciendo que podría revisar.
Milei hablando de avances fuertes.
Quirno pidiendo prudencia.
Londres diciendo que no cambió nada.
Y una cadena nacional en camino.
Nunca estuvimos tan cerca: solamente faltan Gran Bretaña, Estados Unidos y la realidad.


























