La financiera calculó que los precios de los bonos incorporan una probabilidad implícita del 72% de reelección para Javier Milei. Su modelo supone que, si continúa el oficialismo, el riesgo país bajaría de la zona de los 500 a 260 puntos; si pierde, saltaría a 1.600. No es una encuesta ni una profecía: es una simulación construida sobre dos escenarios elegidos por la propia sociedad de bolsa. El mercado no sabe quién ganará, pero ya decidió cuánto debe costar cada voto.
La democracia argentina incorporó una nueva modalidad: antes de elegir presidente, los ciudadanos pueden consultar cuánto perderán los bonos si votan incorrectamente. Cohen Aliados Financieros calculó que el mercado asigna una probabilidad implícita del 72% a la reelección de Javier Milei y del 28% a su derrota. No entrevistó votantes, no recorrió provincias ni preguntó por salarios. Miró las cotizaciones y llegó a una conclusión tranquilizadora: Wall Street ya habría votado y, como siempre, su urna tiene prioridad.
El informe construyó dos escenarios. Si Milei obtiene un segundo mandato, el riesgo país descendería hasta los 260 puntos básicos, nivel cercano al promedio latinoamericano. Si pierde, treparía hasta los 1.600 puntos. Entre ambos extremos existe una pequeña diferencia de 1.340 puntos y una concepción bastante delicada del pluralismo: de un lado está la normalidad regional; del otro, el Apocalipsis con certificado bursátil. La alternancia democrática fue reemplazada por una ruleta en la que una sola casilla no tiene fuego.
Pero la estimación del 72% necesita traducción. Cohen no afirma que Milei tenga hoy esa intención de voto ni que cuente con semejante probabilidad estadística de ganar en 2027. La cifra surge de una fórmula aplicada a los precios actuales de los bonos: se calcula cuánto valdrían bajo el escenario favorable de 260 puntos, cuánto bajo el adverso de 1.600 y se determina qué combinación de ambos reproduce la cotización presente. La reelección no apareció en una bola de cristal; estaba escondida en una planilla de Excel que ya tenía cargado el final feliz.
El GD35 sirve como ejemplo. Actualmente cotiza con una paridad cercana al 78%. Según Cohen, alcanzaría el 91% si Milei gana y caería al 47% si pierde. Al ponderar esos dos valores para llegar al precio actual, el resultado implica un 72% de continuidad. La cuenta es matemáticamente coherente. Lo discutible no es la calculadora, sino quién decidió que una derrota oficialista necesariamente conduce a 1.600 puntos. Si se eligen el cielo y el infierno como extremos, hasta el purgatorio termina pareciendo una encuesta.
Para justificar el escenario negativo, la financiera tomó como referencia 2019. Cuando el mercado descontó que Mauricio Macri no sería reelegido, el riesgo país osciló entre 1.470 y 1.990 puntos antes del reperfilamiento. Cohen ubicó su hipótesis adversa en 1.600. La historia argentina funciona aquí como una película que el mercado proyecta en continuado: cambia el candidato opositor, cambia la economía y cambia el contexto internacional, pero el final debe ser siempre el mismo porque ya se vendieron las entradas.
El escenario favorable también contiene una decisión conceptual. Cohen supone que, con Milei reelecto, la Argentina dejaría de tener razones propias para rendir por encima del promedio regional. El riesgo país convergería así hacia los 260 puntos. La hipótesis da por sentado que la continuidad garantizaría disciplina fiscal, normalización crediticia y capacidad de pago. Los mercados, que exigen garantías para todo, en este caso aceptan como garantía la palabra “continuidad”.
Los bonos cortos exhiben todavía más optimismo. El GD30 tendría incorporada una probabilidad del 83% de reelección, mientras que el AE38 y el GD46 la reducen hasta alrededor del 68%. No significa que un bono tenga mejores encuestadores que otro. Los títulos que vencen antes atraviesan menos incertidumbre política y financiera; los largos deben sobrevivir a más gobiernos, crisis y ministros que descubren que la deuda heredada era más grande cuando les toca pagarla. En la Argentina, la duración no se mide en años: se mide en oportunidades de default.
La apuesta puede resultar rentable. Si Milei gana y el riesgo país desciende a 260 puntos, el GD35 podría subir aproximadamente un 16%. El AL41, que opera cerca del 69% de paridad, alcanzaría el 82% y ofrecería una ganancia próxima al 19%. Para obtener ese rendimiento, el inversor debe comprar bonos y una hipótesis electoral en el mismo paquete. Es renta fija con presidente incluido.
La contracara resulta bastante menos amable. Si el oficialismo pierde y se cumple el escenario de 1.600 puntos, algunos títulos largos podrían retroceder más de 28 puntos de paridad. Los mismos bonos que prometen la mayor ganancia concentran también el golpe más fuerte. El mercado ofrece una oportunidad extraordinaria: ganar 19% si acierta o contemplar cómo se evapora una parte considerable del capital si la ciudadanía utiliza el cuarto oscuro sin consultar al agente bursátil.
Cohen aclara que buena parte del ordenamiento macroeconómico ya se encuentra incorporado a los precios. Hace un año, el GD30 rendía más del 11%; ahora se ubica cerca del 6,6%, en línea con créditos internacionales de calificación B-. Según la financiera, la brecha crediticia está prácticamente cerrada y lo que queda es, sobre todo, prima electoral. Dicho de otro modo: los bonos ya cobraron por adelantado el ajuste, el superávit y la desinflación. Ahora quieren cobrar por la continuidad ideológica.
Por eso, la sociedad de bolsa considera difícil que el riesgo país baje de los 370 puntos antes de las elecciones, incluso si las variables económicas mejoran. La incertidumbre política actuaría como un piso. El indicador que teóricamente mide capacidad de pago termina midiendo también cuánto miedo siente el inversor ante la posibilidad de que gobierne alguien que todavía no conoce. La deuda es contractual; el pánico, preventivo.
La recomendación de Cohen es coherente con su modelo: bonos cortos para quienes no quieran apostar abiertamente a las elecciones y títulos largos para quienes crean que la probabilidad de reelección supera el 72%. El asesor financiero ya no necesita preguntar solamente cuánto riesgo tolera el cliente. Ahora debe saber si vota a Milei, si confía en la oposición y si está preparado emocionalmente para ver el escrutinio junto a su cartera de inversiones.
El problema político aparece cuando un ejercicio financiero se presenta como una verdad sobre el futuro del país. Los mercados no son adivinos neutrales: operan con preferencias, recuerdos, incentivos y posiciones compradas. Si muchos inversores esperan que una derrota provoque una crisis, venden bonos, elevan el riesgo país y ayudan a producir la inestabilidad que luego señalan como prueba de su propia lucidez. La profecía no siempre se cumple sola; a veces tiene mesa de operaciones.
Falta más de un año para las elecciones. Todavía no se conocen todos los candidatos, las alianzas, los programas ni las condiciones económicas en las que se votará. Pese a ello, la curva soberana ya distribuyó premios y castigos: Milei equivale a 260 puntos; cualquier derrota, a 1.600. El mercado exige previsibilidad, pero para construirla necesita reducir toda la política argentina a dos botones: “continuidad” o “catástrofe”.
Cohen no predijo la reelección de Milei. Calculó qué probabilidad resulta compatible con los precios si se aceptan previamente sus dos escenarios. La diferencia es fundamental: una cosa es descubrir el futuro y otra cargarlo en una fórmula.
Pero la operación simbólica ya está hecha. El mensaje para 2027 es sencillo: el ciudadano puede votar a quien quiera, siempre que después esté dispuesto a pagar la diferencia. La democracia sigue siendo libre; lo único tarifado es el resultado.


























