El peronismo ganó por más de 20 puntos en Marcos Juárez, el lugar que Mauricio Macri había bautizado como el “kilómetro cero” de Cambiemos. Después de más de medio siglo, el PJ se quedó con la intendencia y dejó una enseñanza vial para la oposición: antes de pensar en volver al poder, convendría encontrar dónde dejaron el auto.
Marcos Juárez era el kilómetro cero de Cambiemos.
No el 14.
No el 326.
El cero.
El lugar donde Macri había clavado la banderita amarilla para decir: “Acá empezó todo”.
Bueno.
Este domingo terminó algo.
El peronista Germán Font ganó por más de veinte puntos y consiguió algo que el PJ no lograba allí desde hacía más de cincuenta años: quedarse con la intendencia.
En términos automovilísticos, Cambiemos volvió al lugar donde había arrancado y encontró un cartel:
“Propiedad del peronismo. No estacionar.”
La derrota tiene además una belleza arquitectónica.
Font compitió formalmente con perfil vecinalista, pero debajo del capó estaban casi todas las piezas disponibles del peronismo: el cordobesismo de Martín Llaryora, el Frente Renovador de Sergio Massa y el kirchnerismo.
Una especie de Frankenstein electoral armado con partes que normalmente se dedican a putearse.
Y caminó.
Peor:
ganó por veinte puntos.
El peronismo descubrió accidentalmente una tecnología política revolucionaria: ponerse de acuerdo antes de contar los votos.
Los científicos todavía investigan.
Desde el llaryorismo bautizaron el triunfo como “el kilómetro cero de la unidad peronista”.
Eso tiene que doler.
No solamente te ocupan la casa.
Te cambian el nombre del Wi-Fi.
El viejo kilómetro cero de Cambiemos ahora sería el kilómetro cero de la unidad peronista.
Macri puso el cartel.
El PJ aprovechó el poste.
Pero la obra maestra estaba enfrente.
La Libertad Avanza ni siquiera compitió con sello propio. Según la información publicada, Llaryora había acordado con Milei “municipalizar” la elección y los libertarios cumplieron: Germán Pasquali pidió el respaldo de LLA, no se lo dieron y terminó compitiendo sin la bendición violeta.
Milei consiguió así una hazaña electoral extraordinaria:
no perdió porque tuvo la precaución de no presentarse.
Eso sí es cuidar el invicto.
Si la estrategia se extiende a 2027, la reelección está prácticamente asegurada siempre que tampoco participe.
Mientras tanto, Luis Juez sí había ido durante la campaña a respaldar a Pedro Dellarosa, el candidato derrotado.
Dellarosa perdió.
Juez quedó golpeado.
Macri perdió simbólicamente la localidad donde había situado el nacimiento de Cambiemos.
De Loredo terminó advirtiendo que si libertarios, radicales y juecistas no se unen para la elección provincial podrían perder Córdoba.
Excelente momento para descubrirlo.
El airbag se abrió y De Loredo propuso ponerse el cinturón.
Porque la oposición cordobesa logró algo extraordinariamente argentino: comprobar después de la elección que quizás habría sido conveniente coordinar antes de la elección.
Un hallazgo.
Newton necesitó una manzana.
Ellos necesitaron veinte puntos en la cabeza.
Y la escena se vuelve todavía más exquisita porque todos jugaron un poquito.
Los libertarios retiraron el sello.
De Loredo movió fichas por abajo detrás de Pasquali.
Juez acompañó a Dellarosa.
Dirigentes del PRO quisieron conseguirle el sello amarillo al mismo Dellarosa y no pudieron.
Incluso aparece Lule Menem amagando un contacto pese al acuerdo político entre Milei y Llaryora.
No fue una coalición.
Fue una rotonda sin carteles.
Cada uno entró por una salida diferente y ahora están preguntando quién venía por la derecha.
Del otro lado, el peronismo hizo una cosa mucho menos sofisticada:
sumó.
Llaryora, Massa, kirchnerismo, dirigentes locales.
Todos detrás del mismo candidato.
Nada de pureza doctrinaria.
Nada de concurso para determinar quién tiene el peronómetro más largo.
Por una vez comprendieron que para ganar una elección resulta bastante útil que los votos propios no compitan entre ellos.
El resultado fue obsceno.
Más de veinte puntos.
Después de más de cincuenta años.
En la cuna productiva del sudeste cordobés.
En el municipio que Macri había convertido en símbolo fundacional de Cambiemos.
No fue perder una intendencia.
Fue volver al lugar de nacimiento y descubrir que hicieron un geriátrico.
Llaryora, mientras tanto, administró el triunfo con prudencia. No fue personalmente al festejo, mandó ministros y publicó un mensaje institucional.
La sobriedad del vencedor.
Es lógico.
Cuando el adversario acaba de estrellarse contra su propio kilómetro cero, tocar bocina sería de mal gusto.
Ahora todos miran hacia la elección provincial.
De Loredo pide unidad.
Juez tendrá que calcular daños.
Los libertarios deberán decidir hasta cuándo sirve mirar las elecciones desde la banquina.
El PRO puede empezar por una tarea más elemental: determinar exactamente qué queda de aquello que nació allí.
Porque Marcos Juárez fue durante años una dirección sentimental del antiperonismo moderno.
El lugar del nacimiento.
El famoso kilómetro cero.
Este domingo el peronismo llegó, ganó por veinte puntos y se quedó con las llaves.
Cambiemos ahora enfrenta un problema mucho más complicado que perder una elección: para volver a arrancar primero tiene que encontrar el kilómetro uno.


























