Los libertarios insistieron tres veces hasta imponer a Nahuel Piccoli Fortuny al frente de la Biblioteca del Congreso. Durante la reunión apareció una denuncia por violencia intrafamiliar, una restricción perimetral y su vínculo con la causa por afiliaciones presuntamente truchas de LLA en Río Negro. Igual lo votaron. Después, José Peluc y Enzo Fullone tuvieron que salir corriendo por Alsina perseguidos por trabajadores. Querían controlar una biblioteca y terminaron haciendo educación física.
La Libertad Avanza llegó para terminar con los ñoquis, los acomodos y la rosca.
Por eso, para elegir director de la Biblioteca del Congreso, encontraron un método revolucionario: poner al amigo del amigo y votar hasta que dé.
Primera votación: 6 a 6.
Segunda: tampoco alcanzaba.
¿Solución?
Tercera.
En el viejo régimen eso se llamaba no tener los votos. En la Argentina regenerada se llama democracia con botón “reintentar”.
La radical Mariana Juri dudaba. Durante la discusión se expusieron los antecedentes judiciales del candidato y la presión fue tal que, según la reconstrucción publicada, terminó yéndose al baño y una colega habría advertido que estaba llorando. Después cambió su voto.
La votación finalmente salió.
El sufragio secreto quedó para otra biblioteca.
El candidato era Nahuel Piccoli Fortuny, hombre cercano al senador Enzo Fullone y exapoderado del espacio de Lorena Villaverde en Río Negro.
Durante la reunión, diputadas opositoras exhibieron documentación sobre una denuncia por violencia intrafamiliar iniciada en 2023 y afirmaron que pesa sobre él una restricción perimetral.
Los libertarios escucharon los antecedentes y siguieron adelante.
Porque para conducir una biblioteca lo fundamental es respetar los límites.
Salvo los judiciales, reglamentarios y políticos, que ocupan demasiado espacio.
Piccoli Fortuny también aparece vinculado al escándalo por las afiliaciones presuntamente falsas de LLA en Río Negro. Según la información publicada, para conseguir la personería partidaria habrían terminado afiliados sin saberlo jubilados, docentes, integrantes de la Federación de Boxeo y hasta personas fallecidas.
Una proeza de participación ciudadana.
Perón afiliaba trabajadores. LLA habría conseguido entusiasmar hasta al cementerio.
El asunto sigue bajo discusión judicial, pero políticamente el currículum era extraordinario: denuncias, una perimetral, afiliaciones cuestionadas y vínculos personales con quienes impulsaban su llegada.
Frente a semejante expediente, los libertarios vieron lo mismo que cualquier empresa seria:
material de conducción.
Además, Piccoli Fortuny había sido socio de Fullone en la constructora RIU. Fullone después le cedió sus acciones y ahora participó políticamente del esquema que terminó ubicándolo al frente de la Biblioteca.
La casta hacía estas cosas de manera vulgar.
Le decía acomodo.
La nueva política lo hace con PowerPoint y cara de auditoría.
El cargo tampoco estaba abandonado. Lo ocupaba Alejandro Santa, un trabajador con 20 años de trayectoria, que según fuentes parlamentarias habría sido presionado hasta aceptar el retiro voluntario.
Veinte años de experiencia.
Una antigüedad inadmisible.
El mérito libertario consiste en llegar sin pasado laboral suficiente para que alguien pueda investigarlo durante dos décadas.
Pero detrás de la batalla por los libros asomó algo todavía más literario.
Fuentes parlamentarias señalaron que Martín y Lule Menem estarían interesados en el control de la bicameral y en las licitaciones de limpieza y seguridad de la Biblioteca. Sharif Menem habría seguido la jugada.
Qué familia comprometida con la lectura.
De todos los sectores posibles de una biblioteca, casualmente el interés político habría aterrizado cerca de donde están las cajas y los contratos.
Borges buscaba el libro infinito.
La política argentina sigue buscando la licitación eterna.
Finalmente llegó la tercera votación, Juri cambió su posición y los libertarios consiguieron imponer al candidato.
Victoria.
Peluc y Fullone podían retirarse satisfechos después de una jornada dedicada a renovar las instituciones.
El pequeño problema era retirarse.
Los trabajadores los esperaban en los pasillos.
Los legisladores aceleraron.
Salieron por Alsina.
Doblaron por Entre Ríos.
Atrás venían los empleados cantándoles “hijo de puta” y reclamando por la designación.
El mérito había triunfado y necesitaba una ventaja de veinte metros.
La imagen es casi demasiado perfecta para este país.
Un espacio político que se llama La Libertad Avanza consiguió imponer a su candidato después de tres votaciones y sus legisladores terminaron haciendo exactamente eso:
avanzando.
Rápido.
Sin mirar atrás.
Peluc y Fullone corrieron mientras los trabajadores los perseguían. No necesitaron custodia intelectual, referencias bibliográficas ni señaladores.
Necesitaron cardio.
Y quizá ahí esté la verdadera modernización del Congreso.
Durante décadas, la política argentina tuvo dirigentes que corrían detrás de los cargos.
Los libertarios consiguieron cerrar el círculo:
primero corrieron detrás del cargo, lo consiguieron y después tuvieron que correr con el cargo atrás.
La Biblioteca ya tiene nuevo director.
Los trabajadores, nuevos enemigos.
La política, el mismo método.
Y Peluc y Fullone, una marca personal.
La casta no se terminó: ahora hace los negociados con zapatillas por si hay que rajar.


























