El nuevo vocero presidencial contó que fue Santiago Caputo quien persuadió a Javier Milei de disputar la Casa Rosada porque conquistar la Ciudad era más difícil. Al final, parece que el verdadero «arquitecto del milagro» no daba entrevistas: daba instrucciones.
Las internas libertarias son como esas familias que juran llevarse bárbaro hasta que uno habla de la herencia. Adrián Ravier, flamante vocero presidencial, quiso elogiar a todos y terminó dejando una bomba política en el living de la Casa Rosada: según contó, Javier Milei casi se conformaba con pelear la Ciudad de Buenos Aires, pero Santiago Caputo lo convenció de apuntar directamente a la Presidencia porque, según el estratega, era más fácil ganar el país que ganarle a los porteños.
La confesión no es un detalle menor. Mientras el relato oficial repite que Milei fue una fuerza imparable guiada únicamente por sus convicciones, el nuevo vocero contó que hubo un asesor que agarró el GPS, recalculó la ruta y le dijo: «Olvidate de la Ciudad, andá por Balcarce 50». O sea, el león rugía, pero alguien le marcaba hacia dónde correr.
Ravier intentó navegar la delicada interna oficialista con la elegancia de un elefante en una cristalería. Dijo que no le gusta hablar de disputas de poder, pero acto seguido presentó a Santiago Caputo como el estratega que convenció a Milei de ser candidato presidencial y como el hombre que le recomendó no moderarse cuando todos le pedían bajar un cambio. Traducido al castellano político: si Milei es el producto, Caputo aparece como el creativo de la campaña.
Para equilibrar semejante piropo, también repartió flores para Karina Milei y la definió como la responsable del armado político. Una descripción que, lejos de apagar el incendio, terminó dibujando el organigrama que todos niegan pero nadie desmiente: uno piensa, otra manda y el Presidente firma. Una especie de empresa familiar donde el gerente general se entera de algunas decisiones cuando ya están publicadas en el Boletín Oficial.
Como si no alcanzara con semejante sincericidio, Ravier también protagonizó otro momento incómodo al intentar defender a Manuel Adorni. Luis Majul le recordó que el exjefe de Gabinete le había asegurado públicamente que presentaría documentación para justificar su patrimonio y nunca lo hizo. El nuevo vocero respondió con una sonrisa confiada, pero el argumento se le derrumbó más rápido que un PowerPoint sin respaldo. Terminó admitiendo que la imagen de Adorni cayó porque «la opinión pública no le creyó», una forma bastante elegante de confirmar que el problema no era el mensajero sino el mensaje.
Mientras tanto, la interna sigue escribiendo capítulos. Santiago Caputo conserva influencia, Karina controla la lapicera, los Menem administran el territorio y ahora aparece un vocero que, en apenas una entrevista, reveló más sobre el funcionamiento del poder que varios meses de conferencias oficiales.
Al final, el famoso «triángulo de hierro» no era tan de hierro.
Era más bien un grupo de WhatsApp donde todos dicen que decide Milei… mientras alguien más escribe el mensaje antes de que él apriete «enviar».



























