La abogada santiagueña volvió a la Argentina el 1° de abril. No venía de liberar presos políticos. No venía de luchar por ninguna causa justa. Venía de pagar una fianza de 18.500 dólares después de pasar más de dos meses detenida en Brasil por imitar a un mono y gritar «mono» a empleados de un bar en Ipanema. El gobierno de Javier Milei, ese que dice defender «la libertad», la recibió con honores. Patricia Bullrich fue a buscarla a Ezeiza, la abrazó, se sacó la foto. Javier Milei la recibió en la Rosada y sonrió para los medios. A los dos días, el padre de Agostina fue grabado en un bar de Santiago del Estero imitando a un mono. La misma mierda. La misma familia. El mismo gobierno que aplaude. Esta semana, el exnovio de Agostina la denunció por retención indebida de un auto. El caso Páez no es una tragedia. Es la foto de un gobierno racista y aparofóbico que usa el dolor ajeno para construir relato.
El gobierno de Javier Milei tiene una forma muy particular de entender la «libertad». La libertad de Agostina Páez para imitar a un mono en un bar de Ipanema y salir impune. La libertad de Patricia Bullrich para abrazar a una acusada por racismo y posar para los medios. La libertad de Javier Milei para recibir en la Rosada a una mujer que tendría que estar pidiendo disculpas, no festejando.
La heroína que no hizo nada
Agostina Páez no es una heroína. No liberó a nadie. No salvó ninguna vida. No resistió ninguna injusticia. Lo que hizo fue imitar a un mono y gritar «mono» a empleados de un bar en Ipanema. Eso es racismo. Eso es delito. Por eso la Justicia brasileña la detuvo. Por eso pasó más de dos meses presa. Por eso pagó una fianza de 18.500 dólares para recuperar la libertad provisional.
Pero el gobierno de Milei necesita héroes. Necesita víctimas. Necesita construir un relato de «persecución» donde no la hay. Por eso Bullrich fue a buscarla al aeropuerto. Por eso Milei la recibió en la Rosada. Por eso la usaron como bandera política. Porque Agostina Páez no es una heroína. Es una herramienta.

El homenaje del padre
A las 48 horas del regreso de Agostina, su padre, Mariano Páez, fue grabado en un bar de Santiago del Estero imitando a un mono. Rodeado de amigos, riéndose, jactándose de ser «empresario, millonario y usurero». El mismo gesto por el que su hija estuvo presa. La abogada de las víctimas en Brasil dijo: «No les enseñó absolutamente nada». La familia Páez aprendió poco y nada. Y el gobierno, otra vez, no dijo una palabra.
La denuncia del exnovio
El lunes 13 de abril, Agostina sumó un nuevo frente judicial. Su ex pareja, un profesional de la salud con quien mantuvo una relación de aproximadamente tres años, la denunció en La Banda por retención indebida y abuso de confianza. El motivo: un Citroën Cactus que él le habría prestado y que ella nunca devolvió. La siembra de Páez sigue dando frutos.
El gobierno racista y aparofóbico
El gobierno de Javier Milei es racista y aparofóbico. No por error. No por casualidad. Por decisión. Necesita un enemigo para construir su relato. Necesita que los blancos de clase media odien a los negros, a los pobres, a los villeros, a los inmigrantes. Necesita que la gente se odie entre sí para no mirar lo que hace el gobierno con la plata de todos.
Por eso aplaude a Agostina Páez. Por eso la recibe con honores. Por eso la convierte en heroína. Porque Agostina es blanca, es de clase media-alta, es abogada. Es la cara perfecta del racismo que este gobierno quiere instalar. El racismo de los que se creen superiores. El racismo de los que creen que imitar a un mono es un chiste. El racismo de los que creen que el pobre es pobre porque quiere.
Infonegro es un medio antirracista. Por eso señalamos cada gesto, cada abrazo, cada foto. Porque el racismo no se combate con silencios. Se combate condenándolo. Y este gobierno, lejos de condenarlo, lo ejerce.
Nos leemos pronto.



























