El exasesor de Javier Milei declaró en la causa por presunto enriquecimiento ilícito que durante 2025 percibió cerca de un millón de dólares mensuales mediante actividades realizadas fuera de Bolivia. Reconoció que su principal contacto en el entorno gubernamental era el presidente Rodrigo Paz, pero evitó responder sobre contratos, licitaciones, designaciones, discursos y manejo de redes oficiales. De 219 preguntas habría contestado poco más de treinta: la memoria también sabe elegir dónde invertir.
Fernando Cerimedo encontró una manera original de defenderse en una causa por presunto enriquecimiento ilícito: afirmó que ganaba cerca de un millón de dólares por mes. La cifra equivale a unos doce millones anuales, siempre que “ingresos” signifique dinero efectivamente percibido y no facturación, utilidades proyectadas o una expresión destinada a impresionar fiscales. El acta conocida no incorpora documentación que permita comprobar ese monto. Cerimedo no mostró los balances, pero presentó el tamaño de la billetera como certificado de buena conducta.
El consultor argentino declaró que sus recursos provenían de actividades desarrolladas fuera de Bolivia. Dijo ser propietario de Numen Group Inc. en Estados Unidos y participar, junto con su esposa, en empresas argentinas dedicadas a publicidad, tecnología y producción audiovisual. Una de ellas tendría 35 empleados y doce clientes. Si las cifras declaradas fueran exactas, cada cliente debería aportar en promedio una pequeña economía municipal. El marketing digital finalmente encontró su verdadero botón de monetización.
La respuesta sobre sus ingresos fue contundente. Las explicaciones sobre su actividad política en Bolivia, en cambio, llegaron con modalidad ahorro. Según la Agencia de Noticias Fides, Cerimedo enfrentó un cuestionario de 219 preguntas y apenas respondió algo más de treinta; frente al resto repitió que no entendía qué tenían que ver con el caso o que no guardaban relación con la investigación. Para ganar un millón de dólares mensuales, memoria fotográfica. Para recordar quién lo contrató, niebla en la cordillera.
Cuando le preguntaron quién era su contacto principal dentro del entorno presidencial, respondió sin rodeos: Rodrigo Paz. El detalle podría haber servido para aclarar el vínculo, pero Cerimedo se negó a precisar quién lo convocó, cuándo comenzó la colaboración, dónde trabajaba y qué tareas cumplía. Conocía directamente al Presidente, aunque aparentemente la relación nació por generación espontánea. El asesor llegó al palacio como llegan los algoritmos: nadie sabe quién los programó, pero ya están decidiendo qué ve todo el mundo.
Cerimedo tampoco respondió si había influido en nombramientos ministeriales, decisiones gubernamentales, contratos o licitaciones. Evitó explicar si participó en la redacción de discursos presidenciales, la planificación de estrategias digitales o la administración de cuentas oficiales y personales. Las preguntas no eran ornamentales: intentaban determinar si el consultor tuvo poder real dentro de un Gobierno con el que, según sus propias palabras, no mantenía empresas ni cuentas bancarias. No tenía cargo conocido, pero le preguntaban por casi todas las funciones menos servir café.
Rodrigo Paz reconoció que Cerimedo colaboró durante la segunda vuelta electoral y al comienzo de su gestión, aunque sostuvo que no existió relación contractual y que nunca lo autorizó a representarlo, representar al Gobierno ni actuar en nombre de su familia. Es una forma novedosa de asesoramiento: el consultor ayuda a ganar una elección, entra en contacto directo con el Presidente y participa del inicio de la administración, pero la relación no produce contrato, salario ni responsabilidades. Trabajo informal, aunque aparentemente de alta gama.
Nadia Beller, expareja de Cerimedo, contradijo esa versión. Publicó más de veinte imágenes de supuestos chats, además de fotografías y registros de ubicación que, según afirmó, demostrarían que el vínculo continuó durante meses. En los mensajes aparecen referencias a la residencia presidencial, la Casa Grande del Pueblo, reuniones oficiales, ministros y actividades gubernamentales. También difundió imágenes de Cerimedo junto a Paz y otra tomada, aparentemente, dentro de una aeronave oficial. El material deberá ser peritado y contrastado por la Justicia; WhatsApp todavía no reemplazó al expediente, aunque suele llegar bastante antes.
Beller sostuvo que numerosas personas vieron al consultor ingresar a oficinas públicas y participar en reuniones relacionadas con el Gobierno. También señaló que sus registros migratorios revelarían una presencia prolongada en Bolivia. Su planteo apunta directamente contra la explicación del asesor internacional que colaboraba desde el exterior y había dejado de tener relevancia después del inicio de la gestión. Cerimedo, según esa versión, estaba tan alejado del poder que necesitaba entrar al edificio para demostrarlo.
La causa por presunto enriquecimiento ilícito surgió después de los allanamientos realizados en inmuebles vinculados con el consultor. La Fiscalía informó el hallazgo de dinero en efectivo, dispositivos electrónicos y otros elementos cuyo origen intenta establecer. La defensa afirmó que cerca de 200.000 dólares habían sido trasladados desde la Argentina para abrir una empresa en Bolivia. Cerimedo, sin embargo, declaró que no tenía ninguna compañía radicada allí. La empresa no existía, pero el capital inicial ya había llegado con puntualidad germánica.
El consultor cumple prisión preventiva por una causa distinta, en la que está imputado por la tentativa de feminicidio de Nadia Beller. Él niega la acusación y su responsabilidad deberá ser determinada judicialmente. Además, la Fiscalía boliviana abrió otra investigación por presuntos vínculos con el narcotráfico, basada también en denuncias de Beller. Tener varias causas no demuestra culpabilidad; sí complica bastante la agenda del hombre que decía facturar doce millones de dólares por año.
La investigación económica debería establecer algo básico: si el millón de dólares mencionado corresponde a ingresos brutos, ganancias netas, facturación empresarial o dinero personal. También tendría que determinar quiénes fueron los clientes, qué servicios recibieron, en qué países se pagaron impuestos y cómo se trasladaron los fondos. La frase “actividades fuera de Bolivia” sirve para una conferencia comercial, pero resulta algo estrecha cuando la Justicia pregunta por el origen de una fortuna. La geografía no es una factura.
El interrogatorio exhibe una contradicción que ninguna campaña digital puede borrar. Cerimedo presentó un entramado empresarial suficientemente rentable para producir ingresos mensuales extraordinarios, pero evitó describir con precisión una de sus actividades políticas más visibles: su relación con el presidente boliviano. Si asesorar a Rodrigo Paz fue un trabajo lícito, conocido y profesional, el silencio resulta difícil de comprender. Si no recibió pagos ni tuvo funciones gubernamentales, queda por explicar por qué aparecen tantas preguntas sobre reuniones, discursos, contratos y cuentas oficiales.
La defensa sostiene que el cuestionario buscó atacar a Rodrigo Paz y habló incluso de un intento de “golpe de Estado”. Es la respuesta favorita de los consultores políticos cuando una pregunta no admite campaña de reposicionamiento: transformar al fiscal en militante y al interrogatorio en conspiración continental. Cerimedo no explicó quién lo contrató, pero ya encontró quién quiere derrocar al Gobierno.
Hasta que aparezcan documentos bancarios, fiscales y comerciales, el millón de dólares mensual seguirá siendo una declaración del propio investigado, no un ingreso verificado. Lo mismo ocurre con los chats difundidos por Beller: constituyen indicios aportados públicamente, no pruebas definitivamente autenticadas.
Lo comprobable es que Cerimedo pudo describir empresas, empleados, clientes e ingresos extraordinarios, pero se negó a explicar la dimensión de su relación con Paz. Respondió lo suficiente para mostrarse millonario y calló lo necesario para no mostrar cómo llegó hasta el despacho presidencial.
Un millón de dólares por mes compra publicidad, tecnología, productoras y probablemente una cantidad industrial de bots. Lo que todavía no pudo comprar es una respuesta sencilla a la pregunta más barata de todo el expediente: ¿qué hacía Fernando Cerimedo en el Gobierno de Bolivia?.


























