El Presidente atribuyó a la oposición el aumento de las deudas impagas, aunque sostuvo que cada familia debe responder individualmente por los créditos que tomó. Mientras el BCRA registró una morosidad del 12,8% en las financiaciones familiares, Milei dejó abierta la elección de su compañero de fórmula a un acuerdo político para 2027.
El presidente Javier Milei volvió a colocar al kirchnerismo en el centro de su explicación sobre la crisis económica, esta vez para atribuirle el crecimiento récord de la morosidad familiar. Sin embargo, cuando debió responder qué hará el Estado ante los hogares que ya no pueden pagar sus créditos, trasladó toda la responsabilidad hacia los deudores y los bancos: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”.
La declaración fue realizada durante una entrevista con Luis Majul en LN+, después de conocerse el último Informe sobre Bancos del Banco Central. El documento oficial muestra que en mayo de 2026 el coeficiente de irregularidad de las financiaciones a las familias llegó al 12,8%, frente al 12,1% registrado en abril y el 4,5% de mayo de 2025. En apenas doce meses, el indicador aumentó 8,3 puntos porcentuales y alcanzó el nivel más alto de la serie histórica.
La cifra, sin embargo, requiere una precisión: no significa que el 12,8% de las familias argentinas esté en mora, como reprodujeron algunos medios, sino que ese porcentaje de la cartera bancaria destinada a los hogares se encuentra en situación irregular. Los préstamos personales presentan el deterioro más pronunciado, con una mora del 15,9%, mientras que las tarjetas de crédito se ubican por encima del 13%. El informe del BCRA también señala que la irregularidad del crédito a las empresas fue considerablemente menor: 3,5%.
La deuda es individual; la culpa, colectiva
Consultado sobre ese deterioro, Milei aseguró que se trata de “uno de los efectos colaterales de los ataques del kirchnerismo”. Según su interpretación, la incertidumbre generada antes de las elecciones legislativas de octubre de 2025, las leyes promovidas por la oposición y la posibilidad de un triunfo peronista habrían alterado las condiciones económicas y provocado el aumento de la mora.
Pero el argumento cambia de escala cuando aparece la pregunta por las soluciones. Para explicar la crisis, el Presidente habla de una conspiración política capaz de afectar al conjunto de la economía; para determinar quién debe asumir sus consecuencias, reduce el problema a una suma de decisiones individuales.
“La pregunta es: si yo tengo un acuerdo con alguien y por algún motivo una de las partes no está en condiciones de cumplir el acuerdo, ¿es correcto que yo le haga pagar eso a usted?”, planteó. Luego sostuvo que “obviamente” quien se endeuda tiene responsabilidad y preguntó si alguien había obligado a esas personas a tomar los créditos.
La construcción discursiva no es accidental. La metáfora de la “pistola en la cabeza” elimina del relato cualquier forma de coerción económica que no sea física y visible. Bajo esa lógica, endeudarse para comprar alimentos, pagar servicios, medicamentos, alquileres o gastos escolares aparece como una elección enteramente libre, equivalente a cualquier decisión de consumo.
Pero una deuda jurídicamente voluntaria no necesariamente surge de una situación material libre. Cuando los ingresos resultan insuficientes para cubrir necesidades elementales, el crédito deja de funcionar exclusivamente como una herramienta para anticipar consumo o realizar una inversión y comienza a ocupar el lugar del salario que falta. La ausencia de una amenaza física no elimina la presión de tener que comer, sostener una vivienda o comprar medicamentos.
Bancos protegidos y hogares librados a la refinanciación
Milei descartó un programa estatal de asistencia y definió la mora como “un problema entre privados”. La única intervención reconocida por el Gobierno consiste en alentar a los bancos a refinanciar las obligaciones.
Esa respuesta tampoco es neutral. Una refinanciación puede evitar temporalmente el incumplimiento, pero no elimina la deuda ni restablece por sí sola la capacidad de pago. Dependiendo de las tasas, los plazos y los cargos aplicados, incluso puede extender el problema y aumentar el monto final que deberá afrontar el deudor.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, había reconocido el desajuste entre las condiciones de los préstamos y la evolución de los ingresos. “Si estás prestando plata al 10% mensual y los sueldos crecen al 2%, lo más probable es que esta gente no te pague”, afirmó al explicar las conversaciones mantenidas con entidades financieras.
Esa observación contradice parcialmente el discurso presidencial de la responsabilidad exclusivamente individual. Si el Gobierno sabía que existía una brecha insostenible entre las tasas cobradas y el crecimiento de los salarios, el fenómeno no puede comprenderse únicamente como una acumulación de malas decisiones familiares. También involucra las condiciones crediticias, la política de ingresos, la regulación financiera y el rumbo macroeconómico.
El informe del Banco Central muestra, además, una asimetría relevante: mientras las familias exhiben una mora récord, el sistema financiero mantiene niveles elevados de liquidez, solvencia y cobertura. En mayo, las previsiones constituidas por los bancos cubrían el 86,3% de la cartera irregular. El riesgo social se concentra en los hogares; la capacidad institucional para absorber pérdidas permanece, principalmente, del lado de las entidades.
Una vicepresidencia abierta a la negociación
En paralelo con sus declaraciones económicas, Milei comenzó a ordenar el escenario electoral de 2027. El domingo había asegurado, en una entrevista con Diario Río Negro, que ya tenía definido a su compañero de fórmula, aunque se negó a revelar su identidad.
Un día después matizó esa afirmación. “Mi cabeza ya tiene definido eso, pero sucede que la política es dinámica”, dijo en Radio Mitre. Luego aclaró que posee “alternativas” y “un orden de preferencia”, y admitió que futuros acuerdos podrían modificar la decisión.
“Pueden ocurrir acuerdos y, en función de esos acuerdos, usted puede tomar una opción u otra”, explicó. Cuando le preguntaron si su primera alternativa era un hombre o una mujer, respondió que no se trataba de una sola persona, sino de “un conjunto de personas”.
Más que una simple rectificación, el cambio revela que la vicepresidencia será utilizada como una pieza de negociación para ampliar la base electoral de La Libertad Avanza. La fórmula presidencial puede convertirse en el instrumento para incorporar a un sector aliado, sellar un acuerdo con dirigentes externos al partido o contener las disputas internas del oficialismo.
Las versiones en torno a Patricia Bullrich se inscriben en esa disputa, aunque Milei evitó confirmarlas. La senadora representa una posible conexión entre el núcleo libertario y sectores del PRO, pero su eventual postulación dependerá del equilibrio entre los armadores de La Libertad Avanza, las alianzas provinciales y la relación de fuerzas que llegue viva a 2027. Por ahora, no existe una candidatura vicepresidencial oficialmente confirmada.
El enemigo como explicación permanente
Las dos intervenciones presidenciales —la económica y la electoral— comparten una misma lógica política. Milei presenta al kirchnerismo como una fuerza que continúa determinando la realidad aun después de casi tres años de gobierno libertario, pero simultáneamente procura ampliar su alianza para asegurar la reelección.
El adversario cumple una doble función: explica las consecuencias negativas de la economía y ayuda a cohesionar una coalición oficialista que todavía necesita extenderse. La morosidad deja de ser leída como un indicador del deterioro de los ingresos y se transforma en otra escena de la batalla contra “la casta”; la vicepresidencia deja de ser una definición cerrada y pasa a ofrecerse como puente hacia los sectores que puedan aportar votos, estructura o presencia territorial.
La pregunta que el Gobierno evita no es solamente por qué las personas tomaron deuda, sino qué ocurrió con sus ingresos para que ya no puedan pagarla. Tampoco alcanza con determinar quién firmó cada contrato: cuando el incumplimiento crece 8,3 puntos en un año y alcanza un récord histórico, el problema deja de ser una colección de conductas individuales y se convierte en un fenómeno económico y político.
Milei puede sostener que nadie puso una pistola sobre la cabeza de los deudores. El informe del Banco Central muestra algo menos cinematográfico, pero mucho más extendido: millones de hogares quedaron atrapados entre ingresos insuficientes, créditos caros y obligaciones que ya no consiguen sostener. Y frente a ese escenario, el Presidente eligió dos respuestas: para las familias, responsabilidad individual; para su continuidad en el poder, una alianza colectiva.


























