Un relevamiento sobre 419 proveedores no bancarios detectó que el 63% no informa claramente el Costo Financiero Total. Entre las entidades que publican sus condiciones, la TNA promedio alcanza el 240,28% y el CFT llega al 995,98%. Mientras crece la mora, el Gobierno responsabiliza a las familias y evita discutir el deterioro de los ingresos.
El crédito dejó de ser para muchas familias una herramienta destinada a comprar una vivienda, financiar un vehículo o realizar una inversión. Cada vez se utiliza más para pagar alimentos, medicamentos, servicios, alquileres y otros gastos que vuelven a aparecer al mes siguiente. El consumo desaparece, pero la deuda permanece.
En ese escenario, un informe elaborado por PHARO sobre 419 proveedores no financieros de crédito expuso dos problemas que se potencian entre sí: tasas extraordinariamente elevadas y una falta generalizada de información que impide conocer cuánto terminará pagando quien solicita el dinero.
El relevamiento, realizado entre marzo y agosto de 2026, encontró que 253 de las entidades analizadas no publican ningún valor numérico que permita identificar fácilmente la Tasa Nominal Anual o el Costo Financiero Total. El 61,81% no informa la TNA y el 63,01% tampoco exhibe el CFT.
Esto significa que seis de cada diez proveedores ofrecen préstamos sin mostrar de manera accesible uno de los datos más importantes del contrato: el costo final de endeudarse.
El costo real puede acercarse al 1.000%
Entre las entidades que sí publican sus condiciones, la TNA promedio alcanza el 240,28%, mientras que la mediana se ubica en el 194,44%. La diferencia es importante porque el promedio puede quedar elevado por algunos casos extremos, mientras que la mediana muestra el valor ubicado en el centro de las observaciones.
El panorama resulta todavía más grave cuando se analiza el Costo Financiero Total. El promedio llega al 995,98% y la mediana se ubica en el 436,38%.
La TNA expresa el interés nominal anual, pero no incorpora necesariamente todos los gastos asociados con el préstamo. El CFT agrega intereses, comisiones, seguros, impuestos y otros cargos. Por eso es el indicador que permite aproximarse mejor a cuánto terminará costando realmente la operación.
Un CFT anual cercano al 1.000% no significa automáticamente que en cualquier préstamo el consumidor pagará exactamente diez veces el monto solicitado. El resultado final dependerá del plazo, el sistema de amortización, la frecuencia de las cuotas y las condiciones contractuales. Pero sí revela un nivel de encarecimiento extraordinario que puede transformar un crédito pequeño en una obligación difícil de cancelar.
El informe detectó una enorme dispersión. La TNA máxima observada llegó al 960%, mientras que en un caso extremo el CFT alcanzó el 16.488,47%. Ese último porcentaje no representa al conjunto del mercado, pero expone hasta dónde puede llegar el costo cuando los cargos adicionales se acumulan sobre préstamos de montos reducidos.
De las 160 entidades que informan su TNA, 108 superan el 150%. Entre ellas, la tasa promedio alcanza el 309,65%.
La cuota visible y la tasa escondida
La opacidad no consiste únicamente en omitir el dato. Algunas entidades lo colocan en sectores poco visibles de sus páginas, lo esconden dentro de documentos extensos o presentan rangos tan amplios que dificultan cualquier comparación.
De las 166 empresas que ofrecen algún tipo de información, solamente 85 exhiben las condiciones directamente. Otras 61 obligan al usuario a recorrer distintas secciones y 20 las incluyen dentro de archivos PDF.
Este diseño comercial favorece que la decisión sea tomada observando únicamente el valor de la cuota o la rapidez con la que se entrega el dinero. Una persona urgida por comprar comida o pagar un servicio probablemente se concentre en cuánto recibirá y cuánto deberá abonar la semana siguiente, no en descifrar un contrato financiero.
La aparente facilidad del procedimiento —una aplicación, una fotografía del documento y pocos minutos de espera— oculta una relación profundamente desigual. La empresa conoce el riesgo, la tasa, las comisiones y el costo final. El consumidor, muchas veces, solo conoce la cantidad de dinero que necesita con urgencia.
La falta de información clara no es un detalle administrativo. Impide comparar ofertas y puede vulnerar los derechos establecidos por las normas de protección al consumidor.
La mora se dispara en el crédito no bancario
El crecimiento de las tasas coincide con un deterioro acelerado de la capacidad de pago. Según el Banco Central, la irregularidad total de la cartera de los proveedores no financieros alcanzó el 26,9% en febrero de 2026, casi diez puntos porcentuales por encima del nivel registrado seis meses antes.
En los préstamos personales, la mora llegó al 34,1%. En las tarjetas de crédito no bancarias alcanzó el 19,4%.
Los proveedores no financieros acumulaban aproximadamente 12,1 millones de clientes y un saldo de financiamiento de $13,9 billones. La deuda promedio por persona llegaba a $1,1 millones.
Estos números muestran que el problema no puede reducirse a unos pocos consumidores irresponsables. Cuando uno de cada tres préstamos personales entra en situación irregular, la explicación deja de ser exclusivamente individual y obliga a observar las condiciones económicas en las que fueron otorgados.
La mora bancaria de las familias también alcanzó el 11,2% en febrero. El deterioro atraviesa, por lo tanto, tanto al sistema tradicional como a las billeteras, comercios, mutuales, cooperativas y fintech.
El Gobierno culpa al deudor, pero evita hablar del salario
Frente al crecimiento del endeudamiento, el discurso oficial insiste en presentar la mora como una consecuencia de decisiones individuales, falta de educación financiera o errores de evaluación cometidos por las propias empresas.
Esos factores pueden existir, pero resultan insuficientes para explicar la magnitud del fenómeno. La deuda no aparece en el vacío: crece cuando los ingresos corrientes dejan de alcanzar para cubrir las necesidades básicas.
Una familia que toma un préstamo para comprar una herramienta puede esperar que esa inversión genere dinero para pagar las cuotas. Cuando pide dinero para comprar alimentos, utiliza ingresos futuros para financiar una necesidad que reaparecerá pocos días después.
La comida se termina. La cuota, los intereses y los cargos administrativos continúan.
Por eso, el monto relativamente bajo de algunas deudas no demuestra que el problema sea menor. Un préstamo de $400.000 puede resultar impagable para una persona que cobra menos de un millón, especialmente si sobre ese capital se aplica una tasa de tres dígitos.
El deterioro salarial, la precarización laboral y la caída del poder adquisitivo empujan a los hogares hacia los sectores más caros del mercado financiero. Quienes tienen mejores ingresos consiguen tasas bancarias más bajas; quienes están en una situación más vulnerable terminan pagando los intereses más altos.
Endeudarse para sobrevivir
El avance de la morosidad es presentado frecuentemente como la causa del problema, cuando en realidad constituye la última etapa de un proceso anterior. Primero se reduce el consumo. Después se utilizan los ahorros. Luego aparece la tarjeta, la billetera virtual o el préstamo personal. Finalmente, cuando la cuota compite con la comida, comienza el incumplimiento.
La educación financiera puede ayudar a comprender un contrato, pero no aumenta el salario ni reduce el precio de los alimentos. Tampoco puede existir una decisión informada cuando seis de cada diez empresas esconden o dificultan el acceso al costo real del préstamo.
El Estado debe exigir información visible, comparable y comprensible, controlar las prácticas abusivas y establecer mecanismos para impedir que la necesidad económica se convierta en una oportunidad de explotación.
Cuando el crédito sirve para comer y el costo anual puede acercarse al 1.000%, ya no funciona como una herramienta de inclusión. Funciona como una trampa: ofrece alivio durante unos días y se queda con los ingresos de los meses siguientes.


























