Pampa Energía consiguió que SACDE, vinculada al mismo grupo, compute dentro del 20% de proveedores nacionales exigido por el RIGI. Caputo autorizó la excepción y, en el mismo acto, habilitó importaciones con beneficios aduaneros. La libre competencia alcanzó su máxima expresión: un solo dueño, dos empresas y ningún riesgo de que gane otro.
El RIGI exige que los megaproyectos presenten un plan con al menos 20% de proveedores locales.
Ya era poco.
Pero aparentemente 20% de otro era una barbaridad.
Fértil Pampa, el vehículo de Pampa Energía para construir en Bahía Blanca una planta de urea y amoníaco por USD 2.693 millones, encontró una solución revolucionaria al compre argentino:
comprarse a sí misma.
La construcción quedó adjudicada al consorcio integrado por la italiana Tecnimont y SACDE.
¿SACDE?
Del mismo universo empresario.
La licitación debió ser apasionante.
—Abrimos las ofertas.
—¿Quién ganó?
—Nosotros.
—¿Contra quién?
—Otros.
—¿Y quién cobra?
—Nosotros.
—Viva la competencia, carajo.
Había solamente un inconveniente administrativo: Fértil Pampa reconoció ante Economía que SACDE era una “sociedad vinculada” y pidió una excepción para poder computarla dentro del porcentaje obligatorio de proveedores nacionales.
Es decir: hasta ellos encontraron el espejo.
Entonces apareció Luis Caputo.
El ministro analizó la situación y autorizó la excepción porque SACDE, según la justificación presentada y aceptada por Economía, era “la única empresa local capaz de satisfacer la demanda en las condiciones requeridas”.
Finalmente encontramos al argentino más competitivo.
Casualmente dormía dentro del holding.
El Estado libertario, enemigo de los privilegios y las excepciones, hizo lo que corresponde cuando una regulación incomoda a una gran inversión:
la corrió un poquito.
No es intervencionismo.
Es servicio de habitación.
Pero la resolución venía con postre.
Mientras una empresa vinculada puede ayudar a completar el casillero de “proveedor nacional”, Fértil Pampa también quedó habilitada para importar mercaderías con las franquicias aduaneras del RIGI.
Una maravilla de ingeniería económica.
Lo que puede comprar afuera:
beneficio para importar.
Lo que debe comprar acá:
llame a casa.
Y si algo no entra en el reglamento:
llame a Toto.
La industria argentina viene cuestionando precisamente ese 20% porque considera que resulta miserable frente a décadas de estabilidad fiscal y ventajas impositivas, cambiarias y aduaneras concedidas a estos proyectos.
Pero estaba mirando mal el vaso.
No es 20%.
Es 20% con autoconsumo.
La pyme nacional también puede participar.
Puede imprimir la resolución.
El proyecto, además, no es una bicicletería. Planea dos plantas de urea granulada de 3.000 toneladas diarias cada una, otra de amoníaco de 3.450 toneladas por día, utilizar gas de Vaca Muerta y ocupar unas 80 hectáreas en el Puerto de Bahía Blanca.
Argentina importa alrededor de 1,3 millones de toneladas de urea por año, por lo que producirla localmente puede tener enorme importancia económica.
Justamente por eso la pregunta sobre cuánto queda en la industria nacional no es decorativa.
El Estado entrega un régimen extraordinario para atraer casi USD 2.700 millones y pide a cambio una participación local mínima.
El capitalismo libertario respondió:
—¿Local de qué tan local estamos hablando?
Porque el viejo capitalismo de amigos tenía un defecto: necesitaba amigos.
Este es más eficiente.
El amigo sos vos.
No hay intermediarios.
No hay rosca innecesaria.
No hay que repartir demasiado.
Hasta la prebenda sufrió una desregulación.
Y el precedente puede ser espectacular. Cualquier conglomerado que tenga constructoras, firmas de ingeniería o empresas de servicios dentro de su propia estructura ya sabe cómo desarrollar proveedores argentinos:
desarrollándolos previamente a su nombre.
Después nos preguntamos por qué las pymes no crecen.
Quizás les falta algo de iniciativa.
Por ejemplo, ser propiedad de un multimillonario antes de presentarse a la licitación.
El RIGI había prometido grandes inversiones, empleo, exportaciones y derrame.
El proyecto de fertilizantes puede efectivamente aportar producción y sustituir importaciones.
Pero el derrame ya mostró su recorrido preliminar:
sale del Estado convertido en beneficios extraordinarios, entra al megaproyecto, encuentra el requisito de compre nacional y aterriza en una empresa vinculada.
Ni una gota fuera del balde.
La teoría económica argentina finalmente perfeccionó la teoría del derrame.
Antes había que esperar que la riqueza bajara.
Ahora no.
Mindlin puso otro Mindlin abajo.


























