Después de vender la épica de la «casta afuera», Karina Milei les pidió a los libertarios que dejen de insultar a los gobernadores porque ahora los necesita para sobrevivir. Al final, los únicos candidatos puros eran los discursos.
La revolución libertaria acaba de descubrir un problema inesperado: después de dos años gritando que iban a barrer con la casta, resulta que la casta era la única que sabía ganar elecciones.
Karina Milei reunió a su tropa para transmitir un mensaje profundamente conmovedor: «Dejen de joder a los gobernadores». Traducido al castellano político significa: hasta ayer eran chorros, feudales, delincuentes y responsables de todos los males de la República; hoy son socios estratégicos, patriotas provinciales y personas maravillosas a las que conviene abrazar antes de que se den vuelta.
La libertad avanza… pero con GPS prestado.
Durante meses vendieron la fantasía de que iban a pintar el mapa argentino de violeta con candidatos propios. Hoy el mapa sigue teniendo los mismos gobernadores de siempre y La Libertad Avanza anda recorriendo provincias preguntando si alguien les presta un candidato, una estructura o aunque sea un comité con techo.
La ironía es gloriosa. Los pocos libertarios que lograban medir un poco mejor fueron invitados cordialmente a bajar el volumen. Nadia Márquez en Neuquén. Emilia Orozco en Salta. La orden fue simple: no molesten a los gobernadores porque después hay que pedirles votos en el Congreso.
La motosierra también sirve para amputar ambiciones propias.
El gran proyecto político que prometía destruir la vieja política terminó alquilándole dirigentes al PRO, negociando con caudillos provinciales y llenando el gabinete de ex macristas. La renovación era tan profunda que terminó pareciéndose sospechosamente al reciclaje.
Mientras tanto, los militantes libertarios descubren la letra chica del contrato. Pasaron años puteando gobernadores en redes sociales para que ahora les expliquen que, en realidad, había que quererlos mucho porque son indispensables para gobernar. El manual cambió sin previo aviso. Los memes quedaron viejos antes que las remeras.
Lo más divertido es el argumento. Karina les pidió que dejaran de tratarlos de «chorros» y «narcos». Curiosa recomendación para un espacio político cuya principal actividad durante años consistió precisamente en llamar chorro a todo el mundo. Resulta que el problema nunca fue el insulto; el problema era que todavía no necesitaban esos votos.
La política libertaria terminó pareciéndose a ese vecino que durante años dice que jamás le pediría azúcar al de al lado… hasta que se queda sin café.
Y ahí aparece el verdadero problema del proyecto. Si en 2027 los candidatos siguen siendo prestados, los gobernadores siguen siendo ajenos y las estructuras siguen perteneciendo a otros partidos, el famoso cambio habrá consistido en reemplazar los nombres de los inquilinos, pero no los dueños del edificio.
Después de tanto discurso sobre terminar con la casta, la conclusión resulta devastadora.
No la eliminaron.
Le cambiaron el grupo de WhatsApp.



























