El presidente argentino volvió a alinearse sin matices con la política exterior de Donald Trump y expresó su deseo de que Estados Unidos intervenga militarmente en Cuba, tal como —según su visión— ocurrió en Venezuela. Sus declaraciones reavivan el debate sobre la soberanía de los Estados y el rol de Argentina frente a los conflictos internacionales.
El presidente Javier Milei volvió a dejar en claro que su política exterior está completamente alineada con la estrategia geopolítica de Estados Unidos. Durante una entrevista en el podcast The Abundance Revolution, el mandatario argentino manifestó abiertamente su apoyo a una eventual intervención estadounidense en Cuba y elogió las acciones que Washington habría desarrollado en Venezuela tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro a comienzos de 2026.
«No tengo ninguna duda de que así como acabaron con el flagelo de Venezuela, van a acabar con el flagelo de Cuba», afirmó Milei al ser consultado sobre el futuro de la isla caribeña.
El jefe de Estado sostuvo que la actuación estadounidense en Venezuela fue «fabulosa» porque, según dijo, permitió cortar el financiamiento de organizaciones vinculadas al denominado «socialismo del siglo XXI» y, al mismo tiempo, privó a Cuba del respaldo económico que durante años recibió desde Caracas a través de la industria petrolera venezolana.
En ese contexto, Milei aseguró que el gobierno cubano atraviesa una situación de creciente debilidad y pronosticó su caída. «Creo que cuando Donald Trump y Marco Rubio entren a Cuba, van a poder entrar caminando», expresó, en una de las frases más controvertidas de la entrevista.
Las declaraciones representan uno de los respaldos más explícitos realizados por un jefe de Estado latinoamericano a la posibilidad de una intervención extranjera sobre otro país de la región. Tradicionalmente, la diplomacia argentina sostuvo el principio de no intervención y de respeto a la soberanía de los Estados, un eje histórico de su política exterior que hoy aparece desplazado por el alineamiento incondicional del Gobierno con Washington.
Milei también aprovechó la entrevista para elogiar al presidente estadounidense Donald Trump y al secretario de Estado Marco Rubio, a quienes calificó como dirigentes con una visión geopolítica «extraordinaria».
En el plano interno, el mandatario volvió a defender el rumbo económico de su gestión y aseguró que la economía argentina atraviesa un proceso de recuperación. Afirmó que «los argentinos quieren tener pesos y no dólares porque la moneda se fortaleció» y reiteró que la pobreza descendió hasta el 29%, asegurando además que cerca de 14 millones de personas dejaron de ser pobres durante su administración.
Según el Presidente, también se redujo significativamente la pobreza infantil y se produjo un cambio cultural en la relación entre la ciudadanía y la asistencia estatal. «Antes iban a pedir subsidios; hoy van a pedir trabajo», sostuvo al referirse a la gestión del Ministerio de Capital Humano.
Consultado sobre su futuro político, Milei aseguró que no tiene intención de permanecer indefinidamente en el poder. «O termino en 2027 o, si los argentinos quieren, en 2031. Después del 2031 acá a mí no me ven más», afirmó.
Una definición que trasciende las fronteras
Las declaraciones del presidente argentino no sólo profundizan el alineamiento de su gobierno con la administración republicana en Estados Unidos, sino que también introducen un elemento de fuerte tensión diplomática al respaldar públicamente la posibilidad de una intervención sobre otro Estado soberano. En una región cuya historia está marcada por golpes de Estado, ocupaciones militares e injerencias extranjeras, el apoyo de un presidente latinoamericano a una eventual acción militar contra Cuba constituye un posicionamiento de enorme impacto político y geopolítico que probablemente genere repercusiones tanto dentro como fuera del continente.



























