El mayorista cerró en un récord de $1.512, mientras el contado con liquidación superó los $1.600 y el riesgo país llegó a 514 puntos. El Banco Central apenas pudo comprar US$9 millones. La tensión revela un problema mayor: contener el dólar exige tasas altas, intervenir consume reservas y dejarlo correr amenaza con trasladar la presión a los precios.
El dólar volvió a convertirse en el punto donde confluyen casi todas las tensiones del programa económico. Este martes, el mayorista terminó en $1.512, el contado con liquidación se ubicó alrededor de $1.600, el riesgo país alcanzó los 514 puntos básicos y el Banco Central consiguió comprar apenas US$9 millones. Por separado, cada dato podría interpretarse como una jornada financiera adversa. Juntos muestran algo bastante más incómodo para el Gobierno: las herramientas utilizadas para mantener estabilizado el frente cambiario empiezan a interferir unas con otras.
Los $1.500 no constituían el techo formal de la banda cambiaria —ubicado alrededor de $1.873—, pero habían adquirido una importancia política evidente. El Gobierno intervino anteriormente cuando el mayorista intentó atravesarlos y durante semanas esa cifra funcionó como una frontera informal. Que el dólar haya cerrado finalmente por encima indica que Economía parece haber comenzado a tolerar cierto desplazamiento antes que pagar cualquier costo para sostenerlo.
El problema es que tampoco existe una cotización completamente aislada del resto. Mientras el mayorista llegó a $1.512, el Banco Nación cerró en $1.530, el blue rondó los $1.565, el dólar tarjeta alcanzó $1.989 y el CCL se movió alrededor de los $1.600. Este último es especialmente importante porque constituye una referencia utilizada por empresas e inversores para dolarizar carteras y mover capitales fuera del mercado local.
La brecha entre el mayorista y el contado con liquidación volvió así a aproximarse al 6%. No es una brecha comparable con las registradas durante períodos de fuertes controles cambiarios, pero su ampliación muestra que una parte del mercado está dispuesta a pagar más por cobertura.
El riesgo país vuelve a cerrar la puerta de Wall Street
La segunda señal aparece en los bonos. El riesgo país llegó a 514 puntos básicos, con una suba diaria del 1,4%, alejándose todavía más de aquella zona cercana a los 400 puntos que había alimentado expectativas sobre un eventual regreso argentino al financiamiento internacional.
El movimiento importa mucho más que por el número en sí mismo. Una de las necesidades estructurales del programa económico es conseguir dólares suficientes para atender vencimientos y fortalecer reservas sin depender permanentemente de exportaciones extraordinarias, organismos internacionales o mecanismos financieros excepcionales. Con un riesgo país nuevamente por encima de 500 puntos, emitir deuda externa a costos razonables se vuelve mucho más difícil.
La presión también se retroalimenta. Si el mercado considera más difícil que Argentina pueda refinanciar sus compromisos externos, aumenta la percepción de riesgo; cuando aumenta el riesgo, los bonos caen y el financiamiento se encarece; y cuanto más difícil resulta conseguir dólares financieros, mayor importancia adquiere la cantidad de reservas que pueda acumular el Banco Central.
Precisamente allí apareció el tercer dato preocupante de la jornada.
El Central compró apenas US$9 millones
Mientras el dólar subía, el Banco Central terminó comprando solamente US$9 millones, el segundo registro diario más bajo de agosto. La cifra cobra mayor relevancia cuando se observa la tendencia de las últimas semanas.
Entre el 18 y el 21 de agosto, el BCRA había adquirido US$137 millones, unos US$82 millones menos que durante la semana anterior. Según los cálculos de Analytica citados por La Política Online, para cumplir con una referencia prudencial debería haber comprado aproximadamente US$232 millones durante ese período. La diferencia fue de US$95 millones y constituyó la cuarta semana consecutiva por debajo de ese parámetro.
Por eso la discusión ya no pasa solamente por determinar si el Central compra reservas, sino por a qué velocidad consigue hacerlo y cuánto margen posee para intervenir cuando aumenta la demanda de dólares.
Si las reservas deben crecer para reforzar el balance del BCRA y afrontar compromisos externos, pero simultáneamente el Gobierno necesita utilizar dólares o instrumentos financieros para moderar la cotización, ambos objetivos empiezan a competir por el mismo recurso.
El vencimiento que agrega presión
La jornada tiene además un componente particular. Este miércoles se determina el tipo de cambio utilizado para calcular el pago de instrumentos dólar linked que vencen a fines de agosto. Según las estimaciones citadas, están involucrados aproximadamente US$2.595 millones, el mayor vencimiento de estas características durante la administración Milei.
Un bono dólar linked paga en pesos pero su rendimiento depende de la evolución del tipo de cambio oficial. Por eso, cuanto mayor sea la cotización utilizada como referencia, mayor será el monto en pesos necesario para cancelarlo.
Esto convierte cada peso de movimiento del dólar alrededor de la fecha de fijación en una cuestión financieramente sensible.
Ya existe un antecedente. Durante el fixing de la letra dólar linked de julio, el Banco Central interrumpió por primera vez desde enero su racha compradora y el Tesoro vendió dólares para impedir que el mayorista atravesara los $1.500.
Esta vez Economía parece haber modificado parcialmente la estrategia. En lugar de defender ese número a cualquier precio, comenzó a permitir cierto desplazamiento de la cotización.
La trampa de Caputo: tasa, dólar, reservas o actividad
Aquí aparece el verdadero problema detrás de la jornada cambiaria. Caputo enfrenta cuatro objetivos que cada vez resultan más difíciles de sostener simultáneamente.
Si mantiene tasas elevadas, quedarse en pesos resulta atractivo y disminuye el incentivo inmediato para comprar dólares. Pero ese mismo costo financiero encarece tarjetas, préstamos, capital de trabajo y financiamiento empresario, precisamente cuando la actividad económica muestra dificultades.
Si intenta bajar las tasas e incrementar la liquidez, libera pesos que pueden terminar demandando dólares y cobertura cambiaria.
Si utiliza reservas o intervención oficial para frenar el dólar, consigue moderar la cotización pero sacrifica capacidad de acumulación de divisas.
Y si decide dejar subir el dólar, preserva recursos y reduce la necesidad de pagar tasas extraordinarias, pero aumenta el riesgo de que la depreciación termine trasladándose a precios.
No existe una alternativa gratuita. Ese es el cambio relevante respecto de meses anteriores.
Menos tasa a cambio de más dólar
Una interpretación que circula en el mercado es que Economía podría estar desplazándose hacia una estrategia de administrar la velocidad de la suba en lugar de defender una cotización determinada.
La defensa rígida de los $1.500 había requerido absorber pesos, ofrecer cobertura e intervenir, con consecuencias sobre las tasas y la liquidez bancaria. Permitir que el dólar avance gradualmente podría aliviar parte de esa presión.
La ecuación sería sencilla: aceptar algo más de dólar para evitar todavía más tasa.
Pero esa estrategia tiene un límite evidente. El Gobierno construyó buena parte de su capital político alrededor de la desaceleración inflacionaria y el dólar continúa funcionando como una referencia decisiva para expectativas y formación de precios. Una depreciación suficientemente grande podría comenzar a filtrarse hacia bienes importados, insumos y posteriormente precios minoristas.
Por eso permitir movimiento no equivale a liberar completamente la cotización.
Ya no es solamente el dólar
El Índice de Estabilidad Financiera elaborado por Analytica cayó por quinta semana consecutiva y se ubicó en su menor nivel desde fines de junio. Cinco de sus siete componentes mostraron deterioro y uno de los principales factores fue justamente la menor acumulación de reservas.
Ese dato ayuda a comprender la jornada. El problema no consiste únicamente en que el dólar mayorista haya pasado de una cifra psicológica a otra. Simultáneamente subió el riesgo país, aumentaron las cotizaciones alternativas y se debilitó el ritmo de acumulación de reservas.
Cuando varias variables empiezan a deteriorarse al mismo tiempo, el margen para corregir una sin perjudicar otra disminuye.
Caputo todavía conserva instrumentos para intervenir y los niveles actuales están lejos, por sí mismos, de demostrar una crisis cambiaria. Pero el escenario sí expone una tensión creciente en el diseño económico: durante meses, dólar relativamente estable, tasas, reservas y expectativas parecían poder convivir. Ahora comienzan a disputarse entre ellos.
Y esa es la señal importante detrás de los $1.512. El Gobierno todavía puede elegir qué variable defender. Lo que empieza a resultar mucho más difícil es defenderlas todas al mismo tiempo.


























