El desplome en el uso de la tarjeta SUBE refleja el impacto de los tarifazos en el transporte público. Cada vez más pasajeros recurren a promociones de bancos y billeteras virtuales para afrontar viajes que ya demandan cerca de $120.000 mensuales.
La utilización de la tarjeta SUBE volvió a registrar una fuerte caída durante mayo y completó diez meses consecutivos de retrocesos interanuales, en una tendencia que refleja tanto el impacto de los aumentos tarifarios como el cambio en los hábitos de pago de millones de usuarios del transporte público. Mientras el costo de viajar continúa en ascenso, cada vez más pasajeros recurren a promociones de bancos y billeteras virtuales para aliviar el peso del transporte en sus ingresos.
Según el último Informe Mensual de Pagos Minoristas elaborado por el Banco Central (BCRA), durante mayo se realizaron 305,6 millones de viajes abonados con la tarjeta SUBE, lo que representó una caída del 15,9% respecto del mismo mes de 2025. Se trata de uno de los peores registros de la serie reciente y confirma una tendencia negativa que se mantiene prácticamente sin interrupciones desde mediados del año pasado.
Entre las mayores caídas registradas durante este período sobresalen enero de 2026, cuando los viajes abonados con SUBE retrocedieron un 18,4%; marzo de 2024, con una baja del 18,1%; diciembre de 2025, con una contracción del 16,4%; y mayo de este año, que volvió a ubicarse entre los descensos más pronunciados. El fenómeno coincide con una política de fuertes incrementos tarifarios aplicada desde el inicio de la actual gestión nacional, que llevó a que el costo del transporte en el Área Metropolitana de Buenos Aires acumule aumentos superiores al 1.000%.
La reducción en el uso de la tarjeta física no implica necesariamente que haya menos viajes. Buena parte de la explicación está vinculada al crecimiento de los nuevos medios de pago habilitados para el transporte público. Bancos y billeteras virtuales multiplicaron las promociones, descuentos y reintegros para captar usuarios, convirtiéndose en una alternativa cada vez más conveniente frente a la SUBE tradicional.
Los datos del Banco Central muestran esa transformación. Durante mayo se realizaron 24,7 millones de viajes abonados mediante códigos QR, por un monto cercano a los $29.800 millones. El 89,3% de esas operaciones correspondió a colectivos, mientras que el resto se registró en la red de subterráneos. La expansión de estas modalidades refleja un cambio en los hábitos de pago impulsado tanto por la innovación tecnológica como por la necesidad de reducir gastos en un contexto de fuerte pérdida del poder adquisitivo.
La presión sobre los bolsillos volverá a incrementarse desde el 1° de julio, cuando entren en vigencia nuevos aumentos para las líneas de colectivos que operan en el AMBA. Las tarifas administradas por la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia volverán a actualizarse un 4,3% mediante el mecanismo automático indexado por inflación.
Con este nuevo ajuste, el boleto mínimo en las líneas porteñas pasará a costar $822,18, mientras que en las líneas provinciales ascenderá a $1.059,28. Los recorridos de mayor distancia también sufrirán incrementos, llevando el gasto mensual en transporte para muchos trabajadores y estudiantes a valores cercanos a los $120.000.
En un escenario donde el transporte absorbe una porción cada vez mayor de los ingresos familiares, el retroceso del uso de la SUBE aparece como otro indicador del deterioro del consumo. La combinación de tarifas más altas, salarios rezagados y promociones financieras está modificando la forma de viajar de millones de usuarios, aunque el costo de trasladarse continúa creciendo muy por encima de la capacidad de pago de buena parte de la población.



























