El ministro de Economía declaró ahorros por más de $13.000 millones y mantiene el 95,3% en el exterior. Mientras exige que los argentinos confíen en su programa y vuelquen sus divisas al sistema local, él resguarda fuera del país el equivalente a USD 8 millones. La confianza marcha bien, pero todavía no consiguió cruzar la frontera.
Luis Caputo lleva meses pidiéndoles a los argentinos que saquen los dólares del colchón, los incorporen al sistema financiero y confíen en el rumbo económico. Su declaración jurada acaba de revelar que el ministro también sacó los dólares del colchón. El detalle es que los depositó en el exterior.
El titular del Palacio de Hacienda declaró ahorros por $13.030 millones al cierre de 2025. De esa cantidad, $12.422 millones —el equivalente aproximado a ocho millones de dólares— permanecen depositados fuera de la Argentina. Representan el 95,3% de sus fondos.
En el país que administra, Caputo mantiene alrededor del 4,7%. Es una distribución patrimonial muy coherente con el programa libertario: el riesgo se queda en la Argentina y la confianza se exporta.
La existencia de cuentas en el extranjero no constituye por sí misma una ilegalidad. Los fondos fueron incluidos en la declaración presentada ante la Oficina Anticorrupción y no se ha denunciado que se encuentren ocultos. El problema no es penal, sino político: quien pide a millones de ciudadanos que crean en el sistema local conserva casi todo su dinero lejos de las consecuencias de sus propias decisiones.
Los dólares de los argentinos deben volver; los de Caputo tienen permiso para quedarse afuera
El Gobierno necesita divisas. Las requiere para fortalecer las reservas, sostener el régimen cambiario, pagar deuda y demostrar que el programa económico conserva apoyo. Como el Banco Central no logra acumularlas con suficiente velocidad, el oficialismo volvió la mirada hacia los ahorros privados.
Caputo insistió en que los argentinos poseen cientos de miles de millones de dólares guardados fuera del circuito formal. Los invitó a utilizarlos, depositarlos y dejar de desconfiar. Presentó esa decisión como un acto de racionalidad económica y casi como una contribución patriótica.
Su propio patrimonio siguió el camino contrario.
La mayor parte de los depósitos externos corresponde a una cuenta corriente en dólares valuada en aproximadamente $11.739 millones. La declaración jurada no especifica públicamente en qué país se encuentra. La confianza del ministro no solo vive en el extranjero: además, pidió domicilio reservado.
Puede argumentarse que esos fondos fueron constituidos antes de su gestión o que responden a decisiones patrimoniales de largo plazo. Pero Caputo lleva suficiente tiempo al frente de la economía para haber enviado una señal personal. Si considera que la Argentina ofrece estabilidad, seguridad jurídica y oportunidades, podría comenzar trasladando una parte de sus propios ahorros.
Predicar con el dinero ajeno siempre ofrece mejores rendimientos.
La caja chica argentina
Dentro del país, el ministro declaró algo más de $600 millones distribuidos entre cuentas y plazos fijos. Posee una caja de ahorro con $581.680, otra con $742 y una tercera con apenas $44.
Esos 44 pesos constituyen probablemente la inversión más sincera de todo el programa económico. Representan la cantidad exacta de confianza que el ministro estuvo dispuesto a dejar sin cobertura en una cuenta argentina.
También informó una caja de ahorro en dólares valuada en $23,1 millones, equivalente a unos USD 15.000, cinco plazos fijos que superan los $584 millones y $122.000 en efectivo.
Para la mayoría de la población, $600 millones representarían una fortuna imposible de reunir. Dentro del patrimonio de Caputo, sin embargo, funcionan como una caja chica. El ministro conserva en la Argentina suficiente dinero para afirmar que participa del sistema, pero no tanto como para compartir plenamente su destino.
Es como recomendar un restaurante mientras se almuerza en la vereda de enfrente.
Un patrimonio que creció 64,6%
Caputo declaró bienes, depósitos y dinero por $19.509 millones al cierre de 2025. Al comenzar el año había informado $11.851 millones. La diferencia representa un incremento nominal del 64,6%.
Ese aumento no implica automáticamente un enriquecimiento irregular. Parte de la variación puede explicarse por cambios en las valuaciones, diferencias cambiarias, rendimientos financieros o actualizaciones patrimoniales. Para conocer el crecimiento real sería necesario analizar cada activo, su valor anterior y los ingresos declarados durante el período.
Pero la cifra posee una potencia política inevitable. Mientras el ministro administraba un ajuste que redujo ingresos, consumo y prestaciones públicas, su patrimonio declarado crecía miles de millones de pesos.
La macroeconomía puede tardar en llegar a los hogares. A la declaración jurada de Caputo, en cambio, llegó puntual.
Casas, campo, vehículos y un yate para explicar la austeridad
El ministro no declaró nuevas propiedades durante 2025, pero conserva un patrimonio inmobiliario considerable: una casa de 365 metros cuadrados, tres cocheras en la Ciudad de Buenos Aires, un departamento de 200 metros en Recoleta, la mitad de un lote en Pilar, un terreno de 3.765 metros cuadrados en Benavidez, una casa de 617 metros cuadrados en Villa La Angostura y un campo de 800 hectáreas en Alberti.
También posee un yate, un gomón, un Volvo XC90, dos Kia Carnival y un cuatriciclo.
Ninguno de esos bienes prueba la comisión de un delito. Caputo desarrolló una extensa carrera en el sector financiero privado antes de ocupar cargos públicos. Tiene derecho a poseer propiedades, vehículos, embarcaciones e inversiones siempre que su origen sea lícito y estén correctamente declarados.
Sin embargo, el inventario ayuda a comprender desde qué lugar social se diseña el ajuste. Para un funcionario con casas, terrenos, campo, automóviles y millones depositados en el extranjero, una suba tarifaria puede constituir una variable necesaria del programa. Para una familia que elige entre comprar alimentos y pagar la electricidad, representa una emergencia.
El Excel puede ser el mismo. La vida que queda debajo de la celda, no.
El ministro también diversifica empresas
Caputo informó participaciones en Anker Latinoamericana, Ancora Investments LP, Sacha Rupaska y Palmeral Chico. Las valuaciones declaradas ascienden a decenas, cientos y, en algún caso, miles de millones de pesos.
La presencia de estas inversiones vuelve todavía más importante conocer cómo se administran los posibles conflictos de intereses. Un ministro de Economía toma decisiones sobre regulación financiera, tributación, comercio exterior, deuda y tipos de cambio capaces de afectar el valor de empresas y activos.
Declarar las participaciones es obligatorio, pero la transparencia no debería terminar con la presentación de un formulario. También debe conocerse si el funcionario interviene en decisiones relacionadas con sectores donde posee intereses, si delegó la administración y qué mecanismos existen para evitar beneficios particulares.
La confianza que reclama Caputo no puede ser únicamente monetaria. También debe ser institucional.
La patria financiera tiene sede en el exterior
Durante años, el discurso liberal argentino acusó a la población de comportarse irracionalmente por comprar dólares y protegerlos fuera del sistema. Pero la desconfianza no apareció por generación espontánea. Fue construida por crisis, devaluaciones, corralitos, defaults, cambios de reglas y programas económicos conducidos, en varios casos, por los mismos apellidos que después exigieron confianza.
Caputo conoce mejor que nadie los riesgos financieros del país. Tal vez por eso mantiene el 95% de sus ahorros en el exterior. Su decisión puede ser perfectamente racional desde el punto de vista individual. Lo que resulta insostenible es pedir a los demás que actúen de una manera que él mismo no considera conveniente para su patrimonio.
Si un médico recomienda un tratamiento, se espera que confíe en sus efectos. Si un piloto asegura que el avión es seguro, resulta extraño verlo bajar antes del despegue. Y si un ministro afirma que la economía argentina finalmente ofrece estabilidad, cuesta comprender por qué ocho millones de sus dólares contemplan el milagro desde otro país.
Caputo quiere que la ciudadanía saque los billetes del colchón. Él ya dio el ejemplo: los sacó, los contó y los mandó al exterior para que no corrieran riesgos.
En la Argentina libertaria, la confianza es obligatoria para quienes tienen pocos dólares. Quienes poseen millones pueden darse el lujo de desconfiar profesionalmente.


























