El presidente estadounidense impulsa al titular de la FIFA como posible sucesor de António Guterres después del Mundial 2026. La versión, revelada por el New York Post, irrumpió en una competencia diplomática que ya tiene seis candidaturas formalizadas y en la que participa el argentino Rafael Grossi.
Donald Trump quiere trasladar a Gianni Infantino desde la conducción del negocio más poderoso del fútbol hasta la Secretaría General de las Naciones Unidas. La propuesta apareció apenas terminada la Copa del Mundo de 2026, organizada en Estados Unidos, México y Canadá, y confirmó hasta qué punto la relación entre el presidente estadounidense y el titular de la FIFA desbordó el terreno deportivo.
La versión fue publicada por el New York Post, medio perteneciente al conglomerado News Corp y con llegada habitual al entorno trumpista. Según el diario, Trump considera que Infantino posee reconocimiento global, capacidad de gestión y una red de contactos suficiente para conducir una organización integrada por 193 Estados. Sin embargo, ni la Casa Blanca ni la FIFA habían confirmado hasta este miércoles la existencia de una candidatura formal o la voluntad del dirigente de aceptar el desafío.
El dato comprobable, por ahora, es que el nombre de Infantino comenzó a circular como una iniciativa promovida desde el círculo presidencial estadounidense. Para ingresar oficialmente en la competencia, necesitaría ser postulado por uno o varios Estados miembros, presentar su currículum, una declaración sobre su proyecto para la ONU y la información correspondiente al financiamiento de su campaña. La simple preferencia de Trump no alcanza para convertirlo en candidato.
La aparición del jefe de la FIFA altera una carrera que ya se encuentra avanzada. La ONU inició formalmente el proceso en noviembre de 2025, celebró diálogos públicos con los postulantes durante abril y junio y programó para este jueves 23 de julio una nueva asamblea abierta con los aspirantes en el salón de la Asamblea General. El Consejo de Seguridad, además, comenzó a considerar las candidaturas a fines de mayo.
Una candidatura que todavía no existe
A pesar del impacto político del anuncio, Infantino todavía no figura en la lista oficial de candidatos. En ella aparecen Rafael Mariano Grossi, María Fernanda Espinosa, Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues Birkett y Macky Sall. Michelle Bachelet también fue postulada originalmente por Chile, Brasil y México, aunque Chile retiró formalmente su patrocinio el 25 de marzo; la candidatura continuó sostenida por Brasil y México.
Ese detalle obliga a corregir una de las interpretaciones que circularon alrededor de la noticia. Bachelet no desapareció completamente de la contienda por la decisión chilena: Brasil y México conservaron su respaldo. Tampoco puede afirmarse que el Departamento de Estado ya haya decidido o descartado apoyar a alguno de los candidatos existentes.
El secretario general es nombrado por la Asamblea General a partir de una recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, eso implica que cualquier postulante necesita evitar el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido, los cinco miembros permanentes del Consejo.
El secretario general es nombrado por la Asamblea General a partir de una recomendación del Consejo de Seguridad. En la práctica, eso implica que cualquier postulante necesita evitar el veto de Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido, los cinco miembros permanentes del Consejo.
Trump no puede designar unilateralmente al próximo jefe de la ONU, pero sí posee una herramienta decisiva: puede bloquear a cualquier aspirante incompatible con los intereses de Washington y condicionar la búsqueda de un nombre aceptable para las grandes potencias.
Por eso, la instalación de Infantino puede tener dos lecturas. La primera es literal: Trump realmente pretende convertirlo en candidato y buscar un país dispuesto a presentarlo. La segunda es estratégica: utiliza su nombre para señalar qué clase de liderazgo quiere imponer en la ONU, aun cuando el presidente de la FIFA nunca llegue a competir formalmente.
Un gerente del espectáculo para una ONU en crisis
El atractivo de Infantino para la Casa Blanca no reside en una carrera diplomática tradicional. El dirigente suizo-italiano no fue canciller, embajador, negociador de conflictos armados ni funcionario de organismos multilaterales. Su principal credencial es haber administrado desde 2016 una estructura internacional con más federaciones afiliadas que Estados miembros tiene la ONU.
La FIFA reúne a 211 asociaciones nacionales, administra competiciones globales, negocia con gobiernos, empresas y cadenas de televisión y distribuye miles de millones de dólares entre sus afiliados. Su conducción exige alianzas regionales, disciplina interna, capacidad de negociación y un conocimiento minucioso de los equilibrios geopolíticos.
Esa experiencia no equivale automáticamente a la necesaria para intervenir en guerras, crisis humanitarias o negociaciones nucleares. Pero explica por qué Trump puede presentar a Infantino como un administrador global capaz de reformar una institución que atraviesa una grave crisis financiera y política.
La ONU reclama para el cargo liderazgo, capacidad de gestión, integridad, experiencia amplia en relaciones internacionales y habilidades diplomáticas, comunicacionales y multilingües. Infantino puede exhibir parte de esas condiciones, aunque su trayectoria está mucho más vinculada con la expansión comercial del fútbol que con la resolución de conflictos o la defensa de los derechos humanos.
Su eventual candidatura también representaría una ruptura con la expectativa de que el próximo secretario general provenga de América Latina y el Caribe, región que no conduce la organización desde el peruano Javier Pérez de Cuéllar, cuyo mandato finalizó en 1991.
El Mundial consolidó la alianza con Trump
La propuesta surgió inmediatamente después del Mundial 2026, una competencia en la que Trump e Infantino exhibieron públicamente una relación de cercanía poco habitual entre el presidente de un país anfitrión y el jefe de una federación deportiva.
Durante una recepción en la Torre Trump de Nueva York, ambos calificaron el torneo como un éxito mundial. Infantino atribuyó al mandatario un papel central en la organización y destacó los niveles de asistencia y audiencia. Trump, por su parte, elogió al titular de la FIFA e incluso habló abiertamente de su intervención ante decisiones deportivas tomadas durante el campeonato.
El acercamiento no nació con esta Copa del Mundo. Infantino cultivó relaciones con Trump desde su primer mandato, trasladó parte de las operaciones de la FIFA a Estados Unidos y convirtió al presidente en una figura recurrente de los grandes actos de la organización.
Esa proximidad generó cuestionamientos por la pérdida de neutralidad política del organismo rector del fútbol. Infantino sostuvo vínculos estrechos no solo con Trump, sino también con dirigentes como Vladimir Putin y Mohammed bin Salman, mientras acumulaba críticas por la manera en que la FIFA respondió a denuncias de corrupción y violaciones de derechos humanos vinculadas con sus torneos.
Para Trump, sin embargo, esa flexibilidad constituye una virtud. Infantino demostró que puede negociar con gobiernos ideológicamente enfrentados, asegurar apoyos internos y mantener bajo control una estructura global con enormes recursos económicos.
Los números reales detrás del poder de la FIFA
Uno de los argumentos utilizados para promoverlo es su capacidad para generar ingresos. La comparación, sin embargo, requiere precisión.
No está confirmado que el Mundial 2026 haya dejado ganancias por 15.000 millones de dólares, como se afirmó en algunas versiones. La cifra oficial disponible corresponde al presupuesto revisado de la FIFA para todo el ciclo 2023-2026, que proyectó ingresos por 13.000 millones de dólares. Para 2026, la entidad presupuestó 8.911 millones, impulsados principalmente por los derechos televisivos, la venta de entradas, la hospitalidad y los contratos comerciales.
Tampoco debe confundirse facturación con ganancias. La FIFA proyectó invertir 12.900 millones durante el ciclo completo, incluidos 3.756 millones directamente vinculados con la organización del Mundial de 2026.
Los números siguen siendo extraordinarios y ayudan a comprender el peso de Infantino. Bajo su conducción, la FIFA amplió el Mundial a 48 selecciones, creó una nueva Copa Mundial de Clubes, profundizó la explotación comercial de los derechos audiovisuales y aumentó considerablemente los fondos distribuidos a las federaciones.
Ese modelo de gestión basado en nuevos torneos, mayor cantidad de partidos y diversificación de ingresos es precisamente el que seduce al trumpismo. La Casa Blanca busca reducir la dependencia financiera de la ONU respecto de los aportes estatales, disminuir su estructura y encontrar nuevas formas de financiamiento.
Pero trasladar el modelo de la FIFA a las Naciones Unidas supondría una transformación profunda. La ONU no vende entradas ni derechos televisivos para financiar operaciones de paz, ayuda humanitaria o programas sanitarios. Depende de las contribuciones obligatorias y voluntarias de los Estados, y sus funciones no pueden medirse exclusivamente por rentabilidad.
Grossi y la carta argentina
La irrupción de Infantino afecta directamente al candidato argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica. Grossi fue postulado oficialmente por la Argentina el 26 de noviembre de 2025 y ya participó de los diálogos interactivos organizados por la Asamblea General.
A diferencia de Infantino, posee una extensa trayectoria diplomática, experiencia en organismos multilaterales y participación directa en negociaciones sobre proliferación nuclear, seguridad atómica y conflictos internacionales.
No existe una exigencia formal que lo obligue a abandonar anticipadamente el OIEA para mantener su postulación. Presentar su permanencia en el cargo como una debilidad definitiva sería, por lo tanto, una especulación.
También carece de confirmación la hipótesis de que el Reino Unido vetaría automáticamente a Grossi por la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas. Londres puede vetar cualquier candidatura en el Consejo de Seguridad, pero no anunció públicamente una decisión de ese tipo.
El reclamo argentino sobre las islas constituye un elemento permanente de la relación bilateral y podría formar parte de las conversaciones diplomáticas, aunque no existe evidencia pública suficiente para afirmar que haya definido la posición británica ante la candidatura.
La imagen de los jugadores argentinos con una bandera de Malvinas después de eliminar a Inglaterra durante el Mundial agregó tensión política y mediática, pero vincular directamente ese episodio con un eventual veto británico supone una inferencia que todavía no puede presentarse como un hecho.
El negocio cripto, por ahora sin confirmación
Otro de los elementos atribuidos a los planes futuros de Infantino es el lanzamiento de una criptomoneda propia de la FIFA después de una eventual reelección. La versión encaja con el interés del entorno de Trump por los activos digitales y con la búsqueda permanente de nuevos productos comerciales vinculados con el fútbol.
Sin embargo, no existe hasta el momento un anuncio oficial de la FIFA que confirme la creación de esa criptomoneda. Tampoco aparece incorporada en los documentos financieros públicos de la organización como una medida aprobada.
La FIFA sí desarrolla productos digitales, licencias, videojuegos y estrategias comerciales vinculadas con los deportes electrónicos. Pero una moneda digital oficial implicaría riesgos regulatorios, financieros y reputacionales que exigirían una comunicación formal y reglas claras.
Por eso, la afirmación debe mantenerse como una versión atribuida a personas que estuvieron en contacto con Infantino, no como una decisión ya tomada.
Entre Rabat y Nueva York
El mandato político de Infantino dentro de la FIFA también condiciona cualquier aventura diplomática. El dirigente buscaría renovar su conducción en el próximo congreso de la entidad, previsto para marzo de 2027 en Rabat.
Su prioridad visible continúa siendo la organización futbolística. No respondió públicamente a la propuesta de Trump ni indicó que esté dispuesto a abandonar una institución que administra miles de millones de dólares y en la que construyó una amplia red de apoyos.
Esa falta de definición alimenta la interpretación de que su nombre puede ser utilizado más como señal política que como candidatura verdadera. Trump coloca sobre la mesa a un gerente de negocios, espectáculo y poder global para cuestionar el perfil tradicional de la ONU y presionar a favor de una conducción más alineada con su proyecto.
El mensaje es claro incluso aunque Infantino permanezca en la FIFA: Estados Unidos quiere un secretario general menos autónomo, más pragmático, dispuesto a reducir estructuras y capaz de convivir con la agenda de la Casa Blanca.
Tras el Mundial, Infantino quedó parado entre dos mundos. En uno controla el mayor espectáculo deportivo del planeta y dispone de una maquinaria comercial en expansión. En el otro aparece como posible conductor de una organización debilitada por las guerras, los vetos y la falta de recursos. Trump pretende convencerlo —o al menos utilizar su nombre— para demostrar que, en su concepción del poder, administrar la paz mundial debería parecerse cada vez más a vender una final de fútbol.



























