El gobernador cordobés prepara un amplio programa de infraestructura para las principales ciudades de la provincia, con Córdoba Capital como prioridad. El plan contempla viaductos, pavimentación, alumbrado y recuperación de espacios verdes, en medio de la preocupación oficialista por la baja valoración de la gestión municipal y su posible impacto en las elecciones de 2027.
Martín Llaryora decidió convertir la obra pública en una de las herramientas centrales de su estrategia para buscar la reelección como gobernador de Córdoba en 2027. El mandatario prepara una inversión provincial cercana a los $130.000 millones destinada a las principales ciudades, aunque el mayor despliegue estará concentrado en la capital, donde la administración de Daniel Passerini arrastra bajos niveles de aprobación.
El diagnóstico dentro del oficialismo es directo: una mala elección en Córdoba Capital podría comprometer seriamente las aspiraciones provinciales de Llaryora. La ciudad concentra una parte decisiva del padrón y es, además, el territorio donde el gobernador construyó buena parte de su capital político durante su paso por la intendencia.
Por eso, el plan busca recuperar una presencia visible del Estado provincial en cuestiones que afectan de manera cotidiana a los vecinos: calles deterioradas, iluminación, tránsito, mantenimiento urbano y espacios públicos.
“Llaryora entiende que Córdoba no está como cuando él era intendente y la ciudad será la que más reciba esos fondos. Hay que levantar la imagen en la capital para lograr la reelección”, reconoció un funcionario al tanto de la estrategia.
Viaductos, asfalto y espacios verdes
La inversión prevista incluye la construcción de dos grandes viaductos elevados, uno inaugurado recientemente y otro todavía en ejecución. A esas obras se sumarán trabajos de pavimentación, bacheo, alumbrado público y recuperación de parques y plazas.
La intención es replicar en las grandes ciudades cordobesas la lógica municipal que Llaryora aplicó cuando gobernó la capital: concentrarse en servicios básicos de alta visibilidad y rápida percepción social.
Dentro del equipo provincial sostienen que el gobernador conserva una mirada de intendente y considera que el alumbrado, el estado de las calles y los espacios verdes deben funcionar como el piso mínimo de cualquier administración.
Aunque Córdoba Capital será la principal beneficiaria, el programa también alcanzará a Río Cuarto, San Francisco, Villa María y Alta Gracia, además de otros municipios que mantengan una relación de cooperación con la Provincia.
El reparto no quedará restringido a localidades gobernadas por el peronismo. Desde el llaryorismo aseguran que también podrán recibir fondos ciudades administradas por otros espacios políticos, siempre que exista coordinación con sus intendentes.
La gestión de Passerini, el punto débil
La preocupación por la capital no es nueva. Dentro del gobierno provincial observan desde hace meses que la gestión de Daniel Passerini no logra mejorar sus niveles de aceptación y temen que ese desgaste termine arrastrando al propio Llaryora.
El vínculo entre ambos atravesó momentos de tensión. Desde los dos sectores reconocen que existieron reproches cruzados y una disputa soterrada por las responsabilidades en el deterioro de la imagen municipal.
En las últimas semanas, sin embargo, la relación ingresó en una etapa de mayor coordinación.
“Hubo una propagación de las diferencias de ambos lados que no le sirvió a nadie. Lo mejor fue entender que el objetivo es uno solo”, explicó un funcionario provincial.
Ese objetivo es la continuidad del peronismo cordobés en el poder. Para conseguirlo, Llaryora necesita recuperar votos en la capital y evitar que la discusión sobre la sucesión municipal profundice las fracturas internas.
El desafío no se limita a mejorar la relación con Passerini. El gobernador también debe reconstruir vínculos con la dirigencia del PJ capitalino, atravesada por la competencia para definir quién será el próximo candidato a intendente.
Obra pública para diferenciarse de Milei
El plan también busca marcar una diferencia con Javier Milei sin romper la negociación política que Córdoba mantiene con la Casa Rosada.
Mientras el Gobierno nacional redujo drásticamente el financiamiento de infraestructura y dejó a numerosos municipios sin transferencias, Llaryora pretende mostrar una administración provincial capaz de sostener inversiones y asistir a las ciudades.
La estrategia es delicada. El gobernador busca conservar una relación pragmática con la Nación, conseguir recursos y acompañar algunas iniciativas parlamentarias, pero sin quedar identificado plenamente con el ajuste libertario.
La obra pública aparece como el instrumento ideal para esa diferenciación: permite mostrar una presencia estatal activa sin necesidad de confrontar abiertamente con Milei.
En el entorno provincial saben que varias ciudades están al límite por la interrupción de fondos nacionales. Cubrir parte de ese vacío le permitirá al gobernador fortalecer la relación con los intendentes y construir una red territorial propia de cara a 2027.
Todo subordinado a la reelección
Dentro del peronismo cordobés existe una convicción cada vez más extendida: el proyecto político provincial depende casi por completo de que Llaryora consiga otro mandato.
“No hay nada si no existe Llaryora 2027. En otras palabras: en Córdoba, el peronismo se acaba por un buen tiempo si se termina Llaryora”, resumió una persona cercana al gobernador.
La frase expone el nivel de concentración política que alcanzó el mandatario dentro del oficialismo. La gestión provincial, la relación con los intendentes, la negociación con la Nación y hasta la interna de la capital están siendo ordenadas alrededor del mismo objetivo electoral.
El programa de $130.000 millones debe leerse dentro de esa estrategia. No todo el dinero irá a Córdoba Capital, pero la ciudad será la principal vidriera y el territorio donde el gobernador necesita producir el cambio más visible.
El ruido con Alejandra Vigo
En medio del intento de alinear al peronismo cordobés, la senadora Alejandra Vigo volvió a marcar una diferencia con el llaryorismo. La esposa del exgobernador Juan Schiaretti anticipó su rechazo al proyecto nacional que flexibiliza la venta de tierras a extranjeros.
Su posición incomodó al entorno de Llaryora porque el voto de Vigo es relevante para las negociaciones entre Córdoba y la Casa Rosada. El gobernador busca mejorar el vínculo con el Gobierno nacional, mientras la senadora decidió mantener una postura histórica de defensa de las restricciones sobre territorios estratégicos.
Desde el llaryorismo evitaron confrontarla públicamente y reconocieron que su posición es coherente con lo que sostuvo anteriormente. Sin embargo, la decisión volvió a mostrar que el oficialismo provincial todavía no funciona como un bloque completamente alineado.
Mientras resuelve esas tensiones, Llaryora apuesta a una receta conocida: obras, presencia territorial y recursos para los municipios. El gobernador fue intendente, conoce el peso electoral de cada bache y sabe que en Córdoba Capital no alcanza con hablar de 2027.
Para asegurarse la reelección, primero necesita que la ciudad vuelva a mostrar señales concretas de gestión.



























