Internacional de la motosierra: Milei y Kast se reúnen mientras Cerimedo les explota en la nube
El argentino y el chileno compartirán una cumbre de la ultraderecha organizada por el Foro de Madrid. Los asesores de Kast le recomendaron evitar la foto por el escándalo de Fernando Cerimedo, pero el presidente chileno decidió asistir. Entre bots, operaciones digitales y una pelea por Magallanes, la derecha regional celebra su unidad: hasta que alguien revise los celulares.
Javier Milei y José Antonio Kast se encontrarán en Chile en una cumbre de la ultraderecha internacional. La reunión promete reunir a unos 25 referentes bajo el paraguas del Foro de Madrid, liderado por Santiago Abascal.
La familia está de fiesta.
El problema es que uno de los primos está preso y conoce todas las contraseñas.
Se llama Fernando Cerimedo, el consultor digital detenido en Bolivia y acusado de instigar el ataque contra Nadia Beller. Su nombre comenzó además a recorrer Chile por sus vínculos con estructuras de bots y campañas digitales entre 2020 y 2025.
Cerimedo consiguió algo que Simón Bolívar no pudo: unir buena parte de América Latina.
Aunque alrededor de un expediente judicial.
El caso resulta particularmente incómodo porque toca a los dos protagonistas de la fotografía. Cerimedo tuvo un papel importante en la campaña presidencial de Milei y, según la información publicada, tres personas vinculadas a su estructura terminaron ocupando cargos relevantes en el gobierno de Kast.
Para ser alguien que ahora todos parecen conocer poco, tenía una agenda bastante completa.
Los asesores del presidente chileno incluso le recomendaron que no asistiera al encuentro. Kast decidió hacerlo de todos modos.
La prudencia perdió por amplia mayoría.
Milei también intentó despegarse de Cerimedo y sostuvo que dejó de tener relación con él en 2023, aunque posteriormente surgieron datos que ubican vínculos al menos hasta 2024.
En el ecosistema libertario, las relaciones personales tienen una característica extraordinaria: caducan retroactivamente cuando aparece un fiscal.
La situación se vuelve todavía más incómoda porque Cerimedo no era precisamente el muchacho que alcanzaba el café. Según Ignacio Fidanza, participó de una maquinaria política y digital que operó campañas de derecha en distintos países de la región y consiguió conexiones con sectores del trumpismo.
Durante años vendieron la revolución cultural digital.
Ahora están descubriendo que los chats también hacen copias de seguridad.
Kast enfrenta además cuestionamientos internos. Evelyn Matthei denunció haber sufrido ataques de trolls durante la campaña chilena de 2025 y diputados opositores reclamaron una investigación sobre las conexiones entre funcionarios del gobierno y la estructura de Cerimedo.
Por eso la cumbre llega en un momento exquisito.
Veinticinco representantes de la ultraderecha reunidos para discutir probablemente cómo combatir al socialismo internacional mientras el escándalo que los incomoda fue fabricado artesanalmente en su propio barrio ideológico.
Ni Maduro tuvo que levantarse temprano.
Como si faltara algo para hacer más tranquila la visita de Milei, apareció el conflicto por el Estrecho de Magallanes. Las declaraciones del jefe de la Fuerza Aérea argentina, Gustavo Valverde, generaron malestar en Chile y obligaron al canciller Pablo Quirno y al ministro de Defensa Carlos Presti a desautorizarlas.
Kast viajará a Magallanes antes de la cumbre para supervisar ejercicios militares. Su gobierno sostiene que el viaje estaba programado con anterioridad.
Perfecto.
Nada relaja más una reunión bilateral que llegar después de inspeccionar la frontera.
El episodio, además, cayó en un momento conveniente para Kast, cuya imagen registra un 56% de rechazo según la encuesta citada por LPO. Defender Magallanes permite ponerse el traje presidencial y cambiar por unas horas la conversación sobre trolls, bots y consultores incómodos.
La política exterior también sirve para eso.
Cuando el incendio está dentro de casa, se señala la medianera.
Milei llegará con sus propios problemas. Kast, con los suyos. Abascal pondrá el salón. Cerimedo, sin estar invitado, probablemente consiga ser uno de los nombres más presentes.
Será una verdadera cumbre internacional de la nueva derecha.
Todos unidos contra el enemigo global, siempre que nadie pregunte quién administraba el grupo de WhatsApp.


























