Funcionarios del gobierno de Lula ironizaron sobre el desempeño mediático de Pablo Quirno y lo calificaron como un «canciller improvisado». Mientras intentaba defender la pelea diplomática con Brasil y la ley de tierras, el ministro fue acumulando declaraciones que dejaron más preguntas que respuestas. En Itamaraty ya no discuten la política exterior argentina: discuten dónde estudió el canciller.
Hay profesiones donde improvisar puede tener cierto encanto.
Un guitarrista puede improvisar.
Un humorista puede improvisar.
Hasta un parrillero puede improvisar si se queda sin chimichurri.
Ahora bien…
Un canciller improvisando en medio de un conflicto diplomático ya pertenece al género de terror.
Pablo Quirno salió a defender la política exterior argentina con la misma tranquilidad con la que un hombre intenta apagar un incendio tirándole nafta.
Cada entrevista solucionaba menos problemas que la anterior.
Y eso ya era una marca registrada.
La misión era sencilla.
Explicar por qué Brasil retiró a su embajador.
Terminó explicando que un extranjero podría comprar un pueblo entero porque eso trae inversiones.
En ese momento, hasta los entrevistadores miraron la cámara buscando al director del programa.
Del otro lado de la frontera, en Brasilia, ya no sabían si responder diplomáticamente o llamar a Netflix para vender los derechos de la serie.
Funcionarios de Lula cuentan que siguieron el raid mediático entre risas, estupor y un leve sentimiento de solidaridad hacia la diplomacia argentina.
Según trascendió, uno de ellos comentó que al canciller «le hacen falta un par de clases en el ISEN».
Fue un comentario elegante.
En Buenos Aires algunos directamente proponían empezar por el abecedario.
La situación se volvió aún más pintoresca cuando Quirno intentó sostener la acusación de que Brasil había financiado una campaña contra la Argentina.
—¿Tiene pruebas?
Silencio.
Ese silencio fue, probablemente, el momento más sólido de toda la entrevista.
Porque al menos durante unos segundos nadie dijo nada difícil de explicar después.
El problema del Gobierno es que Quirno no estaba actuando solo.
Era la voz oficial.
Es decir, cada frase que pronunciaba dejaba de ser una opinión personal para transformarse en política exterior.
Una responsabilidad considerable para alguien que parecía descubrir las respuestas al mismo tiempo que formulaban las preguntas.
En Itamaraty comenzaron a preguntarse si el canciller argentino conocía el concepto de soberanía.
En la Casa Rosada, en cambio, todavía intentan recordar quién tuvo la brillante idea del «raid mediático».
Porque si el objetivo era bajar la tensión con Brasil, el operativo resultó tan exitoso como apagar un incendio forestal con un secador de pelo.
Lo más fascinante es que el Gobierno insiste en presentarse como una administración de expertos.
Expertos en economía.
Expertos en gestión.
Expertos en eficiencia.
Y, aparentemente, expertos en convertir un conflicto bilateral en un curso intensivo de relaciones internacionales… para principiantes.
Mientras tanto, en Brasil descubrieron una ventaja inesperada.
Cada vez que Milei o Quirno hablan, la campaña de Lula recibe una donación gratuita de argumentos.
Ni el Partido de los Trabajadores hubiera diseñado una estrategia de comunicación tan eficiente.
La oposición brasileña esperaba ayuda internacional.
Recibió a Javier Milei.
Hay diferencias.
También apareció un viejo diplomático argentino con una frase que resume el clima.
«En un país serio, un canciller ya habría renunciado.»
Es una observación interesante.
Porque en Argentina la palabra «renuncia» tiene un tratamiento parecido al del Yeti.
Muchos hablan de ella.
Pocos la han visto.
Mientras tanto, Quirno sigue recorriendo estudios de televisión con una confianza admirable.
Cada entrevista agrega una nueva capa al conflicto.
Ya no hace falta que Brasil convoque a su embajador.
Basta con prender la televisión argentina.
La diplomacia nacional logró algo que parecía imposible.
Convertir una conferencia de prensa en un deporte extremo.
Y dejar instalada una duda que cruza toda la región.
No sobre Lula.
No sobre Milei.
Sobre quién decidió que el hombre encargado de representar a la Argentina en el mundo saliera a improvisar frente a todos los micrófonos disponibles.
Porque al final del día, los cancilleres suelen representar a sus países.
Quirno, en cambio, terminó representando el método de selección de personal del Gobierno.



























