El Presidente volvió a mostrar números positivos: su índice personal de odio al periodismo subió 1,7 puntos y alcanzó el 96,7%. Mientras otros indicadores requieren explicaciones, estacionalidad y paciencia, el NOLSALP crece solo. Milei ya está peligrosamente cerca del pleno empleo del insulto.
Javier Milei finalmente puede anunciar crecimiento sin esperar que Luis Caputo acomode un gráfico.
El odio a los periodistas pasó del 95% al 96,7%.
Brotes verdes.
El indicador presidencial NOLSALP —“No odiamos lo suficiente a los periodistas”— incorporó 1,7 puntos y confirma una tendencia que desafía la recesión: podrán caer el consumo, la industria o la paciencia, pero la puteada presidencial mantiene niveles récord de actividad.
En agosto de 2025, Milei ubicaba el índice en 90%. En mayo ya había alcanzado el 95%. Ahora llegó al 96,7%.
A este ritmo, antes de fin de año deberá importar periodistas para seguir odiando.
La metodología es sencilla. Un periodista publica algo que disgusta al Presidente y automáticamente ingresa a alguna categoría del nomenclador oficial: “sorete”, “basura humana”, “imbécil”, “mierda humana mentirosa” o “mierda mentirosa con micrófono”.
El único escalafón estatal que todavía incorpora personal.
Marcelo Bonelli recibió la categoría premium de “mierda humana mal cagada”. Manu Jove fue ascendido a “mierda humana mentirosa”. Víctor Hugo Morales consiguió denominación de origen propia: “Humo Amorales”.
La motosierra destruyó burocracia, pero creó una Secretaría de Clasificación de Mierdas imaginaria con el Presidente atendiendo personalmente la ventanilla.
Lo extraordinario es que el 96,7% todavía deja afuera a un 3,3%.
Nadie sabe quiénes son.
Deben permanecer ocultos en algún programa de protección de testigos, esperando no publicar nada que moleste.
Porque entrar al índice es fácil. Salir parece más difícil que salir del Veraz.
El crecimiento también confirma que el NOLSALP es probablemente el indicador más robusto de la administración libertaria. No necesita reservas, inversión ni recuperación salarial.
Necesita Wi-Fi.
Y un celular cargado.
Tampoco existe riesgo de manipulación estadística porque Milei concentra todo el proceso: identifica al periodista, determina la falta, calcula el porcentaje y aplica la puteada.
Presidente, consultora, encuestador y troll: déficit cero de personal.
El problema llegará cuando alcance el 100%.
Sin periodistas nuevos para incorporar, el odio entrará técnicamente en estanflación.
Casa Rosada tendrá entonces dos alternativas: empezar a odiar periodistas extranjeros o permitir que cada periodista argentino compute dos veces.
No sería extraño.
El Gobierno ya demostró que cuando un número no alcanza, siempre aparece una explicación económica.
Por ahora puede festejar.
Del 90 al 95.
Del 95 al 96,7.
La Argentina finalmente encontró una curva ascendente que Milei no quiere bajar.


























