La mora en préstamos y tarjetas alcanzó el 12,7% en los hogares y acumula 19 meses de crecimiento. Un informe privado advierte que el 27% de los deudores ya no puede acceder a nuevo financiamiento, mientras se agrava el deterioro financiero de las familias.
El deterioro del poder adquisitivo y el creciente endeudamiento de los hogares empiezan a reflejarse con fuerza en el sistema financiero. La mora en préstamos personales y tarjetas de crédito continúa en ascenso y ya dejó a casi 6,8 millones de argentinos fuera del mercado formal de crédito, al no reunir las condiciones necesarias para acceder a nuevos préstamos.
El dato surge de un informe elaborado por la consultora 1816 sobre la base de los registros de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), que mostró que la morosidad volvió a aumentar durante mayo y acumuló 19 meses consecutivos de deterioro, una de las rachas más prolongadas desde la crisis económica de comienzos de siglo.
El estudio considera moroso a quien registra más de 90 días de atraso en el pago de sus obligaciones financieras. Bajo ese criterio, la tasa de irregularidad entre las familias pasó del 12,1% en abril al 12,7% en mayo, mientras que entre las empresas también se observó un deterioro, al subir del 3,3% al 3,5%.

La magnitud del fenómeno se vuelve más evidente al comparar la evolución reciente. En octubre de 2024 la mora de los hogares apenas alcanzaba el 2,5%, por lo que en menos de dos años el indicador se multiplicó por más de cinco. La combinación de salarios rezagados, caída del consumo, aumento de tarifas y mayores costos financieros fue reduciendo la capacidad de pago de miles de familias que comenzaron a financiar gastos corrientes con crédito.
El problema dejó de ser puntual para transformarse en una tendencia generalizada. Según el informe, 26 de los 30 bancos más importantes del país registraron un incremento en la morosidad de sus carteras, lo que muestra que el deterioro atraviesa prácticamente a todo el sistema financiero.
La situación es todavía más delicada en el segmento de las fintech, billeteras virtuales y entidades no bancarias, donde el acceso al crédito suele ser más sencillo pero las tasas de interés son considerablemente más elevadas. Allí, el 32,2% de los préstamos ya presenta atrasos superiores a los 90 días, cuando un año y medio atrás esa proporción era inferior al 10%. Aunque estas entidades concentran alrededor del 17% del financiamiento al consumo, el fuerte aumento de los incumplimientos refleja el creciente estrés financiero que enfrentan los hogares.
El informe también identifica diferencias generacionales. Las personas de 26 a 35 años concentran la mayor proporción de deudores con atrasos: cuatro de cada diez mantienen algún incumplimiento y reúnen el 31,5% del total de la deuda del sistema. En tanto, los jóvenes de entre 18 y 25 años concentran el 42,8% del monto adeudado, lo que evidencia las dificultades de quienes ingresan al mercado laboral con empleos de bajos ingresos o alta precariedad.
La consecuencia más inmediata del incremento de la mora es la exclusión financiera. La consultora estima que el 27% de quienes hoy poseen algún tipo de financiamiento dejó de ser considerado sujeto de crédito, lo que implica que millones de personas ya no pueden acceder a préstamos personales, refinanciaciones o nuevas tarjetas bancarias.
El deterioro ocurre en un contexto en el que también aumentan la informalidad laboral, la pérdida del poder adquisitivo y el uso del crédito para cubrir gastos cotidianos. Para analistas del sistema financiero, la combinación de mayores tasas de interés, menor capacidad de pago y restricciones al financiamiento podría seguir presionando sobre la morosidad durante los próximos meses, especialmente si el consumo y los ingresos reales continúan sin mostrar una recuperación sostenida.



























