La visita presidencial abrió una crisis dentro de la DAIA. Dirigentes comunitarios apuntan contra Mauro Berenstein, a quien señalan como impulsor del encuentro, mientras Sholem Buenos Aires repudió el uso de la escuela como “tribuna de adoctrinamiento”. Milei habló de Marx, satanismo, capitalismo bíblico y pidió insultar periodistas. Faltó convertir el agua en motosierra.
La DAIA llevó a Javier Milei a la ORT para celebrar los 90 años de una de las instituciones educativas más importantes de la comunidad judía.
La fiesta terminó rápido.
El cumpleaños era de la ORT, pero las velas las sopló la reputación.
Según dirigentes comunitarios citados en la nota, fue la propia DAIA la que promovió la presencia presidencial y Mauro Berenstein habría impulsado el acto sin consultar a su comisión directiva.
Después Milei tomó el micrófono.
Karl Marx terminó relacionado con el satanismo, el capitalismo apareció inscripto en los Diez Mandamientos y los estudiantes recibieron la invitación presidencial a insultar periodistas.
Era una charla educativa: aprendieron en una tarde religión, economía y cómo perder amigos.
Berenstein defendió el encuentro y dijo que había sido “interesante”, porque Milei presentó ideas del libro que está escribiendo.
También es una manera de verlo.
El Titanic fue una experiencia interesante sobre flotabilidad.
Pero la propia comunidad empezó a pasar factura. Sholem Buenos Aires publicó un comunicado lapidario: “Las escuelas no son tribunas de adoctrinamiento”. Reivindicó la pluralidad, el pensamiento crítico y rechazó los discursos de odio.
Traducido del lenguaje institucional:
“¿Quién carajo le dio el micrófono?”
Además, un periodista anunció que retirará a su hija del curso de ingreso a ORT, aun después de haber pagado la primera cuota, y reclamó disculpas.
El acto consiguió así algo pedagógicamente extraordinario:
un Presidente entró a dar una clase y un padre terminó sacando a su hija.
Mientras tanto, dentro de la DAIA también circula la acusación de que Berenstein buscaría posicionarse para conseguir un cargo en el Gobierno.
Si era una entrevista laboral, el método fue arriesgado:
llevar al posible jefe a la escuela y esperar que no incendie el aula.
Milei se fue.
Sholem repudió.
La comunidad discute.
La DAIA busca responsables.
Y Marx, después de enterarse de que además de comunista ahora era satanista, debe estar agradeciendo llevar 143 años muerto.



























