Kristalina Georgieva recibió al ministro de Economía junto con Santiago Bausili y José Luis Daza para ratificar el programa económico. Caputo expondrá sobre crecimiento y estabilidad mientras en la Argentina se multiplican los cierres, cae el consumo y las familias acumulan deudas. El modelo será explicado en Estados Unidos, prudentemente lejos de quienes lo padecen.
Luis Caputo volvió a Estados Unidos para reunirse con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, y defender los resultados del programa económico de Javier Milei. Lo acompañaron el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y el secretario de Política Económica, José Luis Daza.
El ministro hablará sobre estabilidad macroeconómica y crecimiento. Para demostrar lo primero llevará cifras fiscales. Para explicar lo segundo necesitará una presentación más creativa.
La reunión sirvió para ratificar el programa de ajuste y exhibir ante el organismo internacional la continuidad del rumbo. El Fondo vuelve a respaldar al Gobierno y el Gobierno vuelve a interpretar ese respaldo como una certificación de éxito. En la Argentina, mientras tanto, salarios, consumo, comercios e industrias esperan que alguien les comunique que forman parte del milagro.
El crecimiento es como la lluvia en algunos pueblos: los funcionarios aseguran que llegó, pero los vecinos continúan mirando el cielo.
La economía argentina vuelve a rendir examen en Estados Unidos
Caputo viajó en el marco de las actividades relacionadas con el G20. La escena resume una tradición nacional: las decisiones que afectan los ingresos de millones de argentinos se explican primero en inglés y después, si queda tiempo, se anuncian en Buenos Aires.
El ministro presentará la reducción del déficit, la desaceleración inflacionaria y el ordenamiento monetario como los principales resultados de su administración. Son las variables que el Fondo observa con mayor atención porque determinan la capacidad del país para pagar sus compromisos.
El organismo puede celebrar que las cuentas públicas cierren. No vive dentro de esas cuentas.
Detrás de la reducción del gasto aparecen jubilaciones deterioradas, prestaciones recortadas, obra pública paralizada, universidades desfinanciadas y transferencias limitadas. El Gobierno llama “orden” al resultado final. Quienes perdieron ingresos conocen el nombre del procedimiento.
La diferencia entre un ajuste y un milagro depende, muchas veces, de quién redacta el comunicado.
Georgieva ratifica el rumbo que el Fondo ayudó a construir
La directora del FMI mantiene una relación de respaldo político con Milei y Caputo. Para el organismo, la administración libertaria ofrece algo que pocos gobiernos argentinos consiguieron garantizar durante tanto tiempo: voluntad de aplicar un programa de austeridad incluso cuando sus consecuencias sociales comienzan a erosionar el apoyo político.
El Fondo no necesita ordenar públicamente cada reducción. El Gobierno realiza el trabajo y, además, lo presenta como una batalla cultural contra el Estado.
La coincidencia permite que ambas partes distribuyan responsabilidades. Caputo afirma que el programa es soberano y responde a las necesidades argentinas. El FMI sostiene que acompaña las decisiones adoptadas por las autoridades nacionales. Cuando los costos llegan a la población, nadie parece haberlos solicitado.
Es un ajuste sin autor, pero con muchos acreedores satisfechos.
Caputo hablará de crecimiento
La exposición del ministro estará dedicada al crecimiento económico y a la estrategia oficial para consolidar la estabilidad macroeconómica. El Gobierno sostiene que, después de ordenar las variables fundamentales, la recuperación llegará mediante inversiones privadas, apertura comercial y confianza.
El problema es que la estabilidad construida sobre la caída del consumo puede terminar pareciéndose demasiado al silencio de una fábrica cerrada.
El sector textil denuncia cierres y suspensiones. Comerciantes informan ventas insuficientes. Las familias recurren al crédito para pagar alimentos y servicios. El desempleo y la informalidad condicionan los ingresos. Incluso los productos importados, promocionados como una alternativa más económica, permanecen sin venderse porque el problema ya no es solamente el precio: falta capacidad de compra.
Caputo puede exhibir una inflación más baja. Pero cuando los precios se desaceleran porque la población dejó de consumir, la estadística mejora al mismo tiempo que la economía cotidiana se debilita.
Un termómetro también baja cuando el paciente deja de respirar. Por eso conviene observar algo más que el número.
Bausili y las reservas que podrían garantizar deuda
Santiago Bausili acompañó al ministro pocos días después de que Diputados aprobara la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. El proyecto busca fortalecer la autonomía de la entidad, eliminar la asistencia monetaria al Tesoro y habilitar el uso de reservas como garantía en operaciones financieras internacionales.
Ese último punto abre una discusión central. El Banco Central podría tomar financiamiento de bancos privados extranjeros y respaldarlo con oro, divisas u otros activos líquidos sin pasar por el Congreso, según advierten los críticos de la reforma.
El Gobierno presenta la modificación como una herramienta normal de gestión financiera. La oposición teme que permita endeudarse mediante mecanismos que esquiven el control legislativo.
La presencia conjunta de Caputo y Bausili en Estados Unidos no prueba que exista una nueva operación en preparación. Pero ocurre mientras el oficialismo impulsa una normativa que ampliaría considerablemente la capacidad del Central para negociar con acreedores internacionales.
El Gobierno llama independencia a separar el Banco Central de la política. Curiosamente, esa independencia lo acerca cada vez más a los bancos.
El ministro que pide confiar desde el lugar donde guarda su dinero
El viaje también coincide con la difusión de la declaración jurada de Caputo. El ministro informó ahorros por más de $13.000 millones y reconoció que el 95,3% permanece depositado en el exterior.
No existe ninguna ilegalidad conocida en esa decisión. Los fondos fueron declarados. Sin embargo, el dato contradice el discurso con el que Caputo pide a los argentinos sacar sus dólares del colchón e incorporarlos al sistema financiero local.
Mientras reclama confianza en la economía que conduce, conserva el equivalente aproximado a ocho millones de dólares fuera del país. Ahora viajó a Estados Unidos para explicar por qué los demás deberían creer en un programa en el que su patrimonio participa desde una distancia prudencial.
Quizás Georgieva no solo recibió al ministro. También quedó geográficamente más cerca de sus ahorros que el Banco Central argentino.
Milei también sale de gira
Mientras el equipo económico participa de la agenda internacional, Javier Milei prepara actividades con la Federación Internacional del Automóvil, un viaje a Chile para intervenir en el Foro Madrid y encuentros con referentes de la derecha regional.
Luego tiene previsto trasladarse a Misiones para participar de la convención anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas. La agenda presidencial vuelve a privilegiar empresarios, dirigentes internacionales y representantes del sistema financiero.
No aparece, por ahora, una reunión equivalente con trabajadores suspendidos, comerciantes endeudados, jubilados ni dueños de pequeñas empresas que cerraron. El Gobierno conversa con los sectores que esperan beneficiarse de la recuperación y evita a quienes deberían sobrevivir hasta que llegue.
La macroeconomía posee la ventaja de no reclamar una audiencia.
El ajuste recibió otra felicitación
La reunión con Georgieva ofrecerá al Gobierno una nueva fotografía de respaldo internacional. Caputo regresará con elogios, compromisos de continuidad y alguna frase sobre los avances extraordinarios de la Argentina.
El FMI podrá confirmar que el país sigue cumpliendo el programa. El oficialismo utilizará esa aprobación para responder a las críticas internas. Si el organismo está satisfecho, argumentará, la economía debe marchar correctamente.
Pero el Fondo evalúa principalmente la solvencia del deudor. La sociedad necesita evaluar otra cosa: si puede comer, pagar servicios, conservar el empleo, acceder a medicamentos y proyectar una vida.
Ambas mediciones pueden arrojar resultados opuestos. Un país puede cumplir puntualmente con sus acreedores mientras incumple diariamente con sus ciudadanos.
Caputo viajó a Estados Unidos para demostrar que el ajuste funciona. Georgieva lo recibió para ratificar que debe continuar. Solo faltaron en la reunión quienes lo financian con sus salarios, sus jubilaciones y sus empleos. No fueron invitados. Además, probablemente no sean aptos para sacar un crédito que les permita pagar el pasaje.


























