La vicepresidenta habló de producción, infraestructura, consumo y mejores sueldos. El legislador libertario Juan Ignacio Fernández respondió que es un “cadáver político in the making”. La discusión económica duró poco: al primer pedido de aumento, el oficialismo pasó de Hacienda a Cochería Paraná.
Victoria Villarruel fue a la Rural de Chivilcoy y cometió una imprudencia incompatible con los tiempos que corren: pronunció la palabra “salario” sin acompañarla de “no hay plata”.
Pidió mejores ingresos, inversión productiva, infraestructura y una reforma tributaria.
Desde La Libertad Avanza analizaron cuidadosamente la propuesta.
—¿Mejorar salarios?
—Sí.
—¿Infraestructura?
—También.
—¿Producción?
—Exactamente.
—Preparen el cuerpo.
Juan Ignacio Fernández, legislador porteño de LLA, diagnosticó que Villarruel es un “cadáver político in the making” y agregó que sin Milei “no existe”.
La medicina libertaria avanzó muchísimo: antes de tomarte el pulso ya te hicieron el velorio.
Lo curioso es que el cadáver habla, preside el Senado, recorre el país y empieza a marcar diferencias con el Gobierno.
Una muerta bastante rompehuevos.
Si sigue así, para 2027 van a tener que enterrarla con custodia.
Porque Fernández no discutió si las propuestas de Villarruel eran viables. No presentó números. No explicó de dónde sacar recursos.
Fue más práctico:
la declaró fallecida.
Es la nueva metodología para cerrar discusiones económicas.
¿El salario alcanza?
Cadáver.
¿Cayó el consumo?
Traidor.
¿Hace falta infraestructura?
Comunista.
¿Podemos debatirlo?
Cajón abierto o cerrado.
Fernández además acusó a Villarruel de “traicionar” a Milei.
Ahí quedó clara la estructura institucional de La Libertad Avanza: Presidente, Vicepresidente y Judas.
La Constitución no lo dice porque Alberdi no tenía Twitter.
Pero el verdadero problema está en 2027.
Si Villarruel fuera realmente irrelevante, el oficialismo podría hacer algo revolucionario:
ignorarla.
En cambio, cada vez que habla aparece alguien a certificar que políticamente está muerta.
Es raro.
Nadie organiza semejante operativo para comprobar que un cadáver sigue muerto.
Salvo que estén escuchando golpes desde adentro del cajón.
Además, Villarruel eligió un escenario particularmente molesto: el campo.
No apareció abrazando una estatua de Lenin.
Habló frente a productores de competitividad, exportaciones, tecnología, trabajo y familia.
Hasta ahí, Milei podía ponerle cinco estrellas.
Después dijo “mejores salarios”.
Y se cortó la luz de la sala velatoria.
La pelea ya tiene poco de discusión ideológica y bastante de sucesión anticipada. Villarruel intenta construir una identidad propia; el mileísmo pretende demostrar que fuera de Milei no hay vida.
Una doctrina política sencilla:
Milei es el mercado y todos los demás son bienes perecederos.
Lo extraordinario es que esta autopsia nacional salió desde la Legislatura porteña.
Fernández ocupa una banca de la Ciudad, pero encontró una urgencia mayor que transporte, vivienda o seguridad:
confirmar que la vicepresidenta todavía está muerta.
Finalmente apareció un servicio público que funciona rápido.
Villarruel pidió mejores salarios el fin de semana y para el lunes ya tenía diagnóstico, certificado y servicio de sepelio.
Ahora falta un pequeño trámite.
Las elecciones.
Porque si la vicepresidenta efectivamente llega a 2027 con candidatura propia, alguien tendrá que llamar nuevamente a la funeraria.
Pero esta vez para preguntar si aceptan devoluciones.


























